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(El final de Silencios y Sombra)

La mira terminar sus quehaceres en la cocina y antes de que pueda ir para la habitación y tomándola de la mano y sin decirle nada la hace acompañarla hacia el sillón de la sala donde se sienta y con la mirada la invita a sentarse también.

Una extraña expectación parece iluminar los ojos de ella y sin decir nada se sienta junto a él mirándolo directamente a los ojos. Espera que comience y él simplemente la mira por un momento como buscando las palabras y al final (sin soltarle la mano que había tomado antes) la mira también a los ojos y le dice:

-Vinimos de mundos separados por una lejanía de aprendizajes que nos han hecho diferentes, cada uno con una estrella distinta que ha guiado nuestros pasos en busca del Edén perdido.

- Las palabras parecen a veces cortas cuando se trata de seguir a los sentimientos y quedan muchas veces solo las miradas y las caricias como el nexo inmediato entre el lenguaje y esto que tengo dentro de mí. -

- He sabido callar y me he encontrado atrapado en el silencio, trayéndote conmigo a este lugar inhóspito y frío que significa la negada manera de vivir. ¿Podrás perdonar a este que sin saberlo y sin quererlo te ha ido alejando poco a poco?-

- Sabes que a veces se me sale lo poeta y termino hablando cosas que con un "quiero hablarte" podrían solucionarse, pero ya que he abierto la puerta de mi guarida quiero compartir contigo mi otra vida, aquella que tu conociste, de la que al parecer te enamoraste y de la que yo me enamoré cuando me llevaste hacia ti.-

- Tranquila, los niños están durmiendo, no podemos seguir aplazando esta conversación que he querido iniciar no hace cuanto y que no he sabido continuar porque el orgullo me dijo que debería escuchar una respuesta tuya directa antes de hacerlo. Aquella respuesta directa que he visto en tus ojos y en tus ademanes cuando nos acercamos tú y yo un poco, pero que no he sabido interpretar a su tiempo. Discúlpame, a veces los hombres no sabemos leer entre líneas, pero somos muy hábiles en crearlas ¿no crees?-

- No sé de los demás, pero tú sí sabes hacerlo, me dejas en la encrucijada de tomar en mis manos una decisión que ya tenías en mente. Eso no está bien, si querías hablar, debiste hacerlo.-

- Y no estoy intranquila por los niños, es por esta conversación que hemos ido dejando como si doliera, es por eso que estoy intranquila-

- Yo también me siento intranquilo por esto, no sé muy bien qué decirte. Siento que ya no te conozco y si eso es así quiero volver a conocerte, volver a sentir la ansiedad de regresar a casa para verte, aquella ansiedad que me carcomía el alma cuando nos casamos, esa ansiedad de que el tiempo era vacío sin ti. Últimamente todo parece vacío porque no te siento, ya no estás conmigo –

- Es cierto, ya no me siento contigo, ya no siento que todo esto que se llama vivir forme parte de nosotros, solo los niños me alegran el día porque de pronto te veo en ellos como una rara manía de querer encontrarte en todo-

- Yo hago lo mismo. Cuando los veo solo te distingo a ti en ellos, tus maneras, tus gestos, tu risa. Todo está envuelto en ti cuando los miro y disfruto su compañía-

-¿Qué fue lo que nos ha separado? - Pregunta ella mientras desvía la mirada y la posa casi indiferente en algún rincón de la casa.

- No lo sé. Y quisiera saberlo. Sería más fácil echarle la culpa a otro y no a mi mismo.

- A nosotros, querrás decir - Le responde ella volviendo a mirarlo al rostro. - Es cierto. Algo de culpa hay en cada uno para llegar a este punto - dice él mientras un suspiro se le escapa de los labios.

- Espera un poco - le dice ella mientras se levanta y con prisas va al dormitorio y regresa apenas luego con un paquete en las manos.

- ¿Qué es eso? - Le dice él intrigado mientras recibe el paquete de las manos de ella y lo mira a la vez que comienza a desenvolverlo.

- Sabes cómo somos las mujeres con eso de los detalles y algunas con la manía de los recuerdos. Hay cosas allí que tal vez nos ayuden a comenzar la charla

- Él termina de desenvolver el paquete y descubre un pequeño cajoncito de madera y antes de abrirlo la mira otra vez y una luz resplandece en su memoria al descubrir en ella la imagen que el cajoncito trae consigo. ¿Cuántos años hace de eso?, solo recuerda alguna de sus primeras salidas y sus constantes presentes para ella, para poder conseguir que su corazón lo acepte así cómo él se lo había entregado -"Éramos tan inocentes..."- piensa y de entre sus recuerdos ella nace con el trajecito casual con que se vistió para aquella fiesta, pero antes de salir le muestra un pequeño cajón de madera donde le dice que ha guardado todos los presentes que hasta ese momento él le había dado, le preguntó si se acordaría siempre de él, el la miró y miró el cajoncito y sin pensarlo mucho dijo que sí, ella respondió que si sabía guardar una promesa nunca nada los separaría y lo besó, fue su primer beso.

- ¿Aún lo tienes? - le dijo sorprendido y sin terminar de abrirlo.

- Siempre - respondió ella - y últimamente lo tenía sobre la cómoda esperando que lo reconocieras - Una mirada triste cruzó por el rostro de ella.

 

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