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“…Dios te libre, poeta,
de escribir una estrofa que contriste;
de turbar con tu ceño
y tu lógica triste
la lógica divina de un ensueño…”

Amado Nervo

Su nombre de bautizo fue José Amado Nervo Ordaz, desde pequeño la gente se refería a él como Amado. Su nombre es tan perfecto como su literatura.  “Amado Nervo –opinaba el dominicano Bazil  -es un nombre que quien lo viera por primera vez escrito, convencido quedaba de que era un nombre de fácil incrustación en la memoria, en la historia y en la gloria de los pueblos…Quien tal nombre llevare, contrae una responsabilidad histórica”. Mientras que Rubén Darío improvisó una noche en París: “-este del nombre que es una piedra preciosa: Amado es la palabra que en querer se concreta, Nervo es la vibración de los nervios del mal…” (1).

Mexicano. Nació en Tepic el 27 de agosto de 1870. Descendiente de una vieja familia española que se estableció en San Blas a principios de 1700. Hijo de Don Amado Nervo y Maldonado y de Doña Juana Ordaz Núñez. Fue el mayor de seis hermanos: Francisco, Luis, Rodolfo, Ángela, Elvira y Concha, así como dos hermanas adoptivas: Virginia y Catalina Cadenne. Todos ellos crecieron en un escenario provincial envidiable en donde la plaza era el centro de reunión y el  Templo sin atrio pero con cementerio acogía venerablemente a los feligreses que lo abarrotaban los domingos. Nervo siempre hacía alusión a las noches profundas de su región, las temporadas de lluvia, los cocuyos y los pasos de la gente del pueblo. En diversas ocasiones se refirió a su casa provincial, actualmente ubicada en la calle Zacatecas norte número 284 en Tepic, Nayarit, las habitaciones en ella estaban dispuestas alrededor del patio enorme. También había un pozo en el que él y sus hermanos se divertían arrojando piedras con el objeto de escuchar a las ranas croar. Cuentan que tenían como mascota una tortuga que sacaba y metía la cabeza de su caparazón asustada de tanto bullicio. Esto sirvió de inspiración para que los hermanos crearan los siguientes versos que solían cantar divertidos:

En el brocal del pozo de agua
Hice un buque de papel
El barquito no navega
Pues no tiene timonel.

La tortuga se encarama
Boga, boga, boga en él.
La tortuga la dirige
Más no tiene timonel.

Refiere Amado Nervo que siendo un niño una de sus hermanas, como travesura leyó en familia algunos de los versos que aquel escribía a escondidas. Su padre los escuchó con el ceño fruncido pero no dijo nada.  Tenía un almacén conocido como “El puerto de San Francisco”, según el autor, si la oposición de su progenitor hubiese sido mayor habría encaminado su vida a amasar su fortuna a expensas del dinero de los demás.  Por su parte, la madre de Amado nada dijo pues ella misma escribía versos en secreto.

Para Nervo, los recuerdos y remembranzas de su infancia son esenciales y constituyen el centro mismo de su talento. Constantemente rememoraba esas mañanas en que su madre y la nana trabajaban incansables en el gran cuarto del fondo que estaba destinado a la cocina para preparar los alimentos que la familia habría de llevarse a la boca. También hace alusión a la gran tina de madera colocada por la Nana  en el centro de la recamara con objeto de que se asearan y para lo cual les calentaba agua en un brasero en el patio que luego acarreaba en cubetas.

Su primer acercamiento con las letras se dio a través del libro de recetas de su madre “La cocinera poblana”. Es entre estas páginas que comprende el peso de las palabras impresas y como sucede con muchos escritores, la marca imperecedera que permanece de esos recuerdos en familia son los que trazan después el camino de las letras que habrán de seguir. En su caso fueron las tradiciones religiosas que su madre mantenía celosamente en forma de inciensos e imágenes para alabar. Del baúl en la esquina de la habitación materna repleto de recuerdos entrañables, de las historias de la vida de los Santos que les refería la abuela Cecilia y las ficciones de hadas y princesas que la Nana les contaba concienzudamente cada día.

Cursó la primaria en una escuela particular de su ciudad natal manejada por dos solteronas católicas en donde, junto con sus hermanos varones, aprendían de doctrina cristiana, lectura, escritura, aritmética, geometría, historia sagrada, geografía, urbanidad y moral de la mano de textos como La Gramática de Quiroz, y Velázquez, La urbanidad por Carreño, El Catecismo de Ripalda. Todo esto complementado con las lecciones de piano que le dictaba un profesor de música ciego.

Cuando tenía trece años de edad muere su padre, aunque en su autobiografía él asegura que esto le sucedió a los nueve años, sin embargo, al hacer la cuenta del año en que nació y el año en que falleció su padre  suman 13. Fue un 18 de julio de 1883, víctima de la fiebre amarilla. Años más tarde en Serenidad dedica unos versos a su progenitor amado:

Aún vibra en mi oído tu acento sonoro,
Aún miro en mis sueños tu faz monacal,
Tu lejano aspecto de leyenda de oro,
Tus largos cabellos, tu barba fluvial.

Aún veo en tus manos exangües y largas,
Pródigas de dones y de bendición,
Subrayar las prédicas unciosas o amargas
Que me conducían a la perfección.

¡Oh Padre! ¡Oh Custodio!, ¿Por qué te me fuiste?
Bien ves que me faltas, bien ves que me pierdo
En los laberintos de la vida triste
Y que ansiosamente, desde que partiste,
Vivo asomado a tu recuerdo…

Su madre lo envía, al enviudar, al Colegio de San Luis Gonzaga de Padres Romanos en Jacona, Michoacán. El mismo escritor declara que ese fue el término de su infancia. Ahí permaneció en 1884 y 1885. Al terminar su instrucción, ingresa al Seminario en Zamora que también se ubica en el estado de Michoacán para realizar sus estudios preparatorios, comenzando por el latín. Su estancia inicia en 1886 y culmina en 1891. Es ahí que termina sus estudios de bachiller y comienza su instrucción en Derecho Natural.

En este período escribió los cuentos y poemas que conforman Las Mañanas del Poeta compilados por el doctor Alfonso Méndez Blancarte en 1938  editados por Botas, en México. Estas obras están inspiradas por el rechazo de una jovencita de catorce años que le provocó escribir muchos versos entonces y aún después. Fue un libro acogido con gran interés por el público debido a que revela aspectos importantes de la vida y el sentir del escritor. La autobiografía fue escrita entre 1887 y 1890, de los diecisiete a los veinte años, por lo cual, más que un documento de vida es un escrito de desahogo romántico. Las prosas que conforman este libro son los textos que escribió el autor durante sus años de seminarista en Michoacán, estudios en los que no llegó a más debido al gusto que tenía por las mujeres ya desde entonces. Dicen que el director de dicha institución, habló con él para decirle: "Vete a Tepic y piénsalo. Regresa si estás convencido" y por supuesto nunca regresó.  Por lo tanto, este libro es de gran valor porque nos muestra esos intentos primitivos con todo y sus pequeñas fallas en la construcción de las frases, aunque muchos conocedores han afirmado que con una ligera corrección muchos de esos cuentos bien podrían haber figurado junto con los otros que escribió años después, cuando ya había alcanzado la perfección literaria.

Sus esfuerzos incipientes de hacer literatura, en tiempos de estudiante, oscilan entre el verso y la prosa indistintamente. Ya después sabría que la poesía era su lenguaje natural por ser la que hacía perfecta comunión con su sentir y por ello escribió tantos y tantos versos, pero también comprendió que la prosa era la que le daba para vivir y creó innumerables obras narrativas. “Dios me había hecho poeta y ya se sabe que un poeta es un pobre loco, apasionado por todo lo bello, por todo lo misterioso, y, añadamos, por todo lo triste” escribió alguna vez Amado Nervo.

Un incendio devora el negocio familiar en Tepic y Amado se siente con la obligación de dejar los estudios para ir en auxilio de su familia, se dice que el siniestro puso en manos de Nervo el pretexto perfecto para desertar. Comenzó a trabajar como dependiente mayor de un almacén de ropa en Tepic llamado “La Torre de Babel” y como cronista de El Correo de la Tarde. Un vespertino fundado en el Puerto de Mazatlán, Sinaloa, el 14 de junio de 1885. Aquí comenzó a colaborar un 13 de septiembre iniciándose como cronista, su columna consistía en una serie de semblanzas versificadas. Es hasta entonces cuando se encuentra con las obras de Rubén Darío, José Martí y Manuel Gutiérrez Nájera.

En septiembre de 1892 comienza a trabajar en El Correo en sustitución del cronista y periodista sinaloense José Ferrel, en donde permanece hasta 1894. Sus textos destacan por la combinación de lo provincial con todo y su perfume melancólico con el modernismo de las tertulias literarias y las redacciones de los periódicos metropolitanos.

Amado escribió sus crónicas en aquellos tiempos amparado con el seudónimo Román, primero, y de Duque Juan después, situación que luego fue aprovechada por algunos escritores que peleaban la autoría de esos versos asegurando ser ellos quienes ostentaban esos seudónimos, entre ellos, José Conde y Rafael Martínez Rubio. Nervo nunca desmintió esas afirmaciones como tampoco se preocupó por rebelar el nombre de los diarios en los que inició su incursión literaria. Solamente en una entrevista concedida en 1906 menciona que gracias a una buena amistad del licenciado Galán con su abuelo  consiguió colaborar en El Correo de la Tarde sin mencionar siquiera los seudónimos en cuestión. El autor guardó con tanto celo esa etapa de su vida que terminó prácticamente sepultando sus inicios literarios en Mazatlán.

Genaro Estrada fue quien se encargó, años después,  de realizar la relación de estos trabajos periodísticos y literarios que todavía delataban un poeta novel que aprovechaba los clichés establecidos para hacer sus versos: ojos aterciopelados, boca fresca, dientes lácteos, piel de seda, etc. Y fue en esta época donde sucedió aquella famosa anécdota en la que una joven se molesta con Nervo porque se refiere a ella como belleza morena y citándolo para que se convenciera de su error lo obliga a rectificar por lo cual, al día siguiente publicó de ella que “era blanca, dulce y sabrosa como un verso de Garcilaso”.

En 1894 decide partir a la ciudad de México. Toma por costumbre recorrer  frecuentemente la antigua calle de Plateros, hoy Madero, socorriendo a los limosneros con generosas dádivas, sin percatarse siquiera que él mismo se quedaba sin dinero. Refiere en los testimonios de vida que dejó escritos Tuve que lucrar el pan de estanquillero y hasta de tablajero en el Rastro, viví regularmente o de un empleo, o de algo más prosaico; a veces de tendero, a veces carnicero, a veces "coyote" y a veces, muy raras... negociante en grande". 

El poeta Luis G. Urbina, refiere que Manuel Gutiérrez Nájera, con quien el escritor funda después la publicación de renovación artística Revista Azul platicaba cómo había sido su primer encuentro con Amado Nervo: “Estaba en la puerta del Partido Liberal, en 1894, escuálido, de estatura mediana, piernas largas, huesudo, con su levitón clerical negro, facciones aguileñas, piel pálida y amarillenta, labios delgados y escaso bigote recién salido. Daba la impresión de ser un seminarista pueblerino. Movimientos lentos, ademanes zurdos y el hablar cantado provinciano tan característico. Pero por encima de todo eso, lo que quedaba intacto en la memoria era su mirada soñadora y dulce que por momentos se tornaba intensa y encendida y las manos gesticulantes acompañando su verbosidad a medida que iba adquiriendo confianza”. No se había equivocado, estaba delante de un provinciano, de un seminarista y de un poeta.

Amado Nervo había llegado en busca de gloria con su tomo de versos inéditos bajo el brazo a la capital. Los escritores de la época lo acogieron con simpatía y enseguida fue invitado a las tertulias que se organizaban en donde departía con Manuel José Othón, Luis G. Urbina, José Juan Tablada, Jesús E. Valenzuela y Micrós.

José Castellot le otorgó a Nervo un puesto en una institución financiera y Jesús Valenzuela lo asoció a la Revista Moderna. Esto ayudó notablemente al joven quien libre de problemas financieros pudo alcanzar entonces el éxito gracias a la publicación en corto tiempo de su historia El bachiller: Novela corta con rasgos naturistas que no pasó desapercibida. En ella, pinta admirablemente el medio en el que transcurrieron sus años juveniles. Escrita en 1895, fue esta obra la que le abrió paso en las letras y lo ayudó a forjar un lugar en este tenor. Las alabanzas que se ganó con ella no fueron pocas.  El bachiller fue calificada como una  obra maestra  breve llena de novedad y osadía.

Durante esta época,  escribió bajo el seudónimo de Rip-Rip en homenaje al cuento de Gutiérrez Nájera que lleva el mismo nombre. En sus trabajos se revela ingenioso, perspicaz y excelente retratista, en donde desarrolla vida y obra de escritores de su época a los que más tarde habrá de conocer y con algunos de ellos, hasta competir: Micrós, Manuel Larrañaga Portugal, Antonio Zaragoza, Antonio de la Peña y Reyes, José María Bustillos, Luis González Obregón, Rafael Delgado, el Padre Pagaza, Luis G. Urbina, Ezequiel A.Chávez, Fernangrana, Jesús E. Valenzuela, Balbino Dávalos, Francisco M. de Olaguíbel, José P. Ribera, Carlos Díaz Dufoo, Francisco Bulnes, Federico Gamboa, Rafael de Alba y Alberto Leduc entre otros.

Luego siguió Perlas Negras y Místicas, poemarios modernistas. Viaja entonces a Europa como corresponsal del Diario Edmundo a la Exposición Universal, en este primer viaje obtuvo grandes experiencias. Es ahí donde conoce e inicia una estrecha amistad con Rubén Darío y Leopoldo Lugonés, en ese tiempo vivían en París varios escritores, periodistas, artistas plásticos y músicos latinoamericanos que conformaban un grupo que se frecuentaba con bastante regularidad, entre ellos Carlos Díaz Dufóo, Justo Sierra, Luis Quintanilla, Gustavo E. Campa, Jesús F. Contreras, Guillermo Valencia, Enrique Gómez Carrillo, Manuel Ugarte y Jean Moreás.

Nervo se instala en una modesta vivienda de la Rive gauche, en París trabajó, luchó y vivió casi de milagro. Al trabar amistad con Darío termina por mudarse al piso que éste habita en Montmartre, es entonces cuando la amistad entre ambos literatos se fortalece  de manera especial.

En 1901 llega a la ciudad la hija de un jardinero a la que Darío lleva a vivir con ellos. Amado la llamaba “La princesa Paca” y fue él quien la enseñó a leer. Nervo se había relacionado hasta entonces con no pocas damas, entre las que se conocen figuran: Antonia Méndez, una mujer francesa llamada Amelia, y en Argentina: Carmen. Pero sin duda alguna, el amor de su vida fue aquella dama que lo marcaría por el resto de sus días: Ana Cecilia Luisa Dailliez.

En ese tiempo llevaba barba y lucía una delgadez absoluta, la mirada penetrante y su aire bohemio lo hacían parecer israelita, sus amigos parisinos lo apodaban Monsieur le Christ (Señor Jesucristo). El mismo Rubén Darío improvisó para él un soneto en el que rezaba: “Amado es la palabra y en querer se concreta…fraile de los suspiros, celeste anacoreta…” Esta última aseveración se la ganó debido a que en esas noches de fiesta por las calles parisinas Amado desapareció, lo encontraron horas después extasiado en una iglesia escuchando un concierto de música sacra.

Regresó en 1902 de París, declarando:

Y he sentido en los saraos la amargura de la muerte
Y he sentido ante la muerte la alegría de los bailes.

Lo reciben con agrado en los salones de la aristocracia en donde hace gala de su mejorada condición de conversador, sus versos Modernistas son publicados y comienza a recibir invitaciones para leer en público sus obras y dirigir comedias. Algunos escritores y artistas lo miran con recelo y competencia, otros con agrado, pero sin que nadie le atacara nunca abiertamente.

En ese año publica “El éxodo y las flores del camino” que fue escrito en París y contiene la colaboración del dibujante Julio Ruelas. En él reúne por primera vez sus crónicas de viaje publicadas en El Mundo, El Imparcial y La semana. La mayor parte de ellas se refieren a París en los días de la Exposición, pero esas crónicas resultan poéticas y descubren su amor por la ciudad de las luces.

Trabaja como inspector de enseñanza literaria y como profesor en la Preparatoria. Vive con  Ana Cecilia Dailliez, inspiradora de los poemas La amada inmóvil y El estanque de los Lotos,  a quien conoció el 31 de agosto de 1901 en París en una calle del Barrio Latino y que llegó con su hija desde Francia para vivir como una sombra del poeta. Salían a pasear de incógnito para no exponer al escarnio su amor libre, era su musa enjaulada. Con ella visitó Venecia, Munich, Florencia y otras ciudades europeas hasta que Rubén dejó París y con él se marcharon los trabajos de traducción que le conseguía a Nervo para que éste se hiciera de un dinero extra, luego, el periódico dejó de enviarle el sueldo y no le quedó más remedio al poeta que regresar a México, instado por Justo Sierra que le ofreció en París la ayuda necesaria para la colocación en su país de origen.

En 1906 publica Los jardines interiores poemas ilustrados por Julio Ruelas y Roberto Montenegro. En ese mismo año solicita y obtiene mediante un examen presentado ante la Secretaría de Relaciones Exteriores su ingreso en el Servicio Diplomático. A partir de entonces estaba obligado a vestir uniforme brillante consistente en sombrero de picos, casaca y espadín florentino. Se afeitó la barba y detalló más su aspecto personal, de manera que cuando regresa a Europa es un hombre muy diferente al bohemio que llegó la primera vez.

Se marchó a España al ser nombrado segundo diplomático de la Embajada de México en Madrid, ahí vuelve a ejercer como corresponsal. Su estancia en la ciudad no representó gran adaptación debido a que el idioma era el mismo que él hablaba, encontró bastantes amigos instalados ahí, tenía facilidad para editar y difundir sus obras y sobretodo, encontró el apartamento ideal que le permitía disfrutar de la naturaleza y salvaguardar el secreto de su doble vida.  

Se instaló en el piso segundo izquierdo del número 15 de la calle de Bailén. En Los balcones libro en el que relató sus impresiones madrileñas existe un  capítulo en el que se describe el paisaje visto desde el balcón de su piso, desde donde no solo se extasiaba contemplando los parajes que se extendían ante sus ojos en “el oro de la mañana” como decía, sino que también lo aprovechaba para observar con su telescopio las estrellas, ya que la astronomía era otra de sus pasiones.

Pero tampoco en Madrid nadie, ni los porteros, supieron nunca de la existencia de Ana Cecilia “aparentemente vivía solo -escribe Nervo en el prólogo de “La amada inmóvil”- y muy raro debió ser el amigo cuya perspicacia adivinara que a dos pasos de él, latía por mí, por mí solo el corazón más noble, más desinteresado y afectuoso sobre la tierra”.

Ante los ojos de cualquiera pensar que se puede tener a una persona oculta en una habitación sin que nadie sepa de su existencia puede sonar como un cuento bien planificado, una leyenda. Pero según José Simón Díaz quien se dio a la tarea de investigar la Sección de Estadística del Archivo de Villa, no era solo una persona la que vivía con Nervo en aquel piso, sino que en total se alojaban cinco personas en la vivienda: Amado Nervo como cabeza de familia, Elisa Largillier como su compañía, Cecilia Dailliez, hija de la anterior, Inocencia Carrero, criada y Lucía de las Heras, criada. Sin embargo, se deduce que estos datos también son producto de una falsedad ya que Elisa Largillier era la madre de Ana Cecilia y no podía ser dama de compañía una mujer de 65 años de un hombre de 40. Nada mencionan de Margarita, hija de Ana Cecilia que desde los cinco años vivió con ellos.  

Amado Nervo tuvo contacto con la realeza española y en sus crónicas narraba a los lectores mexicanos los sucesos españoles. Al mismo tiempo, frecuentaba los salones aristocráticos, y teatrales de los que también reseñaba puntualmente en sus columnas.

Entre los años 1906  y 1910 colaboró repetidas ocasiones con la revista “El Ateneo” que fue para muchos escritores hispanoamericanos que viajaban a Madrid una plataforma vital que marcó positivamente sus trayectorias. Conoció también a Unamuno que lo influyó notablemente, a Bergson y Maeterlink. Ocupó la tribuna de oradores para recitar poemas de otros escritores tanto como para dar a conocer sus propias obras. Sentía una especial admiración hacia las obras y la persona de Benito Pérez Galdós. Echegaray, Benavente y Manuel Machado también fueron relevantes para él en su quehacer literario. Pero sin duda alguna, quien lo llegó a conocer mejor que nadie y fue el gran amigo de su vida es Rubén Darío. Esa etapa en Madrid fue muy productiva para él pues escribió 10 libros.

Se interesó en la oratoria y gustaba de escuchar los debates de La Corte para aprender de los discursos de toda clase de personas en diferentes clases sociales, edades y culturas. En 1914, se aprobó en España una iniciativa que proponía que le otorgasen a Nervo 7,500 pesetas anuales, mismas que el poeta rechazó con dignidad declarando que su amor a España se debía a su grandeza y solo eso le bastaba.

Su cada vez más creciente actividad literaria y compromisos sociales fuera de su piso y la tranquilidad y serenidad que disfruta dentro de él se rompen en mil pedazos el 17 de diciembre de 1911 cuando la salud de Ana Cecilia se fractura a manos de la  fiebre tifoidea, enfermedad de la que es atendida a escondidas por Nervo hasta su muerte la noche del 7 de enero de 1912.  Amado se veía en verdaderas apuraciones angustiosas cumpliendo con sus actividades diplomáticas y atendiendo al mismo tiempo en secreto a la enferma que cada día empeoraba sin remedio. El cadáver fue velado por Nervo en la soledad de aquel apartamento y de tanto dolor surgió La amada inmóvil que comienza de la siguiente manera:

En memoria de ANA
Encontrada en el camino de la vida
el 31 de agosto de 1901.
Perdida — ¿para siempre?— el 7 de enero de 1912.

En este libro Nervo, de 41 años de edad, reflexiona toda clase de conjeturas sobre la muerte, acerca del más allá y ofrece a Dios su infinito sufrimiento a cambio de que le ayude a calmar el dolor.  De esta manera va del desconsuelo a la esperanza, del miedo a la ofrenda, de la duda a la redención en una serie de poemas debidamente fechados, los cuales complementa con citas de escritores que también han padecido el suplicio del fallecimiento de la persona amada. Comienza nombrando a Ana con desesperación y termina llamándola ideal. Tardó 11 meses en concebir su poemario en el que recrea la hermosura, la ternura y delicadeza de la mujer de quien guarda como recuerdo su rubia trenza, su perfume y su chal. Pero también destaca la valentía de ésta ante la muerte, su agonía sufrida con entereza. La reconoce frágil, piadosa e irremplazable.

Nervo reconoce su deseo de morir pronto sintiéndose desolado en esta vida, pero también relata la cobardía que le impide hacerlo pues desea más que nada en el mundo, reunirse con ella en la eternidad. Se quedó al cuidado de la hija de Ana que en aquel tiempo tenía 11 años de edad, e incluso vivía temeroso de que el gobierno francés la reclamara y se la llevara de su lado. No descansó hasta que el 16 de abril de 1912 el Tribunal de la Seine lo designa tutor de Margarita. Vivió sólo 7 años después del fallecimiento de su gran amor, finalmente el dolor lo consumió de a poco y convirtió su vida en un purgatorio.

Se conserva en Madrid una placa en el edificio Bailén con una inscripción compuesta por el escritor y embajador José María Alfaro y otra en el nicho 213 del cementerio de San Lorenzo y San José, donde el poeta mandó sepultar a su amada inmóvil. La lápida de mármol negro era visible desde el  otro lado del Río Manzanares. El 24 de mayo de 1918 sale de España con Margarita para viajar por dos meses a México, aquí comprueba que se ha vuelto un hombre famoso siendo aclamado como “El primer poeta de América”.

Plenitud surgió en este año cautivando al público hispano gracias a la pureza de su pensamiento, la claridad de sus ideas y el tono dulce de su narrativa. Obra digna de un poeta místico y pensador estoico.

El Presidente Carranza lo nombra Ministro Plenipotenciario en Argentina y Uruguay, por lo cual se ve obligado a viajar sin que la vida le otorgara la oportunidad de regresar a Madrid pues le sorprende la muerte en Montevideo en 1919.

El gobierno de ese país decreta duelo nacional, el cuerpo fue embalsamado y conducido al salón de actos de la Universidad en donde permaneció dos días. Una avalancha de gente de todas clases sociales se desbordó para darle el último adiós llenándolo de flores y muestras de cariño y pena por su partida. Los libros de firmas que se pusieron para recoger los pensamientos de los visitantes fueron varios, repletos de principio a fin.

A las tres de la tarde del día 26 los profesores de la Universidad bajaron el féretro por la escalinata para rendirle honores y pronunciar oraciones a su favor, once literatos hicieron uso de la palabra enalteciendo la vida y obra del escritor y lamentándose por la pérdida sufrida. Después el cadáver fue depositado en el cementerio central junto a los restos hombres destacados en Uruguay. Esta ceremonia fue presidida por el Presidente de Uruguay Baltasar Brum, el encargado de negocios de México y un representante de la familia de Nervo. En el trayecto de la Universidad al panteón, la gente iba arrojando flores al ataúd lamentando la muerte del poeta.

Meses después comienza el viaje de regreso a su Patria, el féretro fue embarcado en el buque de guerra Uruguay siendo escoltado por el crucero nueve de julio representando a Argentina. Por solicitud expresa del gobierno cubano, el cuerpo es llevado hasta La Habana para recibir los honores póstumos. Un gran número de guirnaldas fueron ofrendadas en su honor, los discursos no se hicieron esperar y el gobierno determinó que un buque de guerra cubano se agregara a la comitiva para escoltar los restos. El buque escuela Zaragoza, de México, se une a ellos en Cuba y emprende el regreso junto con el resto de la comitiva.

Su cadáver llega a México cuatro meses después de su fallecimiento cubierto el féretro de banderas de los países por los que pasó en su ruta marítima. El 10 de noviembre de 1919, a las tres de la tarde llegan a Veracruz ante unas veinte mil personas que ya lo esperaban con ansiedad. El cortejo fúnebre naval era imponente, digno de un monarca o de un emperador, al entrar al puerto, cada navío disparó 21 cañonazos que fueron respondidos por la Capitanía del Puerto.

El cielo se ensombreció con nubarrones negros que presagiaban tormenta, y sucedió que en el momento preciso en que las salvas dejaron de tronar un grupo de gaviotas llegó a posarse sobre el buque Uruguayo en el que viajaba el poeta fallecido, minutos después, la tormenta comenzó con  fuerza y vigor.

Los restos de Nervo serían entregados a las diez de la mañana del 11 de noviembre. La comitiva seleccionada para tal efecto encontró el ataúd colocado en el alcázar del buque, escoltado por oficiales de marina ataviados con elegante uniforme. El capitán del buque  uruguayo pronunció un discurso que finalizó con la siguiente frase: “Ahí lo teneís, os entrego lo único que se puede entregar del poeta muerto; sus restos mortales. En cuanto a Amado Nervo inmortal, no puedo entregároslo porque también nos pertenece, porque pertenece a las glorias literarias de Hispanoamérica”.

El ataúd fue cargado por seis alumnos de la Academia Naval y seis alumnos de la Academia del Estado Mayor, en cuanto tocaron suelo mexicano las metrallas resonaron de nuevo. Llegaron al Teatro Principal, luego de más de tres horas debido a la cantidad de personas en las calles que impedían el paso apresurado de la comitiva fúnebre. El teatro ya estaba preparado para la llegada del poeta con cortinas negras y muchas flores  que aumentaron en número gracias a la gente que no dejó de circular  con la idea firme de lograr dejar su ofrenda.

El 12 de noviembre fue depositado en el tren para ser llevado a México. En  cada una de las estaciones por las que la locomotora atravesó, grupos de personas vestidas de blanco y con gardenias entre las manos esperaban para despedir al poeta. La estación de Buenavista, en México albergaba a funcionarios, integrantes de grupos literarios y público en general entre cortinas negras, ramos de flores y banderas de diferentes países. A las ocho de la mañana del día 13 arribó el tren ente marchas y música fúnebre tocada en vivo por bandas de música. El féretro fue llevado al Patio Central de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Ahí siguió siendo objeto de homenajes y honores hasta el día siguiente en que finalmente fueron depositados sus restos en la rotonda de los hombres ilustres en el Panteón Dolores.

En 1933 Margarita rescata de una bodega todas las pertenencias dejadas en Madrid para llevarlas a su residencia en la calle de Francisco Murguía 18, ahí reconstruye milímetro a milímetro el piso de Madrid con exactitud.

La obra del escritor tiene muchos lectores y lectoras, siempre fue como su nombre: amado. Y muchos han creído, como lo pensaron entonces, que Amado Nervo es un seudónimo cuando en realidad, en el nombre mismo llevaba el sello de su destino grabado, por la musicalidad que lo hacía atractivo y que en poesía no era más que una extensión de su genialidad.

Fue un escritor que incursionó tanto en verso como en prosa. Narrador, ensayista, divulgador de ideas y crítico aunque todo  el mundo lo visualiza como poeta. Para sus admiradores, estas obras son solo una extensión de su poesía, producto del cansancio que debía producirle escribir contando sílabas, cuidando el ritmo y las reglas de poesía tan estrictas y demandantes. Para sus lectores, poesía, prosa, ensayo o lo que sea que haya surgido de su pluma no es más que un canto cautivador emitido en diferentes escenarios.

En la poesía Nervo rara vez hace uso de las costumbres de su pueblo para versar, pero en sus artículos periodísticos siempre destacó la simpleza de los pueblos, la desfachatada belleza de la sencillez, de lo natural, de las costumbres mexicanas provinciales con sus casas de tejas rojas y sus calles empedradas, objetos, colores, aromas, rostros y cabelleras negras fueron traídas hasta el papel constantemente de su pluma, pero también la unión familiar, los lazos de sangre, la afectividad entrañable de hermanos, primos, padres y abuelos. Y sin embargo, fue la poesía su vida misma. Cada verso borda su espíritu y constituye una de las inquietudes de su alma, Poesía y Nervo son una misma cosa, un solo elemento.

Quienes pudieron escuchar los versos de Amado recitados por él mismo, con esa voz magnética y tersa sintieron las palabras perdidas en las hojas, el influjo de su palabra era hipnotizador. Veinticinco años después de su muerte, es el poeta más leído en nuestro idioma.

EN PAZ

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida, 
porque nunca me diste ni esperanza fallida, 
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; 

porque veo al final de mi rudo camino 
que yo fui el arquitecto de mi propio destino; 

que si extraje la miel o la hiel de las cosas, 
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas: 
cuando planté rosales, coseché siempre rosas. 

...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno: 
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno! 

Hallé sin duda largas noches de mis penas; 
mas no me prometiste tú sólo noches buenas; 
y en cambio tuve algunas santamente serenas... 

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. 
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

-AMADO NERVO-

 

 

(1).-Tomado de Introducción a las prosas pp. 9-10. GRANDES CLÁSICOS. AMADO NERVO. OBRAS COMPLETAS TOMO I. Editorial Aguilar. México, 1991.

BIBLIOGRAFÍA:

ENCICLOPEDIA DE GRANDES PERSONAJES. Editorial NAUTA. Barcelona, 2002.

POESÍA UNIVERSAL. Editorial Temática UTEHA. México, 1980.

GRANDES CLÁSICOS. AMADO NERVO. OBRAS COMPLETAS TOMO I. Editorial Aguilar. México, 1991.

MONSIVAIS, Carlos. “LOS AÑOS PRIMEROS. LA FORMACIÓN Y LA VOCACIÓN”. YO TE BENDIGO, VIDA: AMADO NERVO. CRÓNICA DE  VIDA Y OBRA, Gobierno del estado de Nayarit, México, 2002.

ORTIZ De Montellano, Bernardo. “Figura, amor y muerte de Amado Nervo (fragmento)”. Ediciones Xóchitl, México, 1943.

DÍAZ, José Simón. “AMADO NERVO Y MADRID”. ANALES DE LA LITERATURA HISPANOAMERICANA. Editorial Complutense, Madrid, 1993.

MÉNDEZ Padilla, Perfecto. “LAS EXEQUIAS DE NERVO”. Revistas de revistas, año XXVI número 1358, 24 de mayo de 1936.

SITIOS DE INTERNET CONSULTADOS:

http://www.amadonervo.net/

http://bibliotecadigital.ilce.edu.mx

http://www.librosgratis.org/la-amada-inmovil-de-amado-nervo.html

http://blogs.periodistadigital.com/nidopoesia.php

 

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