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        Cuando llegaron a las escaleras que bajaban al sótano Rolans se detuvo  –Está muy oscuro dijo, no se si podremos ver nada ahí abajo. Hubert se alegró de ser tan precavido y les dijo a todos con una sonrisa en los labios que el llevaba una linterna; por lo que todos le dijeron que en ese caso debía de ir el primero. En ese momento se arrepintió de su precaución, se le borró la sonrisa de la boca y se juró a si mismo que a partir de ahora llevaría dos linternas para poder ofrecer la otra a una persona menos precavida. La marcha hacia el sótano comenzó con Hubert a la cabeza. Esperaba sinceramente resolver pronto a quien pertenecía la voz de los gritos que se escuchaban desde el valle y resolver que hecho dramático había ocurrido en esa casa, pues no quería permanecer demasiado tiempo en ese lugar.  Pero nada más enfocó hacia abajo, algo se agitó por toda la estancia de forma frenética. No consiguieron verlo con precisión pero Hubert estaba seguro de que debía ser el espíritu. Rolans pegó un tremendo grito y se revolvió rápidamente para emprender la huída desestabilizando sin querer a Hubert que cayó por las escaleras sótano abajo. Pero Rolans no se esperó a ayudarle y tampoco Samuel que huyeron del lugar lo más rápidamente que pudieron sin mirar a atrás. Quién podía imaginar que se comportarían de ese modo después de la valentía que habían demostrado momentos antes.  En cambio Hubert nunca habría imaginado que acudiría en su ayuda la estúpida Kristin, a la que la necesidad hacía que no encontrara tan estúpida. Incluso al revés demostró más valor del que él mismo estaba seguro que demostraría si la situación fuera inversa. Pero Kristin ahogó su miedo, ignoró al fantasma y acudió al rescate de Hubert. Hubert se encontraba algo dolorido y desorientado por la caída, pero no parecía haberse roto nada. Y una vez pasado el momento de la confusión Kristin y Hubert descubrieron que su fantasma no era más que un pájaro confuso y asustado que se encontraba perdido y desorientado en el sótano. No tenían nada que temer, pero aquellos cobardes los habían abandonado. Aquellos dos niños se encontraron por un momento liberado de todo temor y unas risas escaparon profusamente de sus gargantas al mirar a aquel indefenso animal.

        Pero aquello les duraría poco. Hubert quedó pálido y Kristin pegó un respingo y se abrazó a Hubert aterida de temor al oír unas voces que los llamaban. Eran sus padres que habían ido a su búsqueda ya que el cobarde de Emil se había chivado. Pero durante un breve instante Hubert se sintió liberado como si su vida cambiara para siempre, hasta feliz y lleno cuando un tímido beso se interpuso entre él y Kristin ante la perspectiva de su muerte inminente. El misterio de la triste historia de aquella casa nunca me fue revelado, por lo que yo no podré revelárselo a ustedes, salvo un par de leyendas quizás reales, quizás no que circulan sobre la suerte de sus antiguos moradores, y que ya han sido en mayor o menor medida citadas. No conocemos si esos moradores se amaron y murieron con el deseo de encontrase con su pareja, o si se odiaron y ese odio acabó con ellos. Lo que si sabemos es que durante un breve instante se respiró amor en esas cuatro paredes. Y quién sabe, quizás esa casa sea el detonante de un gran amor. No obstante la historia acaba aquí y el futuro de los personajes de este relato solo les incumbe a ellos.  

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