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Era hace muchos milenios, cuando la tierra era un lugar mágico y magnánimo, el cielo y el mar eran uno solo. Había un Rey que todos amaban y respetaban, tenía como esposa una mujer tan bella que las estrellas casi se opacan, el rey y la reina de ese amor tan divino puro como el agua más cristalina, nació el fruto más maravilloso y bellísimo que el universo entero lo celebraba con miles de destellos en el cosmos infinito. El rey orgulloso de su primera hija estaba.

Bellísima niña de ojos verdes ámbar y de piel perlada, larga cabellera color obsidiana, como que cada diamante perlada y dorada lo adornaba, bellísima y pura como un un diamante brillaba. Amable, cariñosa a todo el mundo ella amaba y el mundo por igual la amaba. El tiempo paso y la bella niña en dama se convirtió, tan esbelta bellísima así se veía.

El tiempo fue pasando como las estaciones del año El verano como la miel, el invierno regaba la tierra en un renacer, el otoño como paletas de miles de colores adornaban todo el reino lleno de valles así como la misma primavera de belleza singular.

El amor el travieso amor a su puerta tocó, la doncella mágicamente se enamoró, el Rey se enteró que a escondidas ella se viere con aquel moso que de tierras lejanas se venia, el padre muy furioso la reprendió y un hechizo por desobediente le inoculo.

En mujer de plateados cabellos te convertirás, azules como el mar tus ojos serán y "en luna te convertirás y vagaras a su alrededor, como sol y luna serás, tu amado te contemplara, nunca tocara, solo luz como candil le darás, es mi sentencia inmortal que de vida tu y el vivirán y solo un amor verdadero te librará. Cada día al amanecer mujer serás en la noche luna de plata te convertirás.

 Fuego de luna azul de plateada pulcritud. Perlada es tu presencia a la mar cuando te ves seras. Es mi palabra final.

Aquel moso en Sol se convirtió y a lo lejos cada noche el la observó.

Amada, amada.

Fuego de luna, azul o blanco plata es. 

Fuego de luna que quema y me congela a la vez, tu toque de escarcha plateada fría es.

Cuando tú hipnótica presencia, me hierve la sangre acrecienta mi admiración y dolor y en el amanecer en cada crepúsculo te disuelves en mis manos como de blanco satén.

Cómplice de Meretriz de amantes de rincón.

Cómplice en la sombra de millares de historias de amor y desamor.

Amado, mi alma llora y sufre en cada amanecer y en el crepúsculo del atardecer mis sedas se deslizan en tu piel.

R@R@.2023

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