En un mundo donde impera la LEY DEL MAS FUERTE por una parte y por otra LA LEY DEL TALION, me pereció conveniente poner un granito de arena en este conflicto tan despelotado.
Es una visión tan personal que muchos estarán en desacuerdo pero, para que esta violencia generalizada cese, debemos perdonar, ¿Cómo? Ahí está el eje del ensayo.
Mi intención es abordar este tema tan amplio y esquivo como “El perdón”, no como algo [[metafísico]], [[filosófico]], [[religioso]], [[dogmático]]; no, como algo que puede asumir cualquier miembro de la familia humana que quiera ponerse en paz consigo mismo y con el prójimo. De todas maneras toco algunas ciencias como apoyo y sustentación de la propuesta, sin asumir posiciones de suficiencia.
Comienzo hablando del perdón como de algo que muchos deseamos recibir u otorgar pero, con todas las condiciones que solemos poner, es casi imposible darlo u obtenerlo: No hay perdón con cuenta de cobro. El perdón como tal es sin condiciones, si perdonamos con peros es un perdón a medias que, posiblemente, no sea real; de igual manera que si lo recibimos con cláusulas condicionales.
Coherencia entre lo que se dice y lo que se hace porque de palabra podemos expresar cosas muy hermosas, y convencer al mundo de que deseamos con toda el alma ponernos en paz con nosotros mismos y con las personas que ofendimos, pero en la realidad diaria continuamos actuando con las mismas actitudes y resentimientos que de boca dijimos haber superado. Si no estamos convencidos del perdón para decir y actuar en consecuencia es mejor abstenernos mientras no tengamos la seguridad de ser coherentes entre el pensar, el decir y el actuar.
Ser inteligente y actuar inteligente: Uno es tan enfermo como los secretos que maneja y si de alguna manera no los expulsa, estos secretos seguirán corroyendo el alma y los sentimientos. Cada creencia religiosa tiene sus propios ritos de perdón, ya sea la confesión de boca en la católica, ante una imagen religiosa, ante la comunidad, en el campo o, como puede sugerirlo o insinuarlo una sana lógica: Admitir ante Dios, ante otro ser humano y ante nosotros mismos la naturaleza exacta de los errores que cometidos y con los cuales hayamos ofendido a otros. Esta ofensa pudo ser de palabra o de acción (en casos menos frecuentes por omisión).
Después de hacer este reconocimiento de nuestros errores sentimos un alivio intenso y pleno que no podemos alcanzar mientras guardemos odios, rencores y todo lo que en el pasado nos hizo daño o el daño que ocasionamos a terceros y a nosotros mismos… Para llegar al convencimiento del tamaño real de nuestros errores NO SIRVE:
1- Pensar que no es tan grave. Tendemos a minimizar nuestros errores o a disculparnos diciéndonos que todo el mundo lo hace. Otra forma es la negación; esto no es delito, entonces porque debo sentirme culpable. Debe existir una adecuada valoración de las culpas sin achicarlas pero, tampoco, maximizarlas.
2- Entrar en el silencio ([[complicidad]]). Cuando simplemente callamos estamos aceptando que no hay culpa, y si la hubo, no es tan importante.
3- La [[retaliación]]: Ojo por ojo y diente por diente. No cabe en el perdón, ya se dijo al comienzo: el perdón no tiene cuentas de cobro. Si tú hiciste esto yo hago lo otro pero agrandado para que te duela más de lo que me dolió a mí; no tiene sentido si lo que deseamos es perdonar o que nos perdonen, no caben las condiciones ni las retribuciones.
¿Por qué perdonamos? Es la conciencia moral la que lleva a perdonar, algo íntimo nos dice que es necesario para nuestra propia paz y, en el caso de los ADICTOS de la actual larga lista de adicciones, de la sobriedad emocional. El perdón no puede ni debe ser un patrimonio religioso porque es un proceso humano y como tal propiedad de todos los miembros de la especie humana.
Debemos tener en cuenta que para perdonar debemos estar en el mismo nivel de la otra persona. Si nos situamos por encima lo vemos (el perdón) como una dádiva que otorgamos y si lo contrario, en el fondo sentimos que nos están haciendo un favor. El perdón debe estar más allá del bien y del mal.
Desniveles: Para que el perdón funcione debe ser total. Encontramos ciertos desniveles que pueden clasificarse como:
1- Antropológico: Recordemos que la antropología es el estudio de los seres humanos (Gr. Antropos= hombre, logos= estudio). Dice la antropología que los seres racionales que fallan pueden estar en uno de estos niveles:
- Los que dicen y no hacen.
- Los que dicen y hacen otra cosa.
- Los que dicen y hacen sólo una parte.
- No dicen ni hacen ( alguna vez una amiga mía, psicóloga, utilizó un término curioso y muy gracioso: meimportaunculismo, creo que no requiere de explicación).
- Los que no dicen nada y hacen lo que les da la gana.
2- Sociológico: el estudio de la sociedad humana. Todo ser humano es diferente a otro en los siguientes verbos:
- Decir
- Hacer
- Sentir
- Pensar
- Reaccionar
Como la mayoría de las ofensas entre seres humanos se dan hacia adentro de las parejas, quiero agregar: La pareja es una construcción que dura toda la vida pero no viene ya hecha, hay que construirla… La tolerancia es la aceptación de la diferencia y debemos tener presente que yo soy diferente de ti y tú eres distinta de lo que yo soy, para no llegar a esos extremos de que alguien nos pone a bailar en las pestañas para darle gusto, dejando de ser lo que somos. No se puede discriminar la diferencia.
3- Filosofía del perdón (Gr. Filos = amor, Sophos= sabiduría) Para este tema nos acogemos a la filosofía existencial que nos dice que todos los seres humanos llevamos cinco pasajeros desde el momento en que nacemos y que nos acompañan toda la vida:
- Dolor: El dolor humaniza
- Enfermedad: no importa cuán sanos somos, algo nos molesta durante nuestra existencia en alguna forma: física, mental, emocional, etc.
- Accidente: podemos hacer algo para prevenir o contrarrestar el dolor o la enfermedad pero los accidentes son hechos fortuitos que se presentan cuando menos los esperamos.
- Deterioro: todos los seres vivos se desgastan, se van acabando, envejecen. Lo que ocurre es que el ser humano es consiente de este desgaste y los animales y plantas no; entonces, de dónde sacan los hombres que después de treinta o más años las esposas están viejas y feas y ellos en la flor de la juventud. ¿Es que nunca se miran en el espejo? Si para la señora han transcurrido los años, para ellos también, no se digan mentiras y construyan una vejez en compañía en lugar de estar tonteando y haciendo el ridículo.
- Muerte: siempre la consideramos el final sin darnos cuenta de que nos acompaña desde que nacemos y no queremos hacernos a la idea de que en cualquier momento se hace presente y se cierra el ciclo vital. Debemos tratar de llevar una vida útil y trascender para que la muerte sea total. Si alguien fallece y en dos o tres semanas nadie lo recuerda parece que nunca existió en este planeta, sin embargo, si una persona muere y por sus actos es recordada por varias generaciones, ha trascendido y, en alguna manera, no ha muerto totalmente.
4- Psicología del perdón: A las dos primeras personas que debemos perdonar es a madre y padre. Así, sin pensarlo dos veces, y aunque nos digamos lo contrario, en alguna época de nuestras vidas hemos sentido resentimientos contra nuestros progenitores y abrigado rencores que nos han quitado o, por lo menos, restado paz. Cuando nos relacionamos con otros seres se pueden dar tres fenómenos, no al tiempo, claro está:
- Empatía: que es la atracción hacia el otro ser sin que nos expliquemos el porqué.
- Apatía: es la indiferencia, ni atrae ni repele, ni fu ni fa. Es alguien más en el decorado que ni nos va ni nos viene.
- Antipatía: es el rechazo que sentimos hacia alguien o hacia algo. Algunas veces es instantáneo y otras se va dando poco a poco según la persona actúe, hable o sienta. Las experiencias nuevas se van a un sector del cerebro de acuerdo con lo que nos hagan sentir agradable o desagradable. Los que saben lo llaman placer o displacer.
5- Teología del perdón: (Gr. teo = dios, logos= estudio) Los seres humanos reaccionan en forma diferente en cuanto a sus acciones. En general cuando siente que la embarra o cree que la embarra se siente mal y se le disparan sentimientos negativos que equipara con el mal. En contraposición, cuando sus acciones están de acuerdo con sus normas morales y siente que obra bien, los sentimientos son positivos. Esto nos pone a pensar en una contraposición bondad maldad, según el actuar sea positivo o negativo y lo que estamos en la necesidad de perdonar o perdonarnos son todos los sentimientos negativos. No sólo los que nosotros consideramos como tales sino todos aquellos que el sentido común, la ley, la religión, la cultura, etc. consideren malévolos porque lo que es bueno en una cultura puede ser terriblemente negativo en otra cultura. Esto es acotación mía: En nuestras costumbres carnívoras devoramos cerdo sin problemas, para un judío, un musulmán o un hindú, valgan como ejemplo, esto es inadmisible y va más allá del pecado, de manera que una trasgresión en este sentido los llevaría casi a la locura o al suicidio, toda vez que este animal se considera inmundo y, para algunos, la encarnación del espíritu del mal, por no decir el demonio.
Mi conclusión: si quiero encontrar la paz debo empezar por perdonar a Dios por todo lo que pienso que me haya hecho en contra de mis deseos y necesidades, a mis padres por lo mismo, a mí mismo por lo que me sigue atormentando de mi pasado que ya no puedo corregir, a todos los seres humanos que he ofendido y me han lesionado en alguna forma, a mi familia y, en general al planeta en que me tocó vivir.
OSIRIS
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