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Sentisemo me ofrece unos espectáculos fantásticos en los cuales me permite conocer la mezquindad y la grandeza del Ser Humano para atacarse los unos a los otros o para defenderse los unos de los otros.  En Sentisemo la verdad y la mentira difieren de la realidad tanto como el sol y la luna divergen de la tierra; sin embargo y a pesar de las evidencias, cada uno lucha por hacerse al trofeo de la razón.  Este paseo de hoy por Sentisemo sí que me ha enseñado que la verdad y la mentira se camuflan al servicio de un interés, sin condicionamientos ni exigencias, siempre y cuando haya acicate.

Ahora camino por las calles plateadas por el resplandor de una luna llena que puebla el cielo azul preñado de estrellas.  De pronto observo a lo lejos grupos de personas haciendo filas ante las puertas de un coliseo.  Con algo de curiosidad me acerco a la muchedumbre para indagar a qué se refiere el solemne show de hoy.  Así es que me entero que el espectáculo trata de una feroz batalla que se dará entre un fornido tigre y un corpulento león.  La verdad, me dejo contagiar de las expectativas de toda esa gente y decido hacerme parte del público.  A medida que avanza la logística para el evento, me percato de que el público en su mayoría está conformado por dos sectores contrarios entre sí, quienes apoyan a uno u otro de los combatientes.  Sin saber en dónde acomodarme, al final me ubico en el medio entre ambos bandos; somos muy pocos los que estamos en el centro, a decir verdad, no obstante, me siento muy cómodo.   

De repente llegan unos lujosos carros que traen a unos ostentosos seres reconocidos por todos.  Por los altoparlantes del coliseo por medio de los cuales anuncian la llegada de los tres integrantes de la corte inmoral.  En seguida se escucha un tropel de ratas que intentan salir por las alcantarillas.  De nuevo se informa por los altavoces del estadio, el ingreso de los testigos a favor y en contra de cada uno de los fieros contrincantes.  

Una vez el público ha colmado las graderías del coliseo, comienza una batalla sin cuartel que no da tregua a ninguno de los dos feroces combatientes; durante la contienda los tres hijueperrutas lagartos que conforman la corte inmoral se confunden ante las apañadas versiones de los testigos, todos ratas de la más baja estirpe, que tan pronto dan fe de los terribles hechos objeto de la investigación que dio origen a este juicio y tan pronto se retractan. Entonces uno de los hijueperrutas lagartos toma partido a favor del león, en consecuencia, en contra del tigre, otro de estos jueces sale a favor del tigre, de lo cual se deriva que va en contra del león y el tercero de los hijueperrutas lagartos se toma la cabeza sin saber qué hacer o qué camino coger.  De tal manera que ante la imposibilidad de argumentar un dictamen coherente que le permita emitir una condena equilibrada, los tres hijueperrutas lagartos de la corte inmoral declaran un receso del combate para ellos, la corte inmoral, poder sesionar.  Los contrincantes se retiran a sus respectivas guaridas, cada uno con la tranquilidad del vencedor.

Mientras la corte inmoral sesiona, surge en el ring la escena de un tinglado novedoso que pretende dar alguna luz a los tres hijueperrutas lagartos de la corte inmoral con la esperanza de que emitan su juicio de una vez por todas.  Tres esbeltas doncellas aparecen en el escenario.

En el centro de la verdad y la mentira, fungiendo como árbitro de la fatal disputa, aparece altiva la realidad… un grito de alivio se escucha en la tribuna donde ambos bandos se sienten ganadores.  Sin embargo y ante la sorpresa de todos, la realidad toma a cada una de las doncellas con una mano por el cuello y así, empieza a volearlas hasta asfixiarlas...  mientras ella, la realidad, gira en la punta de sus pies hasta emborracharse con tantas vueltas que ha dado… 

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