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Como dato curioso, la guerra en Chechenia acabó cuando los grupos económicos extranjeros fueron puestos a raya. La economía nacional se niveló cuando Rusia comenzó a vender su producto nacional a precios europeos a los mismos europeos (cosa que a los europeos disgustó muchísimo). Estados Unidos dejó de pregonar su punto de vista de la democracia y meter sus narices en los asuntos netamente nacionales de Rusia después de que quedó demostrado (a las malas) que a los rusos les importa un pepino su punto de vista. Y el argumento de la intención bélica de Rusia quedó sin base, cuando Rusia firmó todos los acuerdos que le propusieron y los cumplió y sigue cumpliéndolos al pie de la letra, aunque occidente incumple olímpicamente hasta la fecha sus propios compromisos.

Sólo unos pocos políticos, magnates y dueños de imperios económicos forjados en la década de los 90 (cuando el pueblo ruso literalmente se moría de hambre ¿cómo diablos uno hace plata cuando alrededor todo es miseria?) lloran los ocho años que Pútin ha estado en el poder y ávidamente esperan que se vaya (como otro apunte, desde hace 4 años que los rusos están preocupados que Pútin se va e incluso han propuesto que se amplíen las veces que un presidente pueda ser reelecto – en Rusia puede ser reelecto una vez –, a lo que Vladímir Vladímirovich públicamente se ha negado, ya que, según él, “no es democrático para un presidente modificar la constitución para mantenerse en el poder, ni políticamente correcto”).

Occidente está molesto, muy molesto con Rusia, porque Pútin no permitió que hicieran con el país lo que les viniera en gana. Logró demostrar algo único para nuestra época: un presidente que de verdad trabaja para y por el pueblo y sabe qué es democracia y la respeta. ¡Ojala en occidente los políticos – en lugar de permitir que los medios, controlados por los mismos grupos económicos que intentaron apoderarse de Rusia,  manipulen la información y presenten a Rusia como una nevera y a Pútin como al oso rabioso que quiere la dictadura y niega la democracia que los gentilhombres de bien (como Estados Unidos, Francia e Inglaterra) traen de “buena fe y con el corazón abierto” al pueblo ruso – tomaran ejemplo de las acciones que un verdadero “hombre de la polis” debe hacer!

Por ejemplo, ¿se imaginan a George W. Bush hijo, el actual presidente de Estados Unidos, respondiendo solito y sin ayuda una conferencia de prensa ante 1500 periodistas, durante 5 horas, sobre temas nacionales e internacionales? Yo no. Nunca he visto esto en occidente. No he visto a un presidente – de cualquier país supuestamente democrático – rendir cuentas ante el pueblo sobre lo realizado durante la semana, durante el mes y durante el año. Prometer y cumplir su palabra. Por ejemplo, una de las preguntas que le hicieron durante la conferencia se refería al aumento de sueldo de las fuerzas militares que no se había llevado a cabo en algunos lugares del país. Al día siguiente, es decir hoy, 15 de febrero de 2008, cuando escribo este artículo, hay investigación y resultados. ¡No hay punto de comparación entre las promesas que he visto de los políticos occidentales al pueblo occidental! Y el motivo es sencillo: el pueblo occidental se acostumbró a que piensen por ellos. Su cerebro se entumió con tantos realities, novelas, concursos por y para el dinero, sexo, sexo, sexo, sexo y más sexo; y la adoración (con todo el sentido expresamente negativo de la palabra) de los ídolos de la televisión, el cine y la música, al punto de darle más importancia al color de la mierda de esas falsas estrellas, que a su propia vida.

Occidente armó un escándalo respecto a la designación de Medvédiev como el “representante” del mismo partido político que Pútin para aspirar a ser su sucesor. ¿Por qué? ¿Qué tiene esto de malo? ¿Acaso en Estados Unidos los demócratas no pueden participar en las siguientes elecciones, si el presidente de turno del país pertenece a su partido? ¿Acaso en Inglaterra ocurre lo mismo? ¿En Francia? No. Entonces, ¿cuál es el problema? La respuesta es muy sencilla. Al pertenecer Medvédiev al partido político de Pútin, es más que probable que continúe con la política del actual presidente de Rusia (quien, dicho sea de paso, tiene un 80% de popularidad - ¿cuánto es que tiene Bush, que no me acuerdo?). Esta política no le conviene a occidente, porque benefició a Rusia, alimentó y vistió a los rusos, levantó al país de las rodillas y puso en cintura a una Unión Europea que babeaba por los recursos naturales de Rusia y unos Estados Unidos, decididos a convertir al país más grande del mundo en una nueva colonia territorial, bajo su influencia “paternal”, como lo hace en Colombia.

Todo lo anterior me permite decir que, como ruso, me siento orgulloso de un presidente como Pútin y desearía que occidente, por lo menos un país de tantos que se denominan democráticos, tuviera un presidente como él. Con profundo pesar comprendo que el 2 de marzo, Rusia elegirá un nuevo líder y, aunque Pútin no se retirará de la política, al que le tocará la difícil tarea de reemplazar a este personaje carismático, inteligente y diplomático; se verá en apuros para llenar los zapatos de este gran hombre.

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