_ Pero...
Frank no supo que contestar. Se sintió engañado. Miró al ‘Chapo’ lleno de odio e intentó decir algo pero no encontró palabras.
_ ¡ Dame esos ochenta y cinco, estúpido! _ replicó el ‘Chapo’ después de un corto silencio _ Y desaparece de aquí. No quiero volver a verte, hermano, ¿ ok ?. Y si os trincan, el ‘Chapo’ no existe, ¿ me oís, basura ?. No me conocéis, jamás habéis estado aquí, ¿ de acuerdo...?. Largaos ya.
El ‘Chapo’ propinó una fuerte patada a Frank en el culo y escupió de nuevo. El pequeño Jeremy temblaba de miedo. Despavoridos, asustados, corrieron calle abajo como poseídos por el diablo. Las carcajadas de los portorriqueños resonaban en sus oídos mientras en El Bronx, poco a poco, la noche caía dándole ese siniestro aspecto de suburbio marginal, sombrío y dantesco.
Superado el ‘shock’ inicial, Frank y Jeremy pasearon por la calle 42 durante un buen rato. Entraron en un salón de juegos para relajarse un poco y sacudirse la tensión de las últimas horas. Tenían hambre. Era el momento de comer algo y repasar el plan. Se adentraron en un Mc. Donald’s con los doce dólares que les quedaban y un 9 corto en sus bolsillos con tan sólo tres balas en el tambor.
El golpe se produciría en el Supermarket chino ‘Hon Li’ de la calle 38 con Madison. Era el lugar perfecto. Cerraban a media noche, pero ellos sabían que a partir de las diez ya no entraba apenas nadie. Regentado por un viejo oriental y su adolescente hija, podía trabajar una caja de dos, tres o incluso cuatro mil dólares diarios, suficiente para hacer realidad su gran sueño.
_ ¿ Lo has entendido, Jeremy... ? Tengo que saberlo, amigo. No podemos fallar. Vamos colega, repítemelo. Quiero saber si lo has comprendido _ se produjo un silencio _ ¡ joder, habla Jeremías !





