Don Braulio

       Desde muy pequeño dedicado a las tareas del campo, nunca supo de juegos infantiles, e inclusive nunca fue a la escuela.- Sus padres Don Jacinto y Doña Juana, hicieron de él un peón de campo de ley.-

  En su niñez cuidaba la lechera mimosa del patrón, le daba de comer a las gallinas, juntaba sus huevos, barría los galpones, y participaba en la cocina de la peonada, de las largas charlas mañaneras, y escuchaba cuentos y anécdotas, que allí se decían.-

 Nunca levantó su mirada cuando el patrón le daba una orden, o le pedía que le ensillara el caballo tordillo, que solamente lo usaba los domingos para venir al pueblo.-

  Así pasaban los años, hasta que ya mozo, las tareas se hicieron más complejas, y dedicado de sol a sol, cumplía sin chistar las órdenes del capataz, o los consejos de sus padres.-

  Quien no lo vio domar un potro, carnear una oveja, marcar el ganado, participar en la yerra, y porque no, abrir surcos con el arado de mancera.-

   En las noches de luna, bajo el viejo ombú, pensativo, y con los ojos puestos en el horizonte, trataba talvez de recordar sus años jóvenes, cuando el amor, no golpeó en su puerta, ni tuvo la oportunidad de tener su propia familia.-

   Con el pucho en la boca, el cuchillo en la cintura, montado en su querido zaino, recorría el establecimiento, pasando revista a un presente, que solo tenía recuerdos.- Cuando niño, la estancia se llenaba de vecinos, amigos de la familia, parientes, caminantes, hoy solo quedan unos pocos peones, ya viejos como él.

  Los viejos patrones murieron, y quedan sus hijos, pero no es igual.- El trato amable y cariñoso de Doña Petrona, la esposa del patrón, pasó a gestos duros y caprichosos, de una mocosa que llegó a la estancia.- Claro era la esposa del nuevo patrón.-

  Don Braulio, de ojos penetrantes, mirada sencilla, con el paso del tiempo sobre sus hombros, hoy solo es una leyenda.- Pero como no recordar sus años de tropero, de charlas y jugadas de truco en el bar mas cercano.-

  La jubilación para un viejo peón de campo, era toda una ofensa ¿Como ya no sirvo más, estorbo, me echan de la estancia, quien ocupará mi lugar?

  Ya no existe más el viejo arado, hoy la nueva maquinaria, llega al campo. Como ordeñar a mano, la máquina sustituye al hombre. Hacer leña, hacha en mano, era toda una sabiduría, hoy la motosierra cumple esa función.- Aquel ombú que tantos años, le dio sombra en la horas de mayor calor, hoy lo cortaron para ampliar el área de siembra.-

  Como fue cambiando la vida del gauchito Braulio.- Hoy ya con más de 80 años, solo piensa en dar algún consejo, si algún joven por casualidad se lo pide, o necesita de su experiencia para curar de bicheras a las ovejas, o una vaca va a tener cría, y no llega a tiempo el veterinario.  En fin, solo queda esperar, que el señor lo llame, y pueda volver a ver a sus padres, aquellos viejos patrones, compañeros de fogón, y de esa forma sentirse en familia.-

Comentar