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—Eso no es jugar sucio. Un debate es un debate. Si el otro vacila, pues tú lo aprovechas. Es como… —Mario dudo un poco mientras buscaba la comparación correcta—. Es como en  el fútbol, donde tienes que aprovechar los errores del contrario.

—Si, pero dentro de las reglas de juego.

—El no rompió ninguna regla. Lo hizo dentro del tiempo correcto. Además, para eso se supone que esta el moderador. Él es el que determina los tiempos, y si un candidato se excede, el puede interrumpirlo. Si hay alguien que culpar es al moderador.

Los parlantes se encendieron Las pantallas dejaron de mostrar mensajes de interés publico para dar paso a las primeras imágenes del debate, captando de forma casi inmediata la atención de todos en la plaza del parque. El gentío reacciono con gritos y aplausos al ver en las pantallas la llegada de ambos candidatos al recinto de debates. Morales, quien aparecía muy sonriente, había prescindido de la chaqueta de su traje formal. Lucia la camisa remangada,   y saludaba a todo el mundo. Ésa era la imagen que venía utilizando desde hace algún tiempo por recomendación de sus asesores. Según ellos, tenía el propósito de mostrar a un hombre al que no le preocupaba el trabajo duro. Del otro lado hacía su entrada Llorente. Con una expresión un poco más serena que la de su rival, también se dedicó a saludar a diestra y siniestra. Iba vestido con un buzo de cuello tortuga, una chaqueta informal y un pantalón color caqui. Ese era el tipo de vestimenta que lo había acompañado durante toda su vida pública. Tenía por objeto distanciarlo de los  políticos de traje y corbata, difundiendo la imagen de que era un hombre diferente a los otros candidatos y más cercano al pueblo.

La cámara hizo un paneo por el publico del auditorio, mostrando tanto a los seguidores de Morales como a los de Llorente. Todos estaban de pie, y algunos llevaban pancartas con mensajes de apoyo para sus candidatos.

El moderador dio unas rápidas indicaciones sobre el reglamento del debate  Después de estrechar manos, cada candidato tomo su lugar. Tan sólo unos minutos después Llorente yacía en el suelo con el rostro ensangrentado. El moderador forcejeaba con Morales para llevarlo hacia su esquina. La audiencia, tanto en el auditorio como en la plaza frente a las pantallas, parecía enloquecer. Uno de los comentaristas hacia alusión sobre como el cambio de arma que Morales había hecho, de su tradicional cadena a una varilla, había favorecido mucho su estilo de pelea.

—Te lo dije, Jairo —dijo Mario sin ocultar cierta alegría—. Morales será el próximo alcalde. Repito, no es santo de mi devoción pero pienso que es el menos malo de los dos. Jairo apenas si lo escuchó, pues estaba llamando la atención de un vendedor de mazorcas que pasaba cerca.  

 

FIN    

 

 

Este relato es completamente diferente a cualquier otra cosa que haya escrito. Lo que quise hacer fue escribir una historia en un lenguaje más natural de lo que habitualmente utilizo. En esta ocasión tampoco me preocupe por darles profundidad a los personajes. Aunque ellos son sólo una excusa para presentar una "escena" (el final) que tenía rondando en mi cabeza desde hacia tiempo.

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