Cada nube y su forma es como querer mirar hacia atrás y sonreír por la primera travesura, cada cielo y su color es como desfigurar lo perdido soñando con la mejor nostalgia a punta de mascaras, y cada tarde con su deceso forman una antología de mis lagrimas, expulsadas a los mares, desterradas de mis ojos, por un amor que se dio cuenta que él era una idea de mi absolución y que cada hora que respiraba yo me las inventaba, nunca fue algo mas, solo fue un verbo de mi locura y nada más; cada minuto fallido fue la muerte de una promesa que nunca me dieron, cada niño fue ver correr la voz de un regalo que nunca recibí, cada cometa fue la ilusión de volar riéndome entre veranos que nunca llegaron, y solo volé dos agostos, y solo celebré tres cumpleaños, y los demás se aterrorizaron al ver las caras de algunos fantasmas, destilados de mi oscuridad tempranera y estelar, cada rayo de sol es el amigo que incluí en las risas perpetuadas dentro de mi sentir y que en esa misma oscuridad caminan invisibles, para ver quien de todos hace el eco más largo de sus palabras.
Aquí a mi lado yacen los cadáveres de mis primeros silencios y se harán polvo en los bordes de mis labios, y jugaran con mi tristeza entre tinta y pluma hasta desgastarla y verme reír por lo que ya es absurdo; atrás la infancia que se quedó callada en el mejor de los atardeceres y más atrás la bicicleta descompuesta en donde los viajes se hacían bajo atmósferas de sepia; cada abrazo fue como llorar ante la disolución de la niebla, cada flor fue como materializar algo que por dentro nunca se sintió y cada verso fue de verdad un sueño que no trascendió más allá de mis pupilas, hoy aquellos duermen en el perfume de mi nuevo silencio esperando el último suspiro de mi desintegración, mi sangre de arena, mi corazón un trozo de piedra, mi cuerpo un montón de papeles con historias inconclusas y esta vida despedazándose ante el paso de la brisa, disipándose en vientos prematuros de febrero que ya casi me mata; aquí mi cuerpo fantaseando en su agonía con la proyección superficial de una caricia y esta tarde, solo esta tarde regalándome un bosquejo de todas mis sonrisas, las que quedaron por fuera de mi primera ilusión y las nunca vistas por nadie.
Que dulce es partir al sonreír milésimas soñando con la mejor nostalgia, embargando el cuerpo desnudo de aquella tristeza tan mía, rompiendo en el mundo de la muerte lo que alguna vez se llamó fronteras para escuchar decir que tres almas en pena se escaparon de su prisión, aunque mis letras trasciendan más allá de la luz volando en una o tantas lunas de a mentiras; y muero como cada árbol que muestra lo mejor de su osamenta, como cada noviembre desempolvando sus cementerios para llorar por mi leyenda, escrita por mi cuando decidí mirar hacia atrás.




