Crónica de un amor rasgado

El libro era antiguo (por no decir "viejísimo" de lo maltratado que estaba) y me llamaba la atención aquella historia en la contratapa que apenas estaba pegada a todo lo demás.

No decidía a llevármelo por culpa de mi corto presupuesto. Me quedaría sin otras cosas mas que necesitaba comprar.

Tras el mostrador estaba ella, con aquella sonrisa deslumbrante bajo la tormenta gris de sus ojos de invierno, me miraba y me dejaba congelado allí mismo, divagaba entre comprar aquello o dejarlo, de todas formas debería irme de allí y no quería hacerlo, de reojo la miraba.

Cabello lacio y negro hasta un poco mas abajo del mentón enmarcando su rostro, blusa ajustada enmarcando su figura, un escote que sugería sin mostrar y la voz dulce y sin prisas que escondía a la experta vendedora.

He salido huyendo de la librería, tengo el libro en mis manos y una nota entre mis dedos, con el número de celular de ella.

Aun me sorprende habérselo pedido y me sorprende aún mas que me lo haya dado. Los nerds de televisión han hecho que los nerds reales parezcamos unas rarezas interesantes y eso ayuda, al menos hoy; a mi, me consiguió el teléfono de la diosa del templo.

La cita es a las 9 de la noche, en la puerta de la librería, ella vive al lado, llego con mi mejor traje y las flores en la mano.Tarda un poco pero viene: ropa suelta y despreocupada, me siento un tonto todo trajeado. Le gustan las flores, las huele y se vuelve a su casa a guardarlas.

La noche ha sido maravillosa, me ha enseñado un montón de lugares, mi traje ha sido un éxito y mas de una de sus amigas ha coqueteado conmigo, no consigo creerlo...

El tiempo pasa, las citas son mas continuas, vivo para comprar flores y algún tonto regalito, la diosa siempre me sonríe y me espera. Nos hemos besado al primer mes de nuestras salidas.

Soy un dios, la diosa está conmigo, nadie puede alcanzarme, todos me envidian y yo los olvido.

La mañana del fin fue como otra cualquiera, sin nada que presagiara la tormenta, el medio día tranquilo, la tarde calurosa. La diosa a venido a mi y me ha sonreído, me he desarmado como siempre, el plomizo de sus ojos es irreal y aturde.

Algo me dice, no le entiendo, vuelve a decírmelo y no logro comprenderlo, algo pesa en mi mochila que me distrae; le digo que espere, veo la mochila y es aquel viejo libro que compré aquel día, el viejo libro que nunca abrí, que no leí...

Miro al cielo y siento la brisa, no soy yo este que está parado aquí, este que vive otra vida, este que se cree un dios.Enfrento los ojos plomizos y le digo adiós a la diosa.

Ella no lo entiende, trata de argumentar y de que le explique, pero la explicación no la convence y se enfurece.

Yo me aparto y me despido. No la he vuelto a ver, aunque sí me llegaron varios correos de ella, nunca me perdonó que le rompiera el corazón, nunca quise hacerlo, pero su mundo es distinto del mio, me lo dijo aquel libro, que de paso ya leí como tres veces, es super interesante...

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