Allí vio un zorro plateado,
animal raro de ver,
también un guazubirá,
pasando muy cerca de el.
En el monte pudo hallar
una gran variedad de plantas,
chicas, grandes, cortas y altas,
todas dignas de estudiar.
Cada vez que terminaba
su jornada en la cantera
a la quebrada arrancaba
a estudiar especies nuevas.
III
Fue entrando ya en el otoño
que un viernes se fue a observar,
de la cueva el bello entorno
y ahí si se animo a entrar.
Junto a una roca quedose
viendo unas huellas distintas,
que solo había visto en fotos
pero nunca tan cerquita.
“Sin duda son de un felino”,
pensó Alfonso con sus dudas,
“yo por el tamaño diría
que podría tratarse de un puma”.
“Mas son incluso mas grandes
y por lo hondas yo creo,
que el peso de este animal
supera al dicho primero”.
Claro que lo mejor seria
seguir guardando el secreto,
pues de ser el indiscreto
terminaría en cacería.
Si lo que pensaba era cierto
debería ser cuidadoso,
de que nadie descubriera
al cazador mas hermoso.
Desde entonces aprendió
y busco lo mas que pudo,
entre sus libros de estudio
todita la información.
Eran las mismas pisadas,
la guarida era perfecta.
Tenia monte, tenia agua,
y no le faltarían presas.
“Si tan solo yo pudiera
aunque fuera una vez sola,
verlo saltando algún tronco
o agazapado a la sombra”.
“Mas solo una que otra huella
me dice que anda rondando,
cual depredador fantasma
escondiéndose y esquivando”.
IV
Mas la ocasión no tardo
y llego un día en que Alfonso,
sentado junto al arroyo
sintió repentino asombro.
Allá entre sauces y matas,
jadeante y atento estaba,
el jaguar de negras manchas,
con su altivez y elegancia.
Trato de describirlo
usando papel y pluma,
mas siendo tan desconfiado
el jaguar se dio a la fuga.
“Ahora si que pude verlo
ya nadie me hecha el cuento,
y hasta lo tuve tan cerca
que casi sentí su aliento.”




