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El pergamino

El pez lo multiplicó,
el pan lo compartió
y su sangre como en
un cáliz la entregó.
Y dijo: "Multiplicad
los talentos que les han
sido entregados. Compartid
el pan y servid a los
hermanos menores. Entreguen
sus vidas a Dios y no
teman a la muerte, porque
es sólo el primer paso a
la Verdadera Vida, la
Eterna, en el Reino de Dios."

Anticipando su muerte
oró así en el huerto:
"...que no se haga mi
voluntad sino la Tuya."
El más grande regalo
del Padre a los humanos es la
libre voluntad, por eso
somos como Dios, a su imagen
y semejanza.
Pero el más grande secreto,
lo reveló así: "...y hágase
tu Voluntad aquí en la
Tierra como en el Cielo."
Quien se entrega del todo,
de corazón, a su Voluntad
en vez de a la suya propia
encontrará el Camino.

Así como el niño a veces
no comprende a su padre,
así los humanos en su
limitada inteligencia no
entienden los designios del
Dios Padre, que no tiene límites.
Mas no deben preocuparse,
porque Él es un Padre amoroso
y misericordioso, Él sí
entiende a sus hijos, pues Él
los creó.
Entonces entréguense a
su Voluntad, sólo y nada más
que a la de Él. Así hallarán
la Luz.
Esta es la Fe, la verdadera
y única Fe.

Y dijo: "Donde estén dos
o más en mi nombre, ahí en
medio de ellos estaré yo."
Dios está en todas partes,
en el sol, en las estrellas, en el agua,
en el fuego, en la naturaleza.
Él lo ve todo, Él lo sabe todo,
nada le es oculto, no pueden
engañarlo. Nadie puede lo que Él.
El Padre no necesita de templos,
ni de casas de piedra,
para que le oren; pues su
Espíritu habita en todos y
cada uno de ustedes.
Él está en cada pensamiento,
en cada deseo, en cada acto; Él
es como el aire que respiran.

Dios Padre es el todo y
la nada que rodea el todo.
Cada uno de ustedes forma
parte de Él. Por eso, busquen
dentro de ustedes, en sus
corazones, ahí lo hallarán.
Pero dos son más que uno
y tres más que dos. Cuando
oren juntos Él estará en
medio de todos.
Pidan de corazón y se
les cumplirá. Ésa es la Fe.
Mas no olviden que todos
son sus hijos y tienen igual
derecho, y a ninguno le hará
daño ni castigo alguno le
sobrevendrá. Él a todos
perdona y da oportunidad.

La vida en cuerpo es a
la eternidad como la chispa
de una luciérnaga en una
noche sin fin.
Así pues no se preocupen
por las cosas terrenas, menos
por los bienes y riquezas, que
nada valen para el espíritu
inmortal que hay en cada uno
de ustedes. Son de la Tierra y
aquí permanecerán.
En cambio ustedes avanzarán,
trascenderán con su espíritu,
hasta llegar a Él.
La materia es sólo la
prolongación de la gran
Creación de Dios Padre, y
ustedes sus huéspedes. Donde
aprenderán y conocerán.

Y dijo también: "Yo
soy el que soy."
El manifiesto de Dios,
la revelación: Todos los
seres de carne y sangre,
con voluntad propia, somos
hijos del Padre. Iguales
entre sí, amados por igual.
Hijos del único Dios.
Diferentes entre sí, todos
somos una parte de Él, diferente.
Y tarde que temprano,
encontrarán el Camino hacia
Él, y llegarán a Él... Cuando
así lo quieran. Pero antes
deben creer.

No teman, confíen en Dios
Padre, entréguense de lleno
a su Voluntad y todo saldrá
bien. Un padre ama a sus
hijos. Él no castiga, ni se
enoja, no es colérico, ni
requiere que le teman, ni
siquiera que le adoren. Él
enseña a sus hijos en cuerpo
para que sean grandes en
espíritu, en la Vida Eterna,
en la vida después de la muerte.
Pero Él es paciente, y algunos,
quienes se resisten, necesitarán
aprender más que otros, que quienes
se entregan, quienes tienen fe
en la Verdad: Acogerse a su
Voluntad es el Camino.

†††F†N†††

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