Mirada.
Miradas que suelen matar y las tuyas me transmiten tanta paz;
-¿Pero qué trato de decir?,
¡eso es mentira!,
te odio cuando me ves y siento repulsión por lo que crees-
Nunca encontré consuelo a ello,
Por nunca descifrar lo que tratabas de dar,
A veces los ojos me decían todo;
No querías estar cerca cuando mi alma se desgarraba;
Mientras disfrutabas de hacerlo,
Cuando plantabas señales de locura a lo que yo llamé ternura
Esos ojos, esa nariz, esa sonrisa fingida;
Preparabas el camino para hacerme sufrir, para verme aniquilado
Por tus malditos arrebatos,
Y me duele tanto pero sigo firme en mis sentimientos:
Algunos me llamaran ¡pendejo!
Pero sé que atrás de todo eso tienes miedo;
Miedo de lo que podrías descubrir en mí,
-Claro el niño lindo siempre será niño lindo:
el de mamá, de papá, de ti juguete para obtener lo que mereces-
¿pero ahora veme y dime lo qué eres?
No soy aquel de la primera vez, ni de la segunda ni de la tercera;
Después de todo tuve una gran maestra,
Y pagas por atenderme y sufres por quererme,
Lloras por tenerme, enloqueces por tratar de controlar el deseo copulatorio,
Al cual el cuerpo te ha llevado
Pero esta vez tus ojos no son los mismos, no son íntimos, no son lascivios;
Son tan tímidos, son tan frágiles
Y recuerdas cuando me llamaban pendejo;
Hoy el pendejo quiere enseñar lo que trae tan adentro;
Sentimiento puro pero a la vez abrupto.



