_Estamos perdidos_ dijo Darío en voz baja_ maldición…
La masa de rayos se acercaba a toda velocidad, destruyendo todo a su paso, de no hacer nada, morirían en cuestión de segundos.
_¡Mantengan sus posiciones!_ Coniac se desvaneció del centro y apareció en seguida detrás de la parte de la red que avanzaba hacia los demás, desplazándose con ella a toda velocidad y dejando atrás sólo polvo y escombros. Logró abrir un espacio entre los rayos y colocarse en la posición de Alana. Clavó los pies en el piso destruyendo el concreto con las botas y atravesando casas, y con un arrebato de supremacía detuvo el desastre. Poco a poco se desplazó de vuelta al punto donde Alana había muerto, dejando los rayos reconstruir todo lo que habían destruido.
Caín y Angola habían levitado hacia atrás hasta desplazarse sobre el mar. Solo Darío se encontraba en tierra firme al extremo norte.
Florida se convirtió en un estado desierto. Los carros que flotaban cayeron estruendosamente al suelo. La masa de rayos se balanceaba con calma recorriendo todo espacio lúgubre de la ciudad; poco a poco el movimiento de olas se intensificaba. Los rayos escaneaban todo a su paso haciendo curiosos ruidos eléctricos. Violentamente se elevaron en el aire llevándose todo a su paso. Casas, cosas y porqués se convirtieron en nada, en una especie de cráter profundo e inexplicable, oscuro y vacío. Toda el área tomada por la red de rayos fue eliminada del mapa. En seguida el mar cubría lo que había desaparecido.
_¡Lo logramos!_ Se dijeron los unos a otros mientras flotaban en absoluta oscuridad, sintiendo una presión impresionante contra sus cuerpos. La masa de energía los arrastraba fuera de la dimensión donde estaban.
El mar ya había cubierto el área completamente, cuando del fondo surgió una explosión que apartó el agua en seguida y tras ella todo volvió a reaparecer en perfecto estado de normalidad. Los rayos no volvieron y la vida siguió como si nada hubiese pasado. Florida había regresado unas horas en el tiempo, al lunes treinta de julio, veinte años atrás, a las ocho y media de la mañana, sin un muerto, sin un solo grito. En el parque, sin embargo, un hombre conseguía alarmado los cuerpos sin vida de una mujer y un perro y en la costa un yate navegaba a la deriva con dos muertos dentro.
En un espacio paralelo de la tercera dimensión, una página de la tierra donde no había nada más que un eterno desierto inhabitado, hubo otra explosión. Los cuatro psíquicos aparecieron, todavía controlando la masa de rayos que envolvía la esencia que recientemente habían tomado de la ciudad.
_Dejen ir ahora, estamos en el medio, entre nuestro lado de la tercera dimensión y el que hemos invadido_ dijo Coniac y todos soltaron, cayendo de rodillas agotados al suelo. Los rayos desaparecieron siendo absorbidos hacia el centro de la tierra y todo lo que estos habían cubierto momentos antes se vio quieto y tranquilo.
Los cuatro psíquicos se desvanecieron y se materializaron como antes en la loma del desierto parque.
_¿Por qué no colocar el escondite en el lado que habitamos? Podríamos habernos escondido fácilmente_ comentó Caín antes de caer al piso y acostarse agotado.
_Sería muy obvio, es muy arriesgado… Por más alejado que lo hiciéramos siempre hay un imbécil mago que lo consigue_ Todos observaban a Coniac _Colocaremos un espejo eterno alrededor de esta nueva ciudad, con un portal hacia nuestro lado. De esta forma estaremos cerca pero lejos al mismo tiempo. Nadie la encontrará.
_Alana está muerta porque no tuvimos el coraje para defender el reinado. Por andar cruzando dimensiones… Y al fin y al cabo estamos en las mismas que el Rey. Escondiéndonos._ Darío estaba sentado con la mirada perdida en el horizonte y los puños apretados contra la tierra. Este día transformó sus sentimientos y lealtad hacia el Rey Thomas en asco y resentimiento, pero no diría nada al respecto.
_Como se te ocurre decir esa mierda? ¡Si hubiésemos luchado contra la sublevación hubiésemos convertido nuestro mundo en lo que tenemos aquí!_ Angola señalaba a los lados furiosa_ Un pueblo fantasma, y el Rey lo dijo bien claro…
_Quedaríamos solos, Darío, los destruiríamos a todos. Tu deberías saber eso_ Interrumpió Caín. Quien estaba destruido como Darío, pero a diferencia de su compañero, sabía que nadie era más culpable de la muerte de Alana que ella misma.
Darío se puso de pie instantáneamente. Lanzándose frente a Caín _ No me vengas a decir que tengo que saber… ¿Los destruiríamos a todos? ¡Mentira, se asustaron! Esa fue la excusa para habernos mandado hasta acá sin perder la fuerza. En eso nos han convertido, somos tan fuertes como nuestros egos… Alana sabía eso y si el Rey cree que lo hemos abandonado, quien sabe si no está muerto ya.
_No está muerto, Darío_ respondió Coniac con calma.
_Sí, y Alana tampoco_ Terminó Darío antes de empezar su caminata amargado. Los demás se pusieron de pie y lo siguieron hacia la nueva ciudad.
Ninguno mencionó a Alana. Sabían que segundos antes de su muerte ella y su esposo habían hablado en privado y sólo ellos dos sabían de que habían hablado.
Caminaron con prisa, pero la ciudad no estaba lista. Se desplazaron por el lugar haciendo poderosos cambios, después de todo, eran una raza de poder mental sobrenatural.




