Testamento

“La mente es como un paracaídas…
no sirve de nada sino se abre”

Para escribir, el infinito,
Cabe en una hoja de papel
Entre el ruido y la prisa, el día
O, la noche
¡no son culpables
De cifrar mis sentimientos!
Tampoco,  lo es el invierno, ni el verano;
¡
Son las musas! Si, son ellas  que llegan
De repente
¡Como luciérnagas! Fugaces,

En forma de seráficas siluetas,
Trayendo en sus alas de luz,
La mejor frase del verso cadencioso

O, el trozo inconcluso de la glosa,

Que faltaba, para terminar mi mejor escrito.

No sé,
Si mis escritos son producto del horror,

O, de momentos amenos.

Si me los inspira Dios,

O, el pertinaz desconcierto,

De morar en un mundo sin fe,
Muriendo silencioso, sin esperanza

A espaldas de Dios.

No sé,
Si mis escritos son vivencias del pasado

O, efímeros sueños del presente.

Si a plenitud con ellos, estoy volviendo a nacer,

O, son las postrimerías de mi existencia,

Que llegan,  con los años irreverentes,
A quedarse conmigo
hasta mi muerte.

No sé,
Si mis escritos son producto de mi locuaz imaginación,

O, la repetición de frases que recepto, cuando vivo y leo.

Si me los inspira Eros
Dios del amor,
O, seres legendarios que en mis sueños habitan,

Y  airosos por los cielos de fantasía se remontan,

Como el  imponente dragón,
Botando
fuego en forma de lenguas
Por su incandescente garganta.

No sé
Si  en mis escritos se hallan ocultos,
Fantasmas de antiguas generaciones.

O, son simplemente la piedra

Afilada de pedernal, que con dificultad esculpe,
En la dura corteza de un roble,

Un corazón, atravesado con una flecha
Y  junto a él, con letras grandes

Las iníciales  de mi  primer amor.

No sé
O, tal vez si sé, que cuando llegue
Mi momento, de sucumbir en el tiempo,

Mis allegados en su profundo dolor,

Escriban sobre la fría loza

De mi epitafio postrero,

Las siguientes palabras:

Aquí yacen de un cantor, sus  restos;
Fruto del silencio, la oración;

De la fe, del amor y del servicio.

Que en el fortuito cambiar de los tiempos;
A  la consumación de los siglos,
Espera resurgir  en Dios de las cenizas,
Como
el ave Fénix,
Desde su póstuma morada.

Su pensamiento no fue un exorcismo,
Ni un encantamiento.
Revelador y profundo,
Fue el relato de la historia
Escrita  con orgullo de poeta,
Por alias
látigo negro,
Como aporte a la humanidad.
Soñador
absoluto ¡Descanse en paz!...
No hay nada más que añadir (al menos hoy...)

Amén.

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