He aquí uno de los poemas que mas me conmueven de MEIRA DEL MAR, por la profundidad insondable de su universo infinito, por las incertidumbres abiertas, a una voraz noche sin estrellas, por el viento que aúlla a lo lejos... y nos trae voces misteriosas e indescifrables...el desafío a la muerte, con la certeza, de que nos vamos del mundo, igual a como vinimos...con nuestro único ropaje, la piel que ostenta, las marcas y heridas, de nuestra descomunal lucha, con el minotauro, que nos acecha, y nos hace trampas, para que no encontremos la salida del laberinto….’He de llevar lo que al nacer me traje’..Y luego nos ratifica el carácter único y singular de su poesía...”ninguna voz repetirá la mía”…única por que somos diferentes en medio de la diversidad, sin olvidar que todos hacemos parte del genero humano…no volverán mis ojos renacidos”…imposible regresar después de la partida hacia la muerte física, allí no es posible superar la trampa de la muerte, abismo fatal, que solo es dable remontar y burlar a condición de que nuestra obra literaria trascienda a la posteridad…Entonces la gran duda que nos asalta, cuando estamos próximos a cerrar nuestro ciclo vital de vida, no es fácil que otras manos, otros labios, otras gargantas, hablen griten y resuenen con el acento especial de nuestro canto….que difícil, que otras manos, aunque solo de pasada, quieran tomar ,la llama que portábamos, y que alumbraba en el confín de los caminos, sacudida por todas las tempestades, azotada por todos los vientos, sostenida aun en el frío glacial de la noche de las incomprensiones y los egoísmo típicamente humanos.. Huésped sin sombra (Del libro Reencuentro) Nada deja mi paso por la tierra. En el momento del callado viaje He de llevar lo que al nacer me traje: El rostro en paz y el corazón en guerra. Ninguna voz repetirá la mía De nostálgico ardor y fiel asombro. La voz estremecida con que nombro El mar, la rosa, la melancolía. No volverán mis ojos renacidos De la noche a la vida siempre ilesa, A beber como un vino la belleza De los mágicos cielos encendidos. Esta sangre sedienta de hermosura Por otras venas no será cobrada. No habrá manos que tomen, de pasada, La viva antorcha que en mis manos dura. Ni frente que mi sueño mutilado Recoja y cumpla victoriosamente. Conjuga mi existir tiempo presente Sin futuro después de su pasado. Término de mí misma, me rodeo Con el anillo cegador del canto. Vana marea de pasión y llanto En mí naufraga cuanto miro y creo. A nadie doy mi soledad. Conmigo Vuelve a la orilla del pavor, ignota. Mido en silencio la final derrota. Tiemblo del día. Pero no lo digo.






