La aventura de Frank y Jeremy duró poco más de una hora. El chino del supermarket intentó en un descuido alcanzar el mostrador para activar la alarma. Jeremy, aún con el revólver, se quedó bloqueado y Frank, que se había percatado del movimiento le inquirió: ¡¡ Vamos Jeremy, dispara !!, ¡¡ Dispárale !!, _ Jeremy bajó los brazos _ ¡¡ Dame ese 9 !!, ¡¡ dame ese 9, joder !!.
Dos certeros disparos alcanzaron la cabeza y el abdomen del hombre causándole la muerte. Apenas veinte minutos después Frank era detenido en un callejón de la ‘Pequeña Italia’, y Jeremy a poco más de doscientos metros del lugar de los hechos, orinado, llorando y preso de un terrible ‘shock’.
La ‘Gran Manzana’ no ha dejado de moverse en toda la noche. La luz de un nuevo día despierta en Manhattan mientras una furgoneta policial cruza el puente de Brooklyn camino del correccional ‘Warmwood Scrubs’, un maravilloso lugar donde, si caes bien, la agresión sexual solo se reduce a dos veces por semana.
Camino de Brooklyn los dos muchachos ya no cruzan sus miradas. Con la vista fija en el suelo del furgón, Jeremy escucha los sollozos de Frank por primera vez y un sentimiento de miedo, odio y decepción al mismo tiempo recorre su menudo cuerpo. Fuera comienza a llover. Unas enormes nubes visten la gran urbe, ya en el horizonte, de un manto gris oscuro que la hacen si cabe aún más terrible.
El sueño ha terminado, pero en este momento, en cualquier lugar del mundo, la pesadilla de miles de adolescentes olvidados por nuestra sociedad sólo acaba de empezar.




