2. Lágrimas De Oro
A pesar de tener características únicas, Barán se las arreglaba para pasar desapercibido. Durante la mayoría de los veinte años de su corta vida intentó ser uno más de su colegio y uno más de su comunidad.
Era de cara común, piel oliva y cabello marrón, pero tenía una característica peculiar que hacía difícil pasar desapercibido, el ocre amarillento brillante muy parecido a oro envejecido que cubría sus ojos, con el que todos tenían algo que ver.
Barán creció en una comunidad pequeña y tranquila, al norte de Aldenberg. Siempre siendo el manso y simpático de su grupo, hablador pero a la vez reservado.
Se sentaba en el parque de jardines del colegio a leer un viejo libro de física quántica que había sacado de la biblioteca, cuando vio un grupo de gente acumularse en una loma al otro lado del parque.
Entre el escándalo de jóvenes vio a un muchacho de melena rubia caminando en círculos en el centro. Se puso de pie a prisa y emprendió la caminata. Uno de sus amigos parecía estar metido en una pelea. Se acercó y empezó a abrir paso entre los jóvenes, que al verlo, saludaban amablemente.
_Hola, hola… permiso, gracias. ¿Cómo te ha ido?_ Por ser cordial saludaba a mucha gente que no conocía, porque todo el mundo quería hablarle, pero se molestaba. Le fastidiaba que la gente actuara como si lo conociera, pero no lo demostraba.
En el medio del círculo había tres muchachos. Uno era un flaco rubio de cabello largo y los otros dos jóvenes mucho más grandes. Barán observó la situación en silencio; los tres daban vueltas en círculo aumentando poco a poco la tensión contra el rubio.
Hacia el lado izquierdo de la multitud se sentaba una muchacha bonita de rulos negros que al ver a Barán hizo señas con las manos mientras gritaba a los dos jóvenes en el medio_ ¡Se los van a comer a patadas!
El par de tipos la ignoraron, concentrándose más en el joven frente a ellos quien sonreía en posición defensiva.
Barán se acercó a la muchacha y se agachó a su lado_ Hola Charlotte. ¿Qué está pasando?
_Barán, ¿cómo te va?_ Se sonrieron mutuamente antes de voltear a ver la pelea. Charlotte continuó_ Estos dos tipos fastidiando a Adriano mientras practicaba sus patadas y hacía ejercicio.
_¿Van a pelear por eso?_ Barán se ponía de pie pero Charlotte lo haló por el brazo sentándolo de nuevo.
_No, no los separes. Deja el encanto para después. Estos dos se lo han estado pidiendo hace varios días_. Charlotte sonrió a su amigo antes de voltear de nuevo a la pelea que aún no empezaba.
_¡Hey, Adriano!_ alzó la voz Barán. Su amigo volteó a verlo mientras seguía prestando atención a su alrededor.
_¡Barán! ¿Que fue tipo, como te ha ido?_ dijo sin tensión alguna en su voz.
_Mejor que a ti, por lo que veo_ respondió Barán.
_Me va mejor de lo que parece. No te vayas a meter_ Adriano volteó a ver a los dos jóvenes_ Ya me aburrí de dar vueltas, muchachones.
Los dos tipos se lanzaron a golpear a Adriano, quien se movió hacia atrás mientras uno de ellos le lanzaba un puño. En seguida le aterrizó una mano en la cara y se movió a un lado para dejarlo caer al suelo. El otro joven venía justo detrás con otro golpe. Adriano se agachó y luego de dejarlo pasar, pegó un salto y lo pateó con el talón en medio de la espalda.
Ambos jóvenes se quedaron en el suelo adoloridos. Adriano esperó por un par de segundos pero ninguno se puso de pie para seguir peleando. En seguida la gente aburrida se dispersó. Adriano se dio la vuelta mientras Charlotte y Barán se ponían de pie y caminaban a la loma donde se sentaban a esperar a sus amigos todos los días.
_Hey, Barán ¿Más o menos cuanto te costó no meterte en esta pelea?_ empezó Adriano con tono burlón. Charlotte sonrió en silencio.
_Si eres idiota. Me dio igual_ respondió Barán muy indiferente_ Es problema tuyo. Pero la pude haber parado de haber querido.
_Lo dudo_ Adriano volteó a ver a Barán, intentando instigarlo a pelear con él, pero Barán parecía estar hablando en serio. Caminaba con la mirada fija en la grama y volteaba a verle sin sonrisa, intentando esconder su amargura.
Adriano saltó hacia un lado y empujó a Barán con una sonrisa burlona en la cara _¿Te vas a poner gafo? Los dos tipos me han estado buscando pelea como por dos semanas y sólo le pegué una vez a cada uno.
Barán siguió caminando inerte al empujón de Adriano, quien ahora volteaba al suelo también un poco molesto. Al ver a Adriano tomarse a pecho la seriedad con la que lo vacilaba, Barán se sintió culpable y desaceleró el paso. Pegó un silencioso brinco a un lado, tirando una patada que parecía un poco muy fuerte para el juego al pie que su amigo llevaba atrás. Adriano tropezó estrepitosamente, pero se enderezó rápido sin dejarse caer al suelo por completo.




