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III
¿Y qué fue del megalito,
aquél que ya no fue visto?.
Eolo apiadándose lo envolvió
y por la Tierra lo sembró.
Es canto rodado en el río
suave, delicado y fino,
es grano de arena en el desierto
cálido y frío al unísono.
Es impetuosa y valiente
pues como montaña se defiende,
es erótica y sensual
pues sirve de lecho conyugal.
Es el consuelo de los lamentos
y la sepultura de los cuerpos interfectos,
es la vida en los campos,
es el tapiz de los humanos.




