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Se conserva en Madrid una placa en el edificio Bailén con una inscripción compuesta por el escritor y embajador José María Alfaro y otra en el nicho 213 del cementerio de San Lorenzo y San José, donde el poeta mandó sepultar a su amada inmóvil. La lápida de mármol negro era visible desde el  otro lado del Río Manzanares. El 24 de mayo de 1918 sale de España con Margarita para viajar por dos meses a México, aquí comprueba que se ha vuelto un hombre famoso siendo aclamado como “El primer poeta de América”.

Plenitud surgió en este año cautivando al público hispano gracias a la pureza de su pensamiento, la claridad de sus ideas y el tono dulce de su narrativa. Obra digna de un poeta místico y pensador estoico.

El Presidente Carranza lo nombra Ministro Plenipotenciario en Argentina y Uruguay, por lo cual se ve obligado a viajar sin que la vida le otorgara la oportunidad de regresar a Madrid pues le sorprende la muerte en Montevideo en 1919.

El gobierno de ese país decreta duelo nacional, el cuerpo fue embalsamado y conducido al salón de actos de la Universidad en donde permaneció dos días. Una avalancha de gente de todas clases sociales se desbordó para darle el último adiós llenándolo de flores y muestras de cariño y pena por su partida. Los libros de firmas que se pusieron para recoger los pensamientos de los visitantes fueron varios, repletos de principio a fin.

A las tres de la tarde del día 26 los profesores de la Universidad bajaron el féretro por la escalinata para rendirle honores y pronunciar oraciones a su favor, once literatos hicieron uso de la palabra enalteciendo la vida y obra del escritor y lamentándose por la pérdida sufrida. Después el cadáver fue depositado en el cementerio central junto a los restos hombres destacados en Uruguay. Esta ceremonia fue presidida por el Presidente de Uruguay Baltasar Brum, el encargado de negocios de México y un representante de la familia de Nervo. En el trayecto de la Universidad al panteón, la gente iba arrojando flores al ataúd lamentando la muerte del poeta.

Meses después comienza el viaje de regreso a su Patria, el féretro fue embarcado en el buque de guerra Uruguay siendo escoltado por el crucero nueve de julio representando a Argentina. Por solicitud expresa del gobierno cubano, el cuerpo es llevado hasta La Habana para recibir los honores póstumos. Un gran número de guirnaldas fueron ofrendadas en su honor, los discursos no se hicieron esperar y el gobierno determinó que un buque de guerra cubano se agregara a la comitiva para escoltar los restos. El buque escuela Zaragoza, de México, se une a ellos en Cuba y emprende el regreso junto con el resto de la comitiva.

Su cadáver llega a México cuatro meses después de su fallecimiento cubierto el féretro de banderas de los países por los que pasó en su ruta marítima. El 10 de noviembre de 1919, a las tres de la tarde llegan a Veracruz ante unas veinte mil personas que ya lo esperaban con ansiedad. El cortejo fúnebre naval era imponente, digno de un monarca o de un emperador, al entrar al puerto, cada navío disparó 21 cañonazos que fueron respondidos por la Capitanía del Puerto.

El cielo se ensombreció con nubarrones negros que presagiaban tormenta, y sucedió que en el momento preciso en que las salvas dejaron de tronar un grupo de gaviotas llegó a posarse sobre el buque Uruguayo en el que viajaba el poeta fallecido, minutos después, la tormenta comenzó con  fuerza y vigor.

Los restos de Nervo serían entregados a las diez de la mañana del 11 de noviembre. La comitiva seleccionada para tal efecto encontró el ataúd colocado en el alcázar del buque, escoltado por oficiales de marina ataviados con elegante uniforme. El capitán del buque  uruguayo pronunció un discurso que finalizó con la siguiente frase: “Ahí lo teneís, os entrego lo único que se puede entregar del poeta muerto; sus restos mortales. En cuanto a Amado Nervo inmortal, no puedo entregároslo porque también nos pertenece, porque pertenece a las glorias literarias de Hispanoamérica”.

El ataúd fue cargado por seis alumnos de la Academia Naval y seis alumnos de la Academia del Estado Mayor, en cuanto tocaron suelo mexicano las metrallas resonaron de nuevo. Llegaron al Teatro Principal, luego de más de tres horas debido a la cantidad de personas en las calles que impedían el paso apresurado de la comitiva fúnebre. El teatro ya estaba preparado para la llegada del poeta con cortinas negras y muchas flores  que aumentaron en número gracias a la gente que no dejó de circular  con la idea firme de lograr dejar su ofrenda.

 

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