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"Era una noche bochornosa, una noche más en aquel ardiente y asfixiante desierto. El grupo se alistaba. Era el día decisivo. Aquél en que cambiarían los papeles."

"El calor agobiaba. Poco a poco, y uno por uno, fuimos saliendo los miembros del grupo revolucionario"

"Del interior de una cueva sacamos nuestras armas y, en silencio, comenzamos a avanzar hacia la aldea que nos había visto crecer, y que ahora nos vería como sus hijos pródigos, luchando por tan ansiada libertad. Libertad que el pueblo necesitaba desde que aquel despótico y cruel militar había subido al poder. Era el momento de saldar cuentas con esos asesinos y demostrarles que preferíamos morir de pie antes que vivir arrodillados ante su régimen."

"Recogimos todas las tiendas, repasamos por última vez el trabajo que debía hacer cada uno de nosotros y por último elevamos una pequeña plegaria en honor a todos aquellos compañeros que habían caído con la mano empuñada, gritando libertad. Sabíamos que estabamos arriesgando todo y que después de ésto, no habría una segunda oportunidad."

"Nos pusimos en marcha poco antes de medianoche. Conocíamos bien el camino, incluso sin antorchas. La única luz que nos guiaba era el brillo titilante de las estrellas."

"Una vez divisamos la aldea, nos dividimos como habíamos acordado. De forma instantánea debíamos ingresar en el poblado, pasar desapercibidos en el gran festín que se había organizado esa noche, y una vez dentro alcanzar nuestro mayor objetivo: matar al viejo dictador, a su hijo primogénito y su prometida."

"Eramos aproximadamente cuarenta personas las que veníamos a llevar a cabo esta honorífica misión. Nos alistamos de la forma prevista y esperamos el gran momento : el dictador presidiría el matrimonio de su hijo y después, con gran solemnidad, entregaría el báculo de poder a su primogénito, como muestra de que sería el nuevo gobernante."

"Mientras tanto, cada punto estratégico fue cubierto por uno de nosotros. Sabíamos que pocos íbamos a sobrevivir, pero que el pueblo, al ver morir a su dictador con su hijo, despertaría de ese letargo en el que se encontraba desde hacía tiempo atrás."

"El calor humano nos invadía cada vez más. Y el momento se acercaba poco a poco. Con un gran despliegue de luces de colores comenzó el acto de matrimonio. Los tiradores estaban en posición. La gente, excitada, no hacía sino gritar eufóricamente. Y en el altar estaban ellos. Los tres objetivos que veníamos a destruir."

"El matrimonio se llevó a cabo sin sobresaltos. Los segundos pasaban; el sudor bajaba suavemente por nuestras frentes. Cada vez faltaba menos."


"Y el Momento llegó. El dictador, haciendo un gran esfuerzo para levantarse de su trono, caminó hacia su primogénito, llevando en su mano derecha una hoja de papel escrita y, en su mano izquierda, el báculo de poder. El padre abrazó a su hijo. Los tiradores apuntaban. Su hijo, con ambiciosos ojos, recibió el báculo de poder. El dedo sudoroso acariciaba el gatillo."

"De repente, hubo oscuridad. Se escucharon disparos. Sentí como un proyectil atravesaba mi pierna derecha. Un dolor que fue desde el centro de mi muslo hasta la punta de mi alma."

"Hubo luz de nuevo. Levanté la cabeza y divisé el altar. Allí se encontraban los cadáveres del dictador y la prometida. Mientras que el primogénito, con una pequeña pistola en su mano derecha, y el báculo del poder en su mano izquierda, gritaba, proclamándose como autoridad absoluta del lugar. Pero lo que el nuevo dictador no notó, fue la sangre que brotaba de su pecho. Corrí como pude hacia él y subí con mucha dificultad a la tarima. Vi de cerca cómo, aquel momentáneo mandatario, se desplomaba, sin vida."

"Y entonces sucedió. Tomé el báculo de poder, y me proclamé como nuevo gobernador. En ese instante, los primeros rayos de luz se asomaron tímidamente; y un silencio espectral se apoderó del público."

"Fue en ese momento cuando un gran discurso expuse, lleno de sentimientos de igualdad, justicia, tolerancia. Lleno de lo que le gusta oír a la gente. Y mi figura herida generó lástima, pero a la vez admiración. Vi cómo, poco a poco, toda la gente asentía y me daba la razón"


"Bueno hijo, esta es mi humilde historia. Me faltaría contarte cómo he mantenido todo mi poder desde esos lejanos tiempos. Sólo te adelanto algunos trucos: dile al pueblo lo que quiere escuchar; se sentimental, pero nunca blando; se estricto, demuestra tu ira y lo más importante, utilízalos como lo que son, simples corderos sin voluntad ni memoria propia; explótalos, pero genera convicción en ellos; haz que te sirvan pero que nunca se sientan como seres serviles."

"En pocas palabras, engáñalos; aprovecha su débil mente y hazte grande a costa de ellos."

"Y si quieres que tu éxito y poder se mantenga durante varias generaciones, haz lo que muchos hemos hecho: invéntales un dios, que sea cruel y generoso, estricto y justo, hermoso y omnipresente, poderoso y perfecto."

"E inventa también que tú eres su enviado. Juega con sus miedos, y logra ser imprescindible para ellos, como una gran madre con sus desprotegidos hijos."

"Este es, pues, mi más valioso legado, hijo. Espero leas esta humilde hoja que te he escrito y que disfrutes inteligentemente la posesión del báculo de poder, que durante tanto tiempo has anhelado."


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