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Renacer.

Mis párpados pesan, como cortinas del vaticano, por pecados.
Los pasos se cortan, quizás tan lentos como los latidos de quien la guadaña sigilosa reclama su alma.
No hay sonido, no hay crujido ni rugido que logre despertar el inerte en este cuerpo a la deriva.
El silencio redobla su marcha, llega ser tan preciso como la maquinaria de un audaz relojero.
Mi sangre se torna fría, las manos dormidas eso reflejan.
La melancolía da forma utópica a una sombra que oprime mi pecho y mis hombros.
Cada musculo cesa sin voluntad ante la adversidad.
Torpes dedos, no desempeñan bien su labor, no logro sostener la pluma rebosante de tinta con las mismas ansías de ayer.
De mí, ahora mismo, no logro describir quien soy, la imaginación perdió sus alas, una vela apagada yace  guardo bajo piel, bajo las influencias.
No logro expresar lo que pienso, estoy privado de libertad, me hallo un sin sentido.
Por mi venas ya no corren anhelos, supongo que mi corazón sonámbulo se quedó corto de sueños, sí es así, perdí mi esencia, ya estoy muerto, juré que lo estaría el día que dejase de escribir lo que siento.

-Un escritor que recuperó su esencia.

 

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