El poeta no se mete en honduras; dice lo que dice como lo siente; y lo siente como muchas otras personas pero, le pone su estilo personal, su marca individual y eso que pueden decir miles él lo hace distinto. No por nada alcanzó el reconocimiento en vida con dos premios importantes de poesía: Primer Premio de Poesía en los Segundos juegos florales de Manizales en 1994 y Premio Nacional de poesía Universidad de Antioquia en 1995. Por algo se afirma que no es lo que se dice sino como se dice.
Ningún artista es lo que es por votación, el arte no es democrático, la calidad de unos versos no la determina la cantidad de libros vendidos o de lectores, Carlos Héctor no dejó éxitos de ventas en librerías pero su herencia puede trascender los límites geográficos por la calidad indudable que posee. Dejó tres libros publicados: “Manos ineptas”, “Ahasverus” y “Poemas de amor y desamor”, amén de cientos de poemas inéditos. Para completar su semblanza debo agregar que El ensayo fue otro de sus fuertes. Con desconocimiento de la totalidad de su obra, quiero dar el título de tres de sus trabajos enmarcados dentro del género: “Aproximaciones a una teoría de la poesía”, “La naturaleza sagrada de las bibliotecas” y “El tercer templo”.
Es difícil no dejarse atrapar por la poesía de este extraordinario y joven poeta que se marchó tan pronto. Quiero presentar mis respetos a todos sus coterráneos por el atrevimiento de hablar de alguien de su terruño; todos ustedes, sus paisanos, tienen más argumentos para hablar de su poeta, su amigo, su familiar, su compañero de charlas y de guarapo, el famoso guarapo riosuceño que dio origen a la palabra “guarapómanos” exclusiva de su ciudad. Este forastero en su tierra (yo) tiene un objetivo único al escribir este artículo: rendir un homenaje a su hijo, paisano, amigo, en vísperas de cumplirse los diez años de su fallecimiento.
Para los que no saben Riosucio, en Caldas, República de Colombia, celebra desde 1903 el CARNAVAL DEL DIABLO, patrimonio de la humanidad carnavalera. También el municipio ofrece, todos los años, un evento cultural de suma importancia: el Encuentro de la Palabra. A mí ya me invitó, de manera oral, uno de sus habitantes. Para conocer la cuna de un poeta que me atrapó en la red de sus versos pues pienso ir; nadie más me ha invitado pero tampoco me han dicho que no vaya.
NOTA: Tuve conocimiento de este joven por Fernando W. quien me facilitó, de igual manera, todos los datos que incluyo en el artículo.
Edgar Tarazona Ángel.




