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Ir a: Mitigando con recuerdos las tristezas (Entrega 83 "Seguiré viviendo")Tengo el presentimiento de un final cercano. En sólo tres noches volverá la luna llena enfrente a mi ventana, pero mis ojos que siempre se perdieron buscando un efecto hipnótico en su silueta plena, probablemente ya no estarán para admirarla. Otro sueño los habrá vencido. Mi conciencia viene y va, me lleva de la realidad a las tinieblas, y de las tinieblas a una deliciosa somnolencia. Allí se confunden los recuerdos y el presente en una realidad inverosímil, que rompe la crudeza del instante lúcido. Debo confesar que me esfuerzo para separar en mi memoria lo que vivo y lo que sueño. No quiero ser un loco que confunde con la realidad sus ilusiones y delirios...

Ir a: Cartas a una amante (16) Para ti, mi primer poema Amor mío: El dolor y el amor son un surtidor inagotable de palabras, un manantial en el que abrevan los poetas y todos lo que escriben. Yo, que resurjo de la tristeza con las tímidas caricias de un amor que nace, siento pletórico mi pecho de una inclinación lírica que apenas conocía. Siento bajo el influjo del amor almíbar en mi boca y palabras que brotan en mágicos...

Ir a: Me rehúso a volver ("Seguiré viviendo" entrega 82)Eleonora por reflejo se salía del cuarto cuando entraba personal asistencial a realizarle a su padre algún procedimiento. Prefería hacerlo por su propia iniciativa, mucho antes de que la invitaran a aguardar afuera. Lo hacían cuando lo bañaban, cuando le hacían la cama o lo mudaban de pijama, cuando le cambiaban la sonda, cuando lo trasfundían y en los momentos críticos ocasionados por el vómito, el dolor y la hemorragia.Aquella vez...

Ir a: Fe, corazón y alegría (11) La moneda está en el aire A partir de ese día, Miguel, Carlitos y Bruno se volvieron inseparables. Entre padre e hijo dejaron la cabaña como un auténtico estudio de pintor. Miguel estaba decido a apoyar a su hijo en su incipiente pasión por el arte. Terminaron al atardecer, miraron con orgullo el resultado de sus esfuerzos, Miguel le había comprado un caballete, más pinturas, bastidores...

Ir a: Fe, corazón y alegría (10) El Acuerdo Alma estaba en casa guardando la ropa de su padre para llevarla a un asilo. Miraba con tristeza la habitación, sabía que era tiempo de enfrentarse al mundo sin él, Bruno, recostado ahora a su lado encima del tapete, lo había comprendido,  ella lo tenía que entender así también. Miguel entró en la habitación y con las manos en los bolsillos, se detuvo frente a...

Ir a: La dicha de evocar ("Seguiré viviendo" entrega 81)Las puertas se abrían una tras de otra al llamado angustioso de mi alma. Pero algo había en mí que hacía que inmediatamente se cerraran. El breve instante en que el interior se exponía al escrutinio de mis ojos, me ponía en contacto con un paraje tranquilo y agradable, algo así como un paisaje campestre de la mejor factura. Tras verme, el hombre bonachón que abrió la última puerta me la cerró espantado. Mis perseguidores corrieron tras...

Ir a: Entre el funeral y las cenizas ("Seguiré viviendo" Entrega 80)La fuerza de José mermó al extremo de ser incapaz de sostener su cuerpo. Cuando lo acompañó la fortaleza odió la idea de ser prisionero de un camastro, ahora amaba la cama de hospital que tenía compasión con su fatiga. Con sólo incorporarse el desfallecimiento aparecía, pero la molestia culminaba en goce cuando por necesidad se desplomaba en la mullida colchoneta. Hundido entre las sábanas buscaba algo amable que hiciera...

Ir a: Fe, corazón y alegría (9) Encuentro con lo vivido Los habitantes de la casa se despertaron muy temprano gracias a los enérgicos ladridos de Bruno, Carlitos corrió asomándose a la ventana para verlo corriendo y ladrando en círculos como un loco. - No fue un sueño - Pensó - El abuelo realmente estuvo aquí. Se vistió tan rápido como pudo para correr a su encuentro. En el pasillo se encontró...

Ir a: Con la enfermedad la crítica se volvió indulgente ("Seguiré viviendo" Entrega 79)La escena era surrealista. El auditorio estaba colmado; los asistentes de impecable traje negro, circunspectos y en silencio, parecían esperar que la gala comenzara. Busqué con la mirada el foso tratando de encontrar la orquesta. No existía; en su lugar se distinguía una cripta. Delante reconocí un atril, y en el atril un extraño director de orquesta encubierto por la niebla. Entonces me aproximé entre...

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