Autómata

Cuando camino parece que mi cuerpo decide tomar sus propias decisiones y se pierde por derroteros ajenos a mi voluntad.

En algún lugar del tiempo se fue quedando varada mi memoria y hacia allí se dirigen mis pasos, incontrolables, irreversibles, definitivos, como el destino.

Hoy, veo recorrer junto a mí, caminando conmigo y quedándose atrás,  a los árboles que dibujan la calle hacia donde mis pasos me han traído. Todo me es desconocido, sin embargo el aire me anuncia sorpresas, parece que de tanto buscar esta vez el instinto (o la magia) me han hecho llegar al lugar correcto, lo que quisiera saber es correcto para qué...

De pronto la historia se entreteje ante mis ojos y una cacofonía de imágenes y sonidos se agolpan en mi mente aturdiéndome y provocándome un dolor que no me es desconocido pero que tampoco recuerdo haber tenido antes. Todo me parece tan extrañamente familiar que no lo entiendo.

El cielo se ha puesto gris y el viento fuerte y frío golpea mi cuerpo arremolinando mis cabellos y arrasando mi rostro en ráfagas discontinuas y agresivas.  Siento cómo pequeñas gotas de fría lluvia comienzan a caer sobre mí.

Estoy parado en la esquina de la desierta calle  y a través de las imágenes de mi memoria veo cada detalle de todo lo que me rodea como un escenario que se muestra ante mi muchas veces preparado pero al que solo asisto hasta ahora.

Cada detalle se abre en mi memoria como el recuerdo de algo por venir, ¿es aquello que aparece lo que crea esta sensación de deja-vu en mi cuerpo o soy yo quien creo todo aquello con la fuerza incontenible de mi mente, no lo sé, sin embargo mis ojos miran cada detalle y en cada lugar  que paso la mirada el detalle parece materializarse.

La presencia crea mis recuerdos y mis recuerdos crean la presencia, ¿dónde estoy?, ¿para qué vine?

El viento arrecia, la lluvia cae, me siento agarrotado por el frío pero sigo observando, solo observando.

Allí en frente distingo una ventana, me llama, sobre el vidrio hay unas luces dispuestas en círculo y una más brillante que las otras al centro, me fijo en ellas y aguardo. La luz del centro se hace más brillante, mucho más brillante, camino hacia ella.

He cruzado la calle y me acerco a la ventana, la lluvia la golpea y el viento mece despiadado las copas de los árboles, la lluvia se ha hecho tormenta y la calle permanece desierta. Siento que debo estar cerca de la ventana, allí donde se ha encendido la luz brillante rodeada de su círculo de luces, luces que parecen girar en derredor.

El alfeizar de la ventana se hace más claro y vuelvo a recordar todo el lugar sin haberlo visto antes, los detalles del marco de metal y las resquebrajaduras de la pared desgastada por el tiempo y el clima son para mí algo desconocidamente conocido. El temporal cae pero no me muevo,, siento mi cuerpo mojado y las gotas de lluvia caen por mi rostro como lágrimas de un llanto inexistente.

La luz se hace más brillante aun, brilla dominando las otras luces que la rodean, pero estas también comienzan a brillar, crecen en intensidad mucho más rápido que la del centro, buscando ser más brillantes que ésta. Doy un paso atrás, las imágenes presentes se agolpan en mi memoria y me preparo.

Sin pensarlo casi me cubro la cara con los brazos y bajo la cabeza, la luz brillante se hace fuego de pronto y estala junto con las otras luces que le han seguido al instante, el cristal de la ventalla estalla en un ruido ensordecedor, al instante un grito ahogado y luego silencio.

Quito mis manos y levanto el cuerpo, la ventana no existe ya y el marco de metal ennegrecido está retorcido en algunos lugares, no lo pienso mas y de un salto me meto por la desaparecida ventana, se lo que voy a encontrar y lo que pasará si no me doy prisa. Como en una película adelantada en instantes, mi mente me muestra lo que va a pasar allí antes de que pase.

Escucho el jadeo de alguien allí en el piso, las cortinas comienzan a arder con el fuego del estallido, me agacho y tomo al herido por los hombros y sin pensarlo siquiera lo saco por la misma ventana por la que he entrado.

Está inconsciente y tiene la mano chamuscada.

En el bolsillo de la camisa del hombre distingo un celular y lo uso para llamar a la policía y los bomberos.

La lluvia sigue cayendo a mares, el fuego dentro de la casa devora todo lo que toca, no hago nada mas, sé que no hay nadie más allí dentro.

Algunos vecinos se asoman a sus puertas y ventanas y algunos se acercan al hombre tendido allí al pie de la ventana, no me ven, me fui antes de que salieran. Lo observo todo desde la esquina de enfrente semi-oculto por el tronco de uno de los árboles, estoy en la esquina como en un principio cuando llegué allí.

Lo miro todo, como lo mirara antes y de pronto me doy cuenta que no sé nada, la calle me es desconocida y no sé por qué he venido aquí. Me doy vuelta porque el ruido del gentío de enfrente me molesta.

¿En realidad acabo de hacer todo lo que he pensado que hacía?, ¿otra vez es mi mente la que desvaría de nuevo?  Otra vez el dolor, me parte la cabeza, otras veces lo he sentido, cuando he imaginado otras cosas y otras tragedias.

Estoy en el mismo lugar de antes que la luz se hiciera brillante, ¿la luz?, ¿qué luz?, el dolor...

Me siento mojado por la lluvia y lleno de incertidumbres.

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