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—Cuénteme doctora, ¿cómo estuvo su entrevista con el paciente A?
—Fue una experiencia incomparable. Una cosa es leer los informes y otra es poder hablar con el en persona.
—¿Y que conclusiones sacó usted?
—Creo que el paciente A es un éxito total. No hay ningún indicio de regresión a la personalidad anterior. Es increíble ver como un asesino en serie se ha transformado en un ciudadano ejemplar dedicado a la programación de computadores cuánticos. Pobre señor Lester, ignora que las maquinas que programa son las mismas que le han dado su nueva personalidad.
—¿Notó algo más?
—Si. La aversión que le implantamos hacia todo lo relacionado con la alteración de la personalidad funcionó muy bien. Se puso muy enfermo en cuanto le empecé a explicar la naturaleza de nuestro método.
—Entiendo. Espero recibir un informe detallado de sus conclusiones. Ahora puede retirarse.
En cuanto la doctora abandono la oficina, el hombre se puso de pie y se dirigió hacia la ventana desde la cual tenía una amplia vista de buena parte de la ciudad. Sacó de su chaqueta un pequeño aparato, lo llevó hasta la altura de su boca y comenzó a dictar en voz alta.
—Informe sobre el proyecto de reforma de criminales Hoover-Zalgado. El procedimiento ha sido un éxito. No solo el señor Philll Lester ha olvidado por completo su pasado como asesino en serie, sino que la doctora Ana Wang ya no recuerda su papel como terrorista líder en los eventos del Diciembre Negro. Podemos entrar a la fase operativa del proyecto.
FIN
Esta es la primera historia que escribí hace unos cinco años. El estilo que uso ahora es muy diferente, pero creo que la temática abordada por “El paciente A” sigue muy vigente y muy presente en lo que escribo.






