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¡No! Gritó Agustina, su cuerpo se agitaba por la respiración desesperada, sus puños cerrados y enrojecidos por la ira mostraban que ella estaría mejor ahora pero en sus ojos había un brillo, un sentimiento, algo confuso que Camilo no lograba descifrar.

Cristian llego a Michoacán desde la ciudad en un intento de cambiar lo que era, necesitaba aclarar su mente y para eso debía calmar sus deseos; conoció a Agustina en el mercado, mientras hacían las compras, distraídamente tomaron el mismo durazno, Cristian la miro y decidió que seria su incorrecta salvación; su delgada figura, la dulce mirada y un sutil toque de perversión fue lo que vio en ella - soy Cristian vengo del Distrito, llegue apenas anoche y es agradable conocer a alguien con una sonrisa tan amistosa.

Agustina solo había sonreído por la equivocación del durazno pero esa voz y esa mirada hicieron que su corazón latiera rápido y un deseo de aventura nació en su cuerpo, por eso volvió el lunes siguiente y el siguiente y enseño a Cristian con lujo de detalles los caminos y los horarios que seguía; los días que Agustina y Cristian no se veían, Cris la seguía sin que se diera cuenta, varias veces la vio con un hombre, se acariciaban plácidamente pero Agustina no mostraba lujuria o deseo, en una ocasión Agustina noto su presencia, se sorprendió y por un segundo sintió pena pero al ver la mirada de Cristian entendió que no tenia por que detenerse, había complicidad. Camilo termino pronto como era su costumbre, se vistió y se marcho, Cristian se sentó junto a Agustina, sabia que no estaba satisfecha -si fueras mi novia no tendrías esos problemas- dijo Cristian, el comentario desconcertó a Agustina pero después soltó una carcajada que hizo volar a los pajaritos.

Camilo regreso algunos minutos después, -olvide mi cinturón - Agustina hizo las presentaciones correspondientes y los tres caminaron hacia su casa.

La familia de Agustina acepto muy bien la amistad con Cristian, pasaba mucho tiempo en su casa, salían de paseo, sobre todo a una cascada que quedaba a veinte minutos del lugar, ahí fue donde un día sin aviso Cristian poso sus labios suavemente sobre los de Agustina mientras su brazo derecho la estrechaba con fuerza para que no se le escapara, Agustina no lo quería pero cerro lo ojos a esa nueva experiencia, abruptamente los abrió cuando la voz de Camilo comenzó a llamarla, se apartó de Cristian, confundida y poco molesta. Fue al encuentro de Camilo con el rostro aún encendido.

Esa tarde Agustina no pudo sacar de su mente aquel beso, mientras Camilo la acariciaba ella solo pensaba en Cristian, en que ese beso había logrado mas en ella que cualquier caricia que un hombre le hubiera hecho antes –cásate con migo- las palabras de Camilo la dejaron sin respiración –¡eso de casarse ni se usa!- fue lo único que pudo responder y se marchó, Camilo la siguió –bueno si no quieres no nos casamos pero vente a vivir conmigo- lo siento Camilo, esto se acabo no quiero verte mas- El hombre quedo mudo entre los árboles.

En la mañana Cristian fue a buscar a Agustina y ella, como si nada hubiera sucedido continuo con sus salidas, una de tantas noches la besó de nuevo, sin esperar respuesta comenzó a acariciarla Agustina le dio una cachetada y se fue, Cristian escucho un ruido, buscó en la oscuridad y entre los árboles vio la figura de Camilo, temió que el fuera a portarse agresivo y no tuvo valor para acercarse, se dio vuelta con miedo y alcanzo a Agustina.

Cristian astutamente se había alejado después de aquel beso, no aparecía en el mercado, en el bosque o en la cascada, cada vez mas confundida y llena de deseo Agustina decidió ir a buscar a Cristian una noche a donde le había dicho que rentaba, las luces estaban apagadas pero la puerta estaba entre abierta, Agustina estaba temblando por los nervios y el miedo, pero el deseo era mayor, la curiosidad de aquella experiencia la obligo a entrar; sobre el buró, junto a la cama había una vela que mostraba el cuerpo de Cristian si prenda alguna tendida entre las sabanas mientras saboreaba un durazno, las miradas se cruzaron, Agustina nerviosa se dio la vuelta y corrió de regreso a su casa, sintiendo que una mirada la seguía en la oscuridad.

Una semana después Agustina fue al mercado como todos los lunes pero no regreso a su casa.

Su familia inicio la búsqueda por el pueblo, Cristian estuvo con ellos todo el tiempo llevándolos a los lugares que visitaban pero no encontraron nada, las mujeres decían que Camilo se la había robado, lo buscaron pero tampoco apareció. Era un pueblo pequeño por eso la búsqueda duro poco, a la semana Cristian estaba de regreso en la ciudad…

--Tienes la casa hecha una porquería, ¿que no te enseñaron a ser limpia?, si por eso te traje, para que me laves, me planches y me cocines, además estas hecha una mugre, si te compré dos vestidos es para que los uses, no quiero que mis amigas me vean con una mujer sucia.

Así pasaron los días de Agustina, al recordar aquella figura con pantalones entallados y camisas a cuadros hacia que su excitación se desbordara y lograba hacer los regaños mas llevaderos, aunque ahora solo escuchara la voz femenina de un macho.

Poco a poco se fue acostumbrando, no le costaba nada tener la casa limpia, oliendo a durazno como quería Cristian; a diario solo esperaba la noche para ver como Cristian se desprendía de la ropa, y poder sentir su cuerpo cálido abrazarla, disfrutaba esos días como si fueran únicos por que si a Cristian o algo no le había salido bien en el día se desquitaba con ella y el sexo no era tan placentero.

Cuando Agustina se sintió mas en confianza le reclamo a Cristian el trato –estoy harta de que me trates así, de que me golpees cuando algo no te gusta, de que me humilles –

-hay chiquita yo te quiero, lo que sucede es que no entiendes tener la casa limpia no es tan pesado como lo que hago, además no estas acostumbrada a la ciudad, si tu salieras te aseguro que regresarías como yo y yo que te amo tanto soportaría cualquier cosa para que estuvieras bien pero si eso te molesta lo haré menos-

Agustina lo creía por que se lo decía sonriendo, y acariciando su mejilla con ternura.

Un día a Agustina se le ocurrió ir a dar una vuelta aun cuando tenia prohibido salir, al doblar en la esquina vio como Cristian besaba a un hombre, sus puños se cerraron y sus uñas se comenzaron a enterrar en su piel, regreso rápido a la casa, furiosa llamo a sus hermanos y les pidió que fueran por ella, sentía rabia, odio, tenia ganas de matarla, recordó las peleas que tenían al principio, como Cristian la golpeaba si no se arreglaba, como le repetía en cada pleito que nunca le iba a ganar pero cuando la vio entrar su coraje se desvaneció

--Ya llegue chiquita, me voy a dar un baño. Dijo acariciándole la mejilla –

Agustina sintió aquel temblor en las piernas, como cuando recibió aquel beso en el pueblo y por el olvido todo, sirvió la cena, se rió con los chistes de Cristian, y se mojo imaginando las deliciosas caricias que le esperaban al terminar la cena.

-Ahora se por que te gusta tanto el durazno, es por que tienes el mismo color del durazno, tu piel es aterciopelada y cuando te abres veo un color de semilla tan rojo como la de un durazno maduro- Cristian abrazo a Agustina por fin había encontrado lo que buscaba.

Cristian despertó por un ruido y al incorporarse y abrir los ojos vio un arma frente a ella, gritó al tiempo que Camilo jalaba el gatillo, Agustina despertó por ese grito y solo pudo gritar un ¡no! Largo y desesperado mientras sus ojos comenzaban a derramar lagrimas

--¡Que no era eso lo que querías, que no querías ver el cadáver de esa mujer que te robo, que no para eso llamaste a tu casa!

Agustina miro por última vez a la que fuera su amante, sus manos se abrieron lentamente, la miro por un largo tiempo, intentaba entender, y el brillo de sus ojos crecía conforme pasaban los segundos, se acostó junto a ella y susurro a su oído una corta despedida mientras creía percibir que la casa se inundaba con el aroma del durazno –no te preocupes, regresare al pueblo y traeré a alguna chica que sepa tener la casa como a ti te gustaba, se levanto llamó a la policía y cuando todo termino fue al pueblo a cumplir esa promesa pero sobre todo regreso allá en un intento de cambiar lo que era, para aclarar su mente y calmar sus deseos y mas aun para mantener en su mirada aquel brillo que le mostraba a Cristian que ella había ganado después de todo.

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