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Gracias por tu paciencia y por seguir siendo parte de esta memoria literaria.

 

Índice del artículo


_ ¡¡ No me llames así !! Yo soy tan americano como tú, cabrón.

El pequeño Jeremy estuvo a punto de romper a llorar pero cogió aire y como un autómata, repitió con cierta desgana:

_ Entramos al Súper por Madison, nos dirigimos al mostrador mientras tú gritas: " ¡ Esto es un atraco. ¡ Al suelo y no pasará nada... ! ". Mientras, yo vigilaré la puerta. Cuando se hayan tumbado me darás el arma y abrirás la caja para trincar la pasta. Te devuelvo el arma, rompemos uno o dos mostradores para asustar a esos dos ‘perros’ chinos y nos largamos de allí bajando por la 38 hasta alcanzar ‘el tubo’ en Grand Central. _ Hubo un silencio _ ¿ Qué... ? ¿ Cómo lo he hecho ? _ preguntó Jeremy con ironía a sabiendas de que lo tenía perfectamente aprendido _

_ Bien... , muy bien, amigo. Sabía que podía contar contigo. Nos iremos a California, Jeremy. Conoceremos Hollywood, Los Ángeles... Podrás comprarte ese video-juego, montones de video-juegos, cientos de ellos.

_ Pero, pero..., ¿ Qué pasará cuando nos quedemos sin dinero...? _ respondió Jeremy _ Yo... yo no puedo volver a casa otra vez, yo...

_ ¡ Cuando no tengamos dinero ! _ le interrumpió Frank _ Eso ..., eso nunca sucederá. Nunca más. Ahora..., ahora somos poderosos _ su voz temblaba _ Tenemos un revólver... No, no Jeremy. No temas, amigo.

Por primera vez en su vida Frank dudó.

22:40 h. Manhattan a esas horas es un ciudad insólita. Pese a los millones de habitantes y el ingente número de comercios y locales de todo tipo, una extraña sensación de soledad te invade al pasear por sus avenidas. Hasta Broadway con sus impresionantes teatros y salas de espectáculos parece sólo una ilusión óptica, un desierto de cemento y neón donde uno nunca se siente acompañado, donde tú no importas a nadie y nadie debe importarte a tí. Donde el viejo alcohólico agoniza en cualquier esquina de cualquier calle y otro hombre se cruza indiferente. Una metrópoli donde decenas de etnias diferentes ‘malviven’ tratándose de ignorar. Un lugar, en definitiva, donde nada es lo que parece. Nueva York respira así. Lo amas o lo odias, pero cuando lo descubres ya nunca lo olvidas.

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