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Una Carta

Para ti, tú que me miras con tus ojos canela que oscurecen bajo tus gafas, cuando tu atención se la lleva cualquier programa que estén dando en la televisión.

Tú me miras y yo recibo tu mirada con miedo para analizarla luego en la seguridad de mi habitación.

Me la llevo conmigo y me sitúo ante el espejo y me observo y me veo y en mis ojos marrones te encuentro y en mi mirada, reconozco la tuya y me derrumbo.

Dolor y decepción son dos emociones que yo reflejo y que pocos saben que siento.

¿Lo sabrás tú, que me has regalado el mundo?

¿Tú que sientes lo mismo?

¿Tú que en cada palabra que me dedicas, escondes arrepentimiento y que con cada ausencia tuya me dices que soy tu fracaso?

¿Tú que cuando te enfadas y le gritas a la vida "Basta, ya basta" con gestos que me matan como tú quieres que te maten, me haces creer que mi existencia es el error más grande y que tu tormento sólo con mi desaparición podría apaciguarse?

Y yo desaparezco, siempre desaparezco y te dejo con tu desesperación y con tus métodos de auto-tortura.

E intento olvidar y olvido por largos instantes mi vida y la tuya y me pierdo en otras vidas, ajenas, lejanas.

Y dejo de sentir lo que siento porque quiero, por cobarde, por valiente, por débil, por fuerte.

E intento no regresar, lo intento, siempre lo intento pero regreso.

Y allí estas, tumbado en el sofá interesado en las noticias de países y guerras pero nunca en las mías.

Y duele, duele demasiado, duele más que nada sentirse abandonado.

¿Podrás entenderlo? ¿Podrás descifrar lo que te pido?

¿Entenderás, por fin, que de ti algo quiero?

¿Serás capaz de ver que te necesito, que en tu ausencia me pierdo y cuando estás me auto-destruyo?

¿Escucharás lo que sin palabras te grito y sin tinta te cuento y re-cuento hasta que en el relato me sumerjo y allí me quedo?

Entre realidades contradictorias vivo y en fantasías inimaginables me duermo y cuando sueño, en pesadillas me refugio.

Y tanto quisiera no poder despertar, tanto lo quisiera que entre mis sábanas me dejo enterrar.

Pero el mundo es cruel y de mí aún no se quiere deshacer.

Y con todo este delirio, te quiero convencer que de mí aún te queda mucho por conocer.

¿Querrás hacerlo? ¿Estarás dispuesto a intentarlo?

Y si no te dejo, ¿lo seguirás intentando, siempre intentando, hasta curar el daño?

¿Llegará el día o la noche en que comprendas que solo de ti dependo?

¿Que sin ti, me destierro?

Se apaga el televisor y te distraes con proyectos ajenos, lejanos y comentas lo cercano.

Y huyes por horas, largas horas, días incluso para no afrontar al intruso, que aceptas como tuyo.

Quitándome lo que es mío, presentándoselo como suyo.

Y me harto. Y me rebelo. Y de ti me quejo. Y solo me quedo. Y sin ti me veo. Y me hundo.

Abro la puerta, salgo afuera. Deseo no verte nunca. Mi corazón en lágrimas se ahoga. Y tu recuerdo me inunda.

Y no te añoro. Y no te anhelo. Y no te deseo. Y de ti reniego. Y a ti te culpo. Y te aborrezco. Y te detesto.

Y con todo mi ser te odio.

Pero allí estas, vivo y atormentado y no puedo evitar sentirme afortunado, porque la muerte no te haya, con ella, llevado.

Y así tu ausente presencia, para siempre, se me haya negado.

 

Para ti, escribo esta carta y te digo que con toda el alma, te amo.

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