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Por fortuna encuentro asientos libres en el autobús. Te miro y me dispongo a conocerte. Mientras me enfrasco en la apasionante historia que relatas pierdo noción del tiempo y la distancia recorrida. Aparto mis ojos para atisbar por la ventanilla. Aún falta un buen tramo. Mi atención  regresa a ti. Pero cambiaste, ahora estás triste y me haces sentir melancólica, con disimulo limpio una lágrima de mi rostro y continúo.

Mira que si eres  polifacético, ¡Cómo me has hecho reír!

Ahora eres tierno, entregado. Uy, comienzas a ponerte candente. Ay no, aquí no. Yo tan sola en casa y con estas tentaciones…siento que la temperatura se eleva, con la mano me echo aire pero no hay gran avance, miro mi reflejo en el espejo retrovisor del bus, ¡tengo las mejillas encendidas!

Levanto la vista. Es hora de bajar. Te aprieto fuertemente entre mis brazos y sonrío.

Mañana me haré acompañar por un libro de poesía, pues éste de relatos, me ha dejado exhausta.

Elena Ortiz Muñiz

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