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De la serie cuentos de una hoja para adolescentes


Había épocas en el año que se lo veía con frecuencia casi perfecta, era cuestión de asomarse y verlo, a la misma hora, un poco después de anochecer cuando el tiempo era calmo, el tipo era un reloj.


Su pequeña y delgada figura parada junto a la columna de alumbrado de la esquina eran como una estampa, cerca del cordón, mirando hacia uno y otro lado, sin apuro, como buscando a alguien, pero en realidad esperando encontrar con quien charlar un rato de cualquier cosa, poder comunicarse, hacer un amigo.


Era de naturaleza tímida y respetuoso, jamás levanto la voz. Sobrio, no bebía y nunca se lo encontraba a altas horas de la noche.

 

Nunca supe bien como se componía su familia, sé que tenia un hermano en cuya casa vivía, a metros de la esquina., Se lo veía siempre solo, era soltero cincuentón, no le conocí novia aunque se comentó que alguna vez novió con una muchachita del interior.


Su piel era morena y los cabellos bien negros, bigotes eternos, como de nacimiento, descendiente de Árabes, de allí su mirada tan profunda.


Sin embargo la belleza no se estableció en su rostro.


.Su voz tenia un tono extraño por un pequeño defecto en sus labios.


Sobrio en su vestimenta.


Su vida transcurría intrascendente, fue conductor de ómnibus cuando las empresas de transportes eran estatales, hasta que tuvo un accidente y abandonó, jamas volvió a manejar vehículo alguno.

 


Luego de probar algunas actividades se dedico a planchar camisas nuevas en su domicilio y se convirtió en un especialista en planchado de las mismas, por eso la pasaba encerrado todo el día, cobraba por cantidad y no era mucho.


Cualquiera que se le acercaba podía hablar con él, era siempre amistoso, pero jamas cruzaría la calle para charlar con alguien fuera de su parada, la que abandonaba solo para volver a su casa a las 22hs, en que su anciana madre lo esperaba con la cena.





Tenia toda su vida estructurada, sin embargo nunca le duraban sus amigos.


En invierno, una vez a la semana solía cenar en un fondin a pocas cuadras de su casa.


En una de esas noches mientras cenaba, se desato una tormenta por lo que decidió esperar que calme antes de retirarse, se entretenía mirando los arabescos que describían las gotas que salpicaban los cristales. Se hacia tarde.


De pronto las puertas se abrieron y dos jóvenes entraron presurosos cubriéndose con sus brazos del agua, traían sendas guitarras, habían sido sorprendidos por el aguacero. Hablaron con el dueño y al rato tocaron un par de canciones, había dos o tres parroquianos además de el, que escuchó atenta y respetuosamente. Cuando finalizaron , Muni se atrevió a preguntarles si no usaban bombisto.


Carlos, él más hablador le dijo que tenían pero, que se había vuelto a su provincia natal y estaban buscando otro.


Por que pregunta Ud., toca el bombo.


No, pero un poco me gusta.


Si se anima podría venir con nosotros.


No muchachos yo soy grande, ustedes son muy jóvenes.


De eso no se preocupe en folclore no es importante la edad.



Pero no tengo tiempo.- Le sobraban ganas


Mire si se anima, nosotros practicaremos en este boliche los miércoles y los sábados actuamos en otros bares o lo que se presente. Siempre será en Capital. o en partidos cercanos del Gran Bs.As.


Eso sí, tiene que conseguir un bombo.


Al rato el viento calmó y la lluvia caía vertical y mansa, Muni decidió retirarse y mientras caminaba las pocas cuadras hacia su casa, su cabeza se lleno de ilusiones y conflictos, su mente volaba de un lugar a otro con preguntas y respuestas; por último quedo una sola pregunta dentro de sí. Donde conseguir un bombo.


Iba tan concentrado que ni se dio cuenta del agua, cuando abrió la puerta de su casa estaba totalmente empapado


No se sabe como ni de donde Muni saco coraje y consiguió un bombo. El hecho es que el miércoles siguiente estaba puntualmente en el boliche, sentado a la mesa y el bombo disimulado detrás en el suelo. Esperando lleno de dudas si no lo habían engañado, ya eran las diez de la noche cuando se abrieron las dos hojas de la antigua puerta del boliche y entran los muchachos , luego de cenar frugalmente comienzan el ensayo, le enseñaron los rudimentos del instrumento, Muni tímidamente aporreaba con algún tono el bombo acompañando a los guitarreros


Durante la semana siguiente cada día Muni practico con su bombo, de tal modo que el miércoles siguiente ya había avanzado llegando a tocar con cierta solvencia, el entusiasmo lo invadía.


Sorprendió a todos por la facilidad con que aprendió a acompañar las canciones con el instrumento.



El caso es que los muchachos comenzaron a llevarlo de gira por distintos bares y restaurantes y tal como se había acordado, en ocasiones sería gratis y en otras cobrarían lo que les diesen.


Muni asintió, tenia nuevos amigos, era lo importante.


A medida que pasaban las semanas comenzaron a llamarlos desde distintos lados y pronto dejaron de actuar gratis, nunca mas les cobraron lo que comían y algo les pagaban aunque poco. Lograron hacerse conocer.llegaron a tocar en una FM local.


Decidieron mejorar la vestimenta artística, compraron ponchos, Muni, moreno y emponchado disimulaba su ascendencia musulmana, era por fin feliz.


Pero como siempre llego el día en que el destino le señalaría a Muni fatal e inexorablemente su camino.


Un día, a través de un amigo de los músicos, los invitaron a actuar en Rosario, el contrato era para 4 sábados en la noche.


Las posibilidades se abrían y el futuro les seria más promisorio con ese contrato.


Pero Muni no acepto y los dos compañeros quedaron absortos; que obligaciones retenían a Muni, si solo tendría que viajar un día a la semana, le aceptaban incluso que no viniera a ensayar; pero él expuso que no estaba dentro de lo pactado alejarse tanto. Llevavan ya casi un año juntos y jamas habían discutido.


Los dos muchachos decidieron que debían aprovechar esa oportunidad y por último lo abandonaron.


El no se quejó y se conformaba dicien
do que había cumplido lo pactado.


Por un tiempo no se lo vió pero de a poco fue apareciendo, se lo veía nuevamente luego de anochecer parado en la esquina, al lado de la columna de alumbrado, eran una estampa, cerca del cordón mirando de un lado a otro, sin apuro como buscando a alguien.


Se sentia tranquilo con su conciencia, sabia que su viejita lo esperaba a las 22 para cenar y el puntualmente estaria alli.

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