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El sol los acompaño todo el día, salió desde muy temprano y estuvo con ellos con una actitud majestuosa, caluroso y radiante como si supiera que él quería que todo saliera perfecto para que la hermana se sintiera de lo mejor y se pudiera relajar para tratar de entablar la conversación que tanto deseaba sin saber que también estaba despertando cierto interés pero por la manera de ser no le demostraba absolutamente nada.

Llegaron a la orilla de un riachuelo de aguas transparentes como un cristal se bajaron de sus caballos, ella y el novio se alejaron caminando cogidos de la mano, él quedo frente a frente con quien había anhelado hablar durante tantos días, realmente no sabía que decir no le salía ni una palabra estaba nervioso sin saber como actuar, como por impulso lanzó una piedrecilla al riachuelo y ésta rebotó tres y hasta cuatro veces y recibió un aplauso que le lleno el alma. Ahora el acercamiento empezaba, él le pedía que lo intentara y la hermana lo hizo sin que las piedrecillas rebotaran de la misma manera. Lanzaron varias veces pero ahora los dos fallaron y de eso se reían sin parar, la miró y de nuevo observó esa risa que tanto le gustaba y sin pensar lo dijo “Su risa es hermosa” y por haber dicho eso recibió el mejor de los regalos una mucho mas leve pero agradecida sonrisa acompañada de un color rojizo en el rostro que lo hizo temblar y hasta casi arrodillarse de la emoción.

De regreso a casa estaban muy contentos, el novio invitó a cenar en la gran ciudad apenas llegaran pero la hermana se negó rotundamente asumiendo que tenía mucho que estudiar, él insistió levemente y al fin todo quedo cuadrado para mitad de semana.

Fueron tres días muy largos, durante ese tiempo no hubo ni una llamada, solo esperaba a que el novio lo recogiera para ir por las hermanas y salir a comer. Llego la hora y en el asiento trasero del carro solo miraba por la ventana sin saber que decir, hasta que oyó una voz que le interrogaba por su semana, volteo y contesto muy positivo e hizo la misma pregunta. “Que tal la tuya”?....

Fué una noche muy agradable; ya de regreso a casa iban hablando y hablando sin parar, les pareció muy corto el tiempo pero lo disfrutaron. Ahora todos los fines de semana se programaban cabalgatas a los campos de la casa de las hermanas y durante la semana hay un cuarteto por las calles de la gran ciudad que se ríen y disfrutan casi todas las noches de las cosas mas sencillas.

Fueron casi tres años de una muy bonita e ingenua relación, eran bastante confidentes y amigos, hasta los padres que al principio habían sido tan difíciles lo aceptaban con aprecio. Ahora cada día mas unidos, la veía siempre de una manera muy especial pues le parecía que su ingenuidad era lo más atractivo que podía tener, empezaron a descubrir muchas cosas juntos, él ya conocía ciertas sensaciones pero le parecían mucho más interesantes cuando la miraba y observaba que realmente estaba descubriendo y aprendiéndolo todo. Lo hicieron absolutamente todo despreocupados, libres y sin advertir o evitar nada querían estar juntos sin importarles juventud o inexperiencia.

La naturaleza no falla y vino lo que tenía que venir, el embarazo inesperado pero a la vez buscado. Ahora las cosas se tenían que hacer de una manera más inteligente pero a la vez rápida. Él sin dudarlo citó a los padres de cada uno y pidió la mano para poderse casar lo antes posible. Las dos familias pusieron un grito en el cielo pero al final lo aceptaron.

Nadie supo el porqué de esa decisión tan apresurada o al menos nadie lo insinuó, solo ella algo advertía pues sabía que la hermana antes que nada quería terminar sus estudios universitarios, pero nada supo.

Las cabalgatas de los fines de semana continuaban unas veces los cuatro y otras solos, lo tomaban como descanso y como relajación porque la semana de los dos era bastante dura y eso les ayudaba a estar mejor. Una tarde en que estaban solos decidieron apostar una carrera hasta el riachuelo la cual terminó en una aparatosa caída. El se bajó del caballo y trató de levantarla pero los ojos azules estaban absolutamente blancos y sólo había dolor, le dió un poco de agua y la logro abrazar y levantar, la fortaleza de esa niña fue admirable aunque no podía aguantar el dolor no le dijo nada a los padres, se montó ese domingo en la tarde en el carro de él y salieron como siempre para la gran ciudad. El sólo preguntaba y preguntaba sin recibir respuesta, entró al hospital principal de la gran ciudad y los médicos se encargaron alrededor de tres horas.

No había respuesta todo estaba en silencio la gran ciudad estaba cubierta con una gran nube negra de domingo que hace que todo sea triste y melancólico, pasaba y pasaba el tiempo, se quería morir no quiso llamar a nadie, no quiso hablar con nadie simplemente espero y espero se sintió solo, se sintió culpable, pasaron muchas cosas por su cabeza, se advertía lo peor, A lo lejos oía la llovizna persistente y era como si algo se le entrara en la cabeza como si lo estuvieran acusando de haber hecho lo peor por haber corrido sin precaución, sin advertir de los cuidados que debían tener, alzó la mirada y una enfermera flaca y desgarbada se acerco y fríamente como si le estuviera hablando a una pared dijo “Ella esta estable pero perdió al bebe”.

Se abrazaron muy fuerte y hubo un silencio de minutos que parecieron horas acompañados de muchas lagrimas de cada uno, él le hizo una llamada a ella y le dijo que la hermana se había caído del caballo y que se estaba recuperando en el hospital que todo estaba bien y que si llamaban los padres por favor manejara la situación. Ella hizo muchas preguntas pero el nunca le dijo la verdad solamente que la hermana tenía un dolor lumbar que estaba siendo controlado y que ya pronto iban a la casa.

El golpe psicológico fue duro para los dos más cuando nunca quisieron que nadie se enterara de su perdida. Eso los llevo a tener una serie de problemas personales pero no en la relación de pareja que llevaban que siempre fue muy cordial y el dialogo primaba ante cualquier eventualidad, él se refugio en el alcohol con su grupo de amigos, tomaba casi a diario después de verla y dejarla en su casa salía muy triste sin que su pareja se enterará que iba a refugiarse y a seguir sintiéndose culpable por lo acontecido.

El refugio de la hermana fue la lectura, el genio le cambio, pero nadie advirtió que algo así le hubiese pasado, además ante él demostraba una fortaleza envidiable, simplemente se creyó que la invadieron los nervios por lo de la boda. Hablaron mucho del tema se sentaban horas y horas a cuestionarse del porque pero nunca se culpó el uno al otro simplemente siguieron con sus planes.

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