QUE PORQUERÍA DE MÚSICA

 

Esta expresión sirve para cualquier tipo de música, según la persona o el grupo que la utilice. Eso dicen muchos adultos, y a veces no tan mayores, cuando escuchan los sonidos (o ruidos) de moda que enloquecen a los adolescentes y algunos mayores que quieren sentirse en la onda. De igual manera es la expresión de la muchachada al oír la música preferida de sus abuelos, en la mayoría de los casos, y de sus padres por regla general.

Que porquería de música no significa que los sonidos que se escuchan sean en sí mismos malos; quiere decir que el oyente del momento que suelta esta expresión no gusta de lo que escucha y nada tiene que ver con el compositor, la orquesta, el conjunto, el cantante o el interprete de la pieza musical. La música popular, en general y casi sin excepción, no respeta los cánones estéticos del arte musical y sin embargo gusta. La razón es bien sencilla: sus letras reflejan cosas y pasajes cotidianos que llegan a la psiquis del gran público.

La llamada música clásica o culta no gusta en los estratos populares, y entre muchas personas que se presumen estudiadas, porque presupone un conocimiento específico de ciertas normas, las sensaciones que despierta están íntimamente ligadas con un saber y no solo con las emociones como ocurre con los otros géneros musicales. El disgusto que nos ocasiona cierto género musical puede provenir de la falta de costumbre de escucharlo. El vallenato, por ejemplo ,no era muy bien recibido en el interior del país, durante muchos años, hasta que algunos de sus juglares triunfaron en todos los escenarios nacionales y algunos internacionales.

 

Para un gran número de oyentes el reggaetón ni siquiera es música y lo mismo se dice de los demás ritmos llamados urbanos, sin embargo se escucha en todo el mundo y su comercialización enriquece a muchos pero, eso no significa que sea buena música sino que tiene aceptación popular. Entonces, dejo la expresión despreciativa de “que porquería de música” para que la use el que quiera cuando escuche algo que no le agrada. Yo, por lo menos, cuando un sonido o un ruido me molestan, apago el aparato donde lo están transmitiendo o me alejo para no escuchar esas notas discordantes con mi sentido musical. 

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