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AROMA DE CAFÉ Y MUJER - CUENTOS COLOMBIANOS.

AROMA DE CAFÉ Y MUJER

CUENTOS COLOMBIANOS

 

 

-W. Benjamín C. Castillo Páez

 

 

 

Pedí un café. Todo comenzó así. Tras una dura jornada de estudios tome la decisión de ir a la cafetería cerca a mi casa, ayer mismo la habían inaugurado, de hecho, me habían invitado y no quise ir. Cuando entre en aquel establecimiento una tranquilidad infatúa recorrió cada minúsculo bello en mi cuerpo, había música en el ambiente, muy relajante, mis pasos al trazar camino por la cafetería hacían crujir la madera, que ostentaba un olor a pinos y vainilla, tome asiento en la última mesa, quizás fue porque siempre me ha gustado hacerme al final, o solo porque quería seguir escuchando el crujir de la madera al contacto con mis pies,  cruce mis dedos, suspire y así inicie visualizar detenidamente aquel recinto, habían cuadros muy bien elaborados, obras de arte en su esplendor, reflejaban el ímpetu arcaico de las culturas latinoamericanas, habían demás adornos; esculturas de madera, un pequeño jardín al costado izquierdo de las mesas, lámparas de la época revolucionaria latina, objetos históricos… pero lo que me distrajo por un buen rato fue la colección de libros que se posaba cerca del mostrador, ¡había una biblioteca en el café! y hay siete cosas que puedo amar en esta vida incondicionalmente; la naturaleza, las mujeres, los cuervos, la música, los libros, el aroma de café y escribir. Y este lugar me ofrecía todo ello, excepto la segunda, la tercera y la inspiración para la última.

Hice un seño al cajero del lugar, señalando un café con doble de azúcar, tras esto, levante mi cuerpo ansioso por ver que libros esperaban en la pequeña biblioteca, parecía un niño hiperactivo en un parque de diversiones, desde la A hasta la Z, mastique cada título y autor que se presentaba, buscando uno que me llamara la atención, para mi emoción, varios de ellos ya los había leído, y los otros no me hacían sentir curiosidad por leer sus letras, desanimado camine hacia la mesa, cuando de repente la voz dulce de una mujer interrumpió mis pensamientos, tendría por mucho diecisiete años, se dirigió hacia mi preguntando,

-¿te gusta leer? Frunciendo un seño y acercándose despacio sobre la crujiente madera

-Por supuesto, conteste sin basilar, una sonrisa pícara se me escapo. A ella igual

-Acompáñame un momento, te mostrare algo… sé que te gustara

-¿acompañarte? Disculpa, pero estoy esperando mi café, suena bien tu propuesta

-despreocúpate, le pediré a la mesera que lleve el café a mi mesa

-¿mesera? No creí que hubiera una

-si la hay, vamos, mi mesa está subiendo las escaleras

-Espera un momento, no me has dicho tu nombre

-¿es necesario? además, haces muchas preguntas, solo sígueme

-Lo es, no daré un solo paso si no responde, sencillo

-Eres un chico muy interesante, está bien, tu ganas, mi nombres es Alisson ¿y tu nombre es…?

-Descúbrelo, eso hará más interesante las cosas, así como lo hice yo

-Si, como lo imagine, esto será interesante ¿vamos?

-Después de ti, Alisson

La mesa lucia diferente a las demás, era más grande, pero solo contaba con una silla que parecía ser muy cómoda, hecha a la medida, hecha para ella pensé. Había unos cuantos libros descansando sobre el mantel, una taza de café terminada, una libreta y un sombrero, supuse que era algún cliente conocido de la cafetería, o familiar del administrador, sea cualquiera la razón tuve que tomar una silla de otra mesa.

-¿Estas cómodo? Pregunto Alisson irónicamente, dejando dibujada una sonrisa diminuta en sus labios,

-¿me lo estas preguntado, o quieres saber cómo se siente? Haciendo una alusión de reto

Se levantó, sin pensarlo dos veces y pidió un cambio de lugar, accedí.

-¿ahora como esta?

-Definiría la comodidad con esta silla, y lo incómodo con esta situación.

-¿Qué dices, porque?

-Quiero tomar el café que esta frente a mí, su aroma me devora, pero hay otra cosa, y eso eres tú.

-¿Mi aroma?

 

-No, el café y tú. 

 

-W. Benjamin Castillo. (2017)


Bajo derechos de autor de la DNA.

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