El verbo chingar (2)

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Chingar. (Del caló čingarár, pelear). tr. Importunar, molestar. || 2. malson. Practicar el coito. || 3. coloq. Beber con frecuencia vino o licores. || 4. Am. Cen. Cortar el rabo a un animal. || 5. intr. Can. salpicar. || 6. Pal. tintinar. || 7. Arg. y Ur. Colgar desparejamente el orillo de una prenda. || 8. prnl. embriagarse. || 9. Can., Arg., Bol., Chile y Col. No acertar, fracasar, frustrarse, fallar. || ~la. fr. coloq. Arg. Equivocarse, fracasar.

Las Academias de la lengua española en general, y la RAE en particular, son las encargadas de velar por el buen uso de la lengua. Este  “buen uso” está determinado por el habla popular que es el empleo diario que hacen de su idioma los hablantes nativos (en este caso). Y los vocablos del léxico tienen, en algunos casos como este) una denotación y varias connotaciones, siendo la primera la significación más aceptada y las segundas, los demás significados.

Si leemos lo que dice la RAE acerca del verbo, no aparecen las connotaciones que tan amablemente me hizo llegar mi lectora (ver artículo anterior), pero también se ve que el susodicho verbo no es de exclusivo uso del hermano país mexicano, donde, estoy seguro, tiene muchas más connotaciones.

El mismo verbo lo he escuchado en películas y telenovelas con un significado mucho más íntimo, y de pronto ofensivo, que los expuestos en mi primer artículo, que si no uno de los mayores insultos que pueden proferirse en México es decirle a alguien: “Hijo de la chingada” y habría que remitirnos en la historia a La Malinche, una mujer indígena, amante de Hernán Cortés. Pero como la opinión no es de historia, dejo a los lectores curiosos la tarea de buscar esta historia de amor en la red.

Decía mi maestro de Lingüística que las lenguas son seres vivos que nacen, crecen, se reproducen (ver el latín, por ejemplo) y mueren (ver el mismo latín, el sánscrito y otras). Teniendo en cuenta esto, no es de extrañar que un término tenga muchas acepciones y usos en el extenso territorio de habla española, que no es exclusiva de una región, y todo lo que se diga acerca de las palabras es sólo una opción en las infinitas posibilidades de la manera en que se utilizan.

A pesar de que las academias tienen la última palabra, es el pueblo, el puro y neto pueblo el que inventa, transforma, deriva, permuta vocablos que tarde o temprano son aceptados por la Rae como ente que rige a los demás organismos que velan por la pureza de la lengua. No sé si amerite extenderme más en una palabra que sólo es eso, un conjunto de letras con variados y pintorescos significados.

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