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En despedida, busqué los besos misteriosos de mis rosas negras
para olvidar el abrigo de sus abrazos escuderos de tanta nieve
cayendo sobre mi vida, sabiendo que después de que se fuera
yo vería al amor jugando con las carcajadas de su misma muerte,
y al morir me dejó de tristeza, un beso a la niebla.

*
Vuelan en los cielos del ayer
todos los abriles que yo conté
desde que no estás,
desde que lloro sin derramar
ni una lagrima.

*

Cómo recuerdo la risa de un niño mirando fantasmas,
aquel año viejo de voces magníficas y nebulosas paralelas
que me contagiaron místico por amar siempre a Mariana,
a su piel que hizo naufragar mis fantasías de aire y candela;
después de eso me miraba y yo, la veía tan lejos…

*
Vuelan en los cielos del ayer
todos los abriles que yo conté
desde que no estás,
desde que lloro sin derramar
ni una lagrima;
¿y por qué se fue, soñando no volver?,
¿por qué su alma se limitó al papel
para ser la carta que el viento leyó
cuando voló, en los cielos del ayer?...


Qué tonto fue, aquel amor,
se marchó cuando mis brazos
sostenían tanta ilusión…

*

 

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