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-¡Soldados del Emperador, debemos escondernos! -exclamó Julián.

Los aldeanos nos escondieron sin perder tiempo en una cueva camuflada en un barranco próximo a una de las casitas. Los jinetes entraron atropellando y gritando, parecían buscar algo o a alguien, quizás a nosotros, pensé.

Interrogaron y esculcaron casa por casa, hasta que se cansaron y desaparecieron tan pronto como habían llegado.

Temo que nos buscan -susurró Julián-. Nuestra misión secreta ya debió llegar a oídos del Emperador.

Mientras compartíamos el jabalí y el tigre con los hambrientos ancianos, mujeres y niños de la aldea, nos enteramos que las huestes imperiales habían devastado esa región en los últimos meses. Robando el ganado y los alimentos, y no conformándose con eso, habían asesinado a casi todos los hombres que trataron de oponerse, por no mencionar lo que hicieron con las mujeres jóvenes.

La carne de tigre, aunque un poco dura, no me pareció tan desabrida. Pero mi amigo lobo resultó más exigente, sólo aceptó la de jabalí.

Los soldados del emperador no eran la única desgracia que azotaba la aldea. Cada noche de luna llena, otro par de jinetes, unos desalmados locos aterrorizaban el pueblito con sus espadas. Les llamaban el Hombre Fiera y el Hombre Caballo, pues según parecía, usaban las cabezas disecadas de un felino y de un caballo a manera de máscaras. Robaban comida y secuestraban a una joven o a un niño a quienes sangraban hasta dejar casi moribundos en el bosque, con algún propósito hechicero, pues no se nos ocurría para qué más necesitaba alguien sangre humana.

-¿Cuándo es luna llena? -pregunté.

-Esta noche -respondió sin siquiera pestañear Julián.

***

Anocheció.

Julián quemaba palo santo.

Pelear contra soldados o bandidos era una cosa, pero contra un par de locos que se creían sanguijuelas era otra cosa. Miré a través de la ventana y observé la blancura del disco lunar que se reflejaba sobre la nieve.

-Una noche hermosa para una batalla -comentario del monje que consideré fuera de lo común. Parecía que disfrutaba el momento. Quise hablar, pero el frío me genera un mutismo infranqueable.

Continuamos a la espera dentro de la cabaña donde nos alojaron los aldeanos. Al rato tocó a la puerta un anciano, el monje abrió, intercambiaron algunas palabras en su lengua. El anciano le entregó un largo paquete de cuero y se fue.

Julián, frente a la mesa, lo desató lentamente. Contenía una extraña pero hermosa espada verde de hoja delgada y con la punta como la saeta de una flecha partida a la mitad.

Tomándola, apuntó al techo y murmuró:

-He aquí la mitad de la Espada Esmeralda. La espada invencible, por fin. Después de casi quinientos años se volverán a unir las dos partes... Un arma que sólo debe servir para el Bien.

-Cuéntame la historia completa, por favor -rogué con curiosidad.

-Hace unos quinientos años dos misteriosos forasteros visitaron a un rey sajón. Como éste los acogió con generosidad, le obsequiaron en agradecimiento una extraña espada de un durísimo metal que brillaba como una lámpara de luz verde, cuya hoja terminaba en saeta. De la que podían surgir dos, pues se dividía en dos mitades. Y según la leyenda, el caballero que mantenga unidas las dos mitades tendrá una espada que lo hará invencible. Los forasteros la llamaban la Espada Esmeralda.

-¿Y qué pasó?

-Cuando el rey presintió su muerte, decidió que nadie en su reino era merecedor de poseerla. Así pues, la dividió. Una de las mitades se la entregó a su confesor, un sacerdote, quien al morir el rey huyó a Roma perseguido por los sajones que buscaban aquella mitad de la espada, la faltante.

"La otra mitad que conservó el rey, fue objeto, al morir éste, de sangrientas disputas entre sus herederos y cortesanos; hasta que nunca más se volvió a saber de ella."

-¡Es esta mitad! ¡Dónde la venimos a encontrar: en una aldea sajona olvidada de Dios!

-Los caminos del Padre son misteriosos -convino Julián-. Este anciano, según me contó, hace años recibió instrucciones del espíritu del rey en un sueño, que cuando apareciera un monje con un halcón sobre sus hombros, acompañado por un guerrero y un lobo, se la entregara.

 

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