Yo loco loco... y ella loquita loquita

Los que nunca han estado dentro de un manicomio como pacientes piensan que entrar es muy fácil, que va lo fácil es entrar a la cárcel y ni eso porque a veces el juez es benigno y lo deja ir a uno con una amonestación y para entrar al nosocomio, o clínica psiquiátrica si lo prefieren, no es suficiente hacerse el loco, hay que estarlo de veras y que el médico psiquiatra diga que sí, que a uno le falla la mollera y que es indispensable que lo internen y ni eso es suficiente porque como a uno le falla el coco no puede ser responsable de sus actos y entonces otra persona mayor de edad y todo lo que pide la educación cívica de la república debe firmar el papel de entrada que es como un documento donde dice que se responsabiliza de la entrada de uno pero que adentro los otros, o sea los loqueros, harán lo posible para arreglarle a uno la maquinaria de pensar.

Cualquier día uno empieza a desvariar, que es lo mismo que decir incoherencias, y la gente que lo rodea no entiende y piensan que uno está loco y lo que pasa es que los locos son ellos porque en este mundo se habla de normales y anormales y los primeros son casi todos  y por eso son normales porque ganan por mayoría; pero vaya usted a saber si están más idos de la cabeza que los que pensamos diferente… se me fue la onda de lo que iba a decirles… ah, sí, que un día comencé a hablar con mis amigos espirituales y el problema fue que nadie los veía, sólo yo, y fue cuando comenzaron las citas; primero donde un psicólogo que casi enloquece con mis verdades y después donde el médico que me mandó revisar el cerebro con una cantidad de jodas que ni me acuerdo, pero me hacían meter  la cabeza en unos aparatos raros y oía que decían tómele dos placas, ahora del lóbulo derecho, ya escaneó, si doctor y no sé que verían porque la próxima fue donde el psiquiatra que viene a ser un médico como los otros pero se especializa en recetar pepas para tranquilizarlo a uno y eso para que uno no lo intranquilice a él.

Ah… pero antes  me tocaron muchas sesiones donde el psicoanalista pero este no me gustó ni pio porque el tipo se sentaba con una libretica toda maricona y me decía que le pasa y yo le decía pues a eso fue que vine a que usted me diga que me pasa y si yo  lo supiera pues no había venido ¿no? Pero joda y joda y yo le inventaba unas películas bien tenaces y el hombre tomaba apuntes y según como movía la cabeza me daba cuenta si le gustaba o no  y me inspiraba para  montarle una película bien bacana y dele con mi infancia y yo le decía no doctor si mi infancia fue de los más chévere y el con la cabeza que no pero con la jeta cerrada y me mostraba dibujitos… y como yo había leído de don Segismundo Freud lo de la libido y la etapa oral y la etapa anal y todas esas jodas no veía ni mierda de lo que él quería sino que veía sólo santos y a la Virgen Santísima y a Nuestro Señor y cuando salía con cara de santo me reía del pobre pendejo que yo creo que pensaba que no le servían de nada sus conocimientos académicos, jajaja.

Lo más chistoso fue cuando me entregó un sobre con sus conclusiones para que se lo llevara al médico y yo le entregué otro con mis conclusiones y me dijo: “esto es para el doctor malatesta” y yo le dije “esto es para usted” y le agregué que eran las disfunciones que yo había detectado en él y se puso primero como un tomate y después amarillo y con tembladera de la rabia tan hijuemadre y yo pensé que le faltaba el verde para quedar como semáforo de esquina y salí sin decir nada dejándolo con su rabia porque seguro la sabía manejar que para eso había estudiado en la U y yo que no siquiera terminé el bachillerato me sabía la carreta freudiana y tal y el doctor young y adler y todos sus secuaces que tal?

Pero al que le falla le falla eso es seguro y en todas partes me sacaban el cuerpo y hablaban en voz baja pero mirándome con disimulo y yo pensaba ¿a estos que les pasa? Pero no les decía nada y seguía haciendo lo que estuviera haciendo hasta cuando me dio que lo que quería era morirme y dejar de joder en este mundo de pendejos y así lo dije y lo repetí y nadie me hizo caso hasta el día que hubo una fiesta de la parroquia con la presencia del señor obispo y las hermanitas de la caridad y claro yo siempre era el alma de la fiesta y ahí se armó el problema porque yo saqué a bailar primero a la madre superiora y la vieja no quiso entonces yo como un detalle bien chévere saqué a bailar al señor obispo pero a las malas y el viejito no quería y se puso más rojo que el gorrito que tenía en la cabeza y llamaron a la policía y la policía me dio bolillo pero oías que decían que no le peguen que no tiene la culpa no ven que está loco?...

Y ella loquita loquita, ¿dónde se quedó? Pues con esa garrotera y la mano de pata que me dieron me acabaron de rebullir los sesos y pensé que dejo esa historia de amor para otro día que esté más loco.

Edgar Tarazona Ángel

 

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