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Conclusiones

           No fue Meira Delmar la poetisa soberbia y desdeñosa, egoísta y narcisista que se aísla en la torre de marfil., lejos del mundo y sus vivencias. Sin irse al extremo del compromiso con un catecismo político o religioso, la poeta ha ejercido sus deberes de ciudadana en las áreas más afines a su trabajo: el orbe verbal, el universo de los libros y de la biblioteca, el ámbito de las artes, la patria de la palabra, pequeña, pero portentosa. De ahí surgieron estos textos en prosa que fue acumulando a lo largo de su vida pública desde 1944, en su mayoría emotivas epifanías que buscan la iluminación del espíritu, el despertar de los sentidos, la comunicación con el universo, la devoción espiritual por la belleza, el testimonio de una generación y sus búsquedas.

             Estas prosas constituyen un testimonio múltiple: el de la formación en gran medida solitaria de una poeta a quien le tocó abrirse camino por sus propios medios en un medio cultural en el que las oportunidades para el crecimiento intelectual de la mujer estaban muy limitadas, como que le era imposible asistir a las tertulias de sus compañeros de viaje en la vocación (Ramón Vinyes, Vidal Echeverría, Alfonso Fuenmayor, Germán Vargas, Álvaro Cepeda y Gabriel García Márquez), cuyos sitios de reunión eran los bares y cafés y burdeles de la incipiente ciudad; la travesía, ante todo espiritual, de una mujer que se dedicó de manera completa y generosa a la poesía, renunciando a cuanto no fuese ella misma; y el registro de gran parte del acontecer poético y plástico de su ciudad a mediados del siglo XX, desde la perspectiva de una mujer que ha encarnado en Barranquilla, urbe comercial e industrial con propensiones al pragmatismo político y económico, la poesía, el acercamiento lúdico y desinteresado a la realidad Escribió Tolstoi que el arte comienza cuando una persona expresa un sentimiento a través de ciertas indicaciones externas “con el objeto de unir a otro u otros en el mismo sentimiento”. Ha escrito Raymond Williams que el significado de la palabra comunicación puede resumirse como la “transmisión de ideas, informaciones y actitudes de una persona hacia otra”. Partiendo de cuanto tiene la literatura de comunicación, que es mucho, bien saben los formalistas que es mucho, y recordando a Brecht cuando decía que los sentimientos se piensan, nace una visión de la literatura como actividad destinada a unir a las personas en actitudes comunes, siendo la actitud un sentimiento pensado y siendo, en el caso de cierta literatura, la representación el modo particular de pensar los sentimientos …en esa búsqueda  ha estado toda su vida Meira del mar...intentando que  la forma poética, sea  apenas un instrumento para  el dialogo abierto con el mundo..

           Las palabras no podrán ser jamás una trampa, para incomunicarnos de por vida! La escritura que tiende a la revolución, la que se escribió, la que se escribirá, no está hecha, está siempre por hacer y su estructura, sus temas, su práctica de la autoría, habrán de ajustarse a cada momento, no podrán fijarse. Pero sí cabe hablar hoy de una poética de astucia e indigencia, rebeldía y dignidad, y diremos ahora qué son astucia e indigencia, rebeldía y dignidad. Es indigencia escribir por ejemplo, como así en este artículo, “muchos juzgamos”, es indigencia saber que muchos no habrán reparado en ello y algunos y, probablemente, algunas, sí. Es indigencia no tener una lengua capaz de condensar el “muchos y muchas de nosotros y de nosotras”, indigencia no tener una realidad en donde el género gramatical sea sólo un instrumento de economía lingüística y no articule el silenciamiento o el desdén. Es, en otro orden de cosas, indigencia no heredar tradición alguna a no ser en conflicto, a no ser con violencia y sin dejar a un lado, como tanto se ha querido, la sospecha; indigencia no poder descansar en lo que aprendimos –pero quién nos enseñó, pero con qué ojos- a ver como admirable.

           Es astucia lo contrario de la franqueza, no escribir como si se hubiera ganado la batalla porque no se ha ganado. Acaso algunos escritores... creyeron que podían empezar desde el principio, que podían ser francos, pero no podían; por eso hoy, aun cuando nos conmueve su franqueza hasta el dolor, decimos: hay que seguir adelante, no era tiempo de pararse todavía, no bastaba entonces y menos basta hoy con hablar como si no existiera el discurso dominante pues existe, domina, y cerrar los ojos sólo nos hace más débiles. Finge el astuto guerrero no socorrer a la ciudad amiga que está sitiada y atacar en cambio la capital de enemigo, finge y logra así deshacer el cerco de la ciudad y sorprender al enemigo en el camino cuando éste regresa para proteger su capital, logra con procedimientos engañosos el guerrero más débil triunfar en la batalla pero sabe, no obstante, que si su argucia fuera descubierta no renunciaría, que defendería a la ciudad amiga aun en las circunstancias menos ventajosas, y jura que cuando adoptar las maneras del enemigo implique servirle, entonces ha de rechazar esas maneras. Pues la astucia termina en el instante en que comienza la traición.

           De la dignidad supimos que no es nunca individual, la dignidad del hombre más solo de la tierra es colectiva, la dignidad de aquel que dice “no” y nadie le oye, y su “no” jamás será contado es colectiva, existe porque ese “no” es con otros, para otros que en él se apoyan. La rebeldía pertenece a la historia y hoy rehúsa pactar con la injusticia de la explotación, convenir en la tristeza del esclavo, celebrar la mezquindad del dueño. El texto literario no termina en sí mismo, es por su naturaleza un universo abierto, es un hecho extensivo; como se proyecta la luz, como se propaga por el solo hecho de existir y no es posible detener una ola del mar sin perder la ola y no es posible que una onda esté quieta, así ocurre que no es posible cercenar de cada texto literario el viento, el haz, el foco que en la lectura se constituye y del que somos parte. Y hay un viento distinto del que procede de el fondo de la sociedad actual, un foco sin filtros, un haz incontenible de claridad y de rabia…

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