_La ciudad no tiene límites_ dijo Darío con aire desorientado.
_Sí tiene, hay un aro de mar rodeándola, excepto por el lado norte_ dijo Angola señalando_ Es donde estabas tú, Darío_ Cada uno sacó una bola plateada de su bolsillo y la soltó en el aire; Darío sacó dos. Luego de dar unas vueltas emitiendo silbidos, las bolitas se establecieron flotando frente a sus posesores.
_Gracias al universo por los Catalizadores de Energía_ afirmó Caín.
_Una afirmación ingenua para un psíquico en servicio_ dijo Angola.
_¿Cómo es que Darío tiene el catalizador de Alana?_ preguntó Caín ignorando a la mujer.
_Flotó hasta mi bolsillo…_ respondió la voz de Darío en sus cabezas mientras él se alejaba del grupo.
De la tierra surgían extensiones de montañas, bosques impenetrables y luego nieve. Todo cambiaba rápidamente. Los psíquicos reían de emoción sorprendidos por la belleza de lo que creaban, un poco sorprendidos ante lo que podían llegar a hacer.
_Es hora de traer vida_ alertó Coniac.
_Pregunto. Si una persona muere en el lado de la dimensión de donde los tomamos, muere aquí también?_ preguntó Caín.
_No. Sus almas han sido divididas de la misma forma que dividiremos nosotros las nuestras, si nos quedamos aquí_ Coniac terminó de hablar y todos lo vieron sin decir palabra. Asimilando lo que acababa de decir.
_¿Dividir nuestras almas? ¡Nunca hablamos de eso!_ Angola se molestaba rápidamente.
_¿Cómo que no, Angola? dijimos que sería la forma de mantener nuestras vidas a la hora que pasase algo aquí_ respondió Caín muy tranquilo.
_Mi respuesta era, Caín, que no, las personas de aquí no serán dependientes de las personas de allá_ terminó Coniac.
Los cuatro se concentraron mirando al cielo. Las bolitas plateadas giraron con fuerza sobre su eje frente a ellos, emitiendo fuertes silbidos. Un inmenso estruendo los aturdió y la masa de rayos rojos reapareció por menos de un segundo cargada de personas flotando en el aire. Al desaparecer nuevamente, la gente descendió al suelo. Todos desnudos y dormidos como bebes repartidos por el suelo.
_Hay que entrar en sus cabezas antes de despertarlos. Que no duden de este pequeño mundo. Serán felices y llevarán vidas normales aquí_ habló Coniac nuevamente_ Angola, tú encárgate de eso. Darío, vuelve aquí y dale a Angola el catalizador de Alana.
Darío extendió una mano en el aire desde donde estaba y una de las esferas plateadas salió disparada, deteniéndose extremadamente cerca de la cara de Angola.
_De acuerdo_ dijo la mujer mientras se daba la vuelta dando una mirada agresiva a Darío.
_Angola! Ponles ropa…_ terminó Coniac.
_Sí, señor.
Los tres hombres desaparecieron y volvieron a la loma del parque de la que se habían alejado. Ahí vieron a la mujer y el perro que Angola había asesinado. Desnuda al igual que los demás, pero muerta no dormida.
_Angola es una mujer testaruda, yo sabía que la pobre mujer no iba a volver a la vida, ¿de dónde sacó esa idea?_ dijo Caín mientras los tres caminaban a la calle.
_Hay que hacer más cambios, no hay tiempo_ dijo Coniac mientras caminaban. Los cuerpos dormidos ya llevaban vestimenta. Angola trabajaba rápido.
_Deberíamos irnos ya_ agregó Caín.
_Todavía no, hay que esperar a que la gente despierte_ contesto Coniac.
Caín sacó su espada en medio de una calle y con un grito la blandió violentamente, un pitido se escuchó en el viento y todos y cada uno de los vidrios cercanos explotaron. _Hagamos de este sitio lo más parecido al reinado. Eso no incluye el material que cubre las ventanas_ dijo mientras se agachaba para tomar un pedazo roto. Al tocarlo y cerrar los ojos, el pedazo de vidrio se diluyó en arena que caía al piso _umm… curioso… Arena fundida_. Nadie hizo caso al comentario, y siguieron caminando.
_Está bien, así los hombres de este mundo tendrán cosas por descubrir, avances por lograr. Una sociedad completamente nueva, y ninguno tendrá la menor idea_ dijo Coniac sonriendo.
_Sí, señor_ Caín entendió, levantó la mirada y mientras su esfera plateada silbaba girando con rapidez, todos los pedazos de vidrio se diluyeron en arena_ Listo. Esa idea con la arena se la plantamos a alguien en la cabeza más tarde.
Luego de haberse asegurado que las personas pensaran que habían nacido y crecido en este nuevo pueblo, lo llamaron Aldenberg. Se pusieron detallistas y sin darse cuenta se tomaron unas tres horas para cambiarlo, pero era completamente diferente a lo que había sido cuando lo tomaron. Los carros fueron transformados en transportes de madera al estilo de los carruajes de ciudad de psíquicos, los puentes en la autopista eran ahora sostenidos por troncos inmensos y carreteras de tierra. Dentro de las casas todo lo moderno había sido cambiado a un estilo antiguo, para que fuera de agrado para su Rey. Aldenberg era perfecto.
_Hora de irnos_ dijo Coniac.
La vida en Aldenberg empezó como si nada. Eran las nueve de la mañana del primero de agosto en el hospital de Aldenberg norte. Un viejo hombre se sentaba en silencio frente a una fuente tallada en piedra en los jardines de la entrada. Un doctor caminaba hacia la puerta, educadamente deteniéndose a saludar al anciano antes de seguir su camino.



