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Índice del artículo

IV

Carcelero que camina siempre,
por los largos y fríos pasillos,
no es el mismo que antes me gritaba,
pues aquel ya ha pasado a retiro.

Este trae noticias de afuera,
las entrega los jueves temprano.
Hoy me ha tocado a mi recibirlas,
con la carta que el puso en mi mano.

Me apresuro a leerla en mi celda,
con la luz que entra por mi ventana,
y descubro desdicha en las letras,
que me cuentan de la gran desgracia.

La madre de aquel niño esta muerta,
la encontraron sin vida en su cama.
Le fallo el corazón por cansado,
se murió sin hablar de sus faltas.

Un dolor que me invade de pronto,
con recuerdos que inundan mi mente,
que me llevan atrás en el tiempo,
y me apuntan como a un delincuente.

Ella fue el gran amor de mi vida,
yo por ella hice cosas dementes,
escondidos vivimos romances,
cuyo fruto ella cargo en su vientre.

Fue su esposo quien luego dispuso,
que yo fuera del niño el padrino,
y con culpas acepte la oferta,
pues el era mi mejor amigo.

 

V

Es muy tarde en la noche en silencio,
acostado veo el húmedo muro,
y la luna refleja en sus piedras,
unos ojos y un cuerpo desnudo.

Es la rustica y negra pizarra,
la que use dibujando a mi amada.
Ella ahora se ha unido a los jueces,
desde el cielo me pide olvidarla...

Viviré desde ahora esperando,
el momento de verla de nuevo,
ya no importa si juntos pecamos,
nuestro amor fue ilícito mas sincero.

Mi compadre es la única victima,
solo a el debo pedir perdón.
Le robe el más preciado tesoro,
su amistad yo pague con traición.

Y después de pasar tantos años,
un día el me vino a visitar.
Su mirada era triste y perdida,
de frente no me quiso mirar.

El también cargaba fuertes culpas,
que era lógico y justo entender.
Mas yo debía confesar las causas,
de mi aparente noble proceder.

 

 

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