"El indio" escozor del presente

El primer viaje de Colón, aunque con propósitos distintos a los originales, marca el inicio de la Modernidad. Cualquiera que desee acercarse al estudio de la historia latinoamericana deberá mirar con cuidado lo que ocurrió a fines del siglo XV, cuando Cristóbal Colón se hizo a la mar con la esperanza de desembarcar en tierras asiáticas.

El denominado “Descubrimiento de América”. El 12 de octubre de 1492, el Capitalismo descubrió América. Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe. En su diario del Descubrimiento, el Almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor.

Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado. Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser. Al principio, el saqueo y el etnocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso.

indigina

 

I

La huella
que dejó

el aborigen,
en el presente
se diluye
como agua
entre los
dedos,
dejando  
cicatrices.

II

Ya no se oye

su eco, propagarse
en la arboleda.

El progreso,

sepultó

la idiosincrasia
de su existencia,

 sin piedad.

III

Cuando cazaba
 la danta
o al mico
bufón

para subsistir,

gemía de gusto

y danzaba.

IV

Pero,

una mañana

la mano

invasora e

inclemente  
del hombre
impío,

cegó
sus costumbres

y robo su

 libertad.

V

Adoraban

al sol y la luna,

eran creyentes

de sus bondades.

Con devoción,

ofrendaban
sus almas
y cosechas,
cual dádivas
alegóricas,

después

de la borrasca.

 VI

El pensamiento
indígena,
quedó grabado

para la posteridad,

en cerámicas,
tótems, geoglifos

y petroglifos.

VII

Luego,

cual cirros
de verano,

 su presencia

se fue esfumando
en el tiempo,

junto

con sus templos,
que quedaron

en la orfandad.

VIII

Desde
la conquista,
el indostánico

fue objeto

de tropelías,

profanado,
desposeído
y mancillado.

Nadie,

hace nada

por evitarle

la reprensión,

 al nativo

que existe aún,

sobre la tierra.

IX

No puedo

evitar
concebir,
que erra
en el aire

un raro
clamor sutil,
la presencia
yerta
de su memoria

triste.

.

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