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  ¿Será que lo más prohibido es lo más llamativo?

     ¡Cuántos dolores de cabeza sufren los padres tratando de encaminar a sus hijos por el buen camino!. Algunos se esfuerzan sinceramente tratando de que sus hijos comprendan el porque no deben hacer tal o cual cosa.

          Pedrín es la representación de aquellos hijos que no valoran los consejos de sus padres y que al querer hacer su voluntad se encuentra de frente con la muerte. Sin embargo el amor de la familia  es una razón más que suficiente para luchar por la vida.

          Esta es la historia de  Pedrín  un pececito inquieto que le gustaba aventurarse a recorrer y explorar  los lugares más misteriosos y prohibidos del inmenso mar.  Sus padres le decían que tuviera mucho cuidado pues era peligroso.  Pedrín  era muy listo pero también muy confiado, muchas veces estuvo a punto de ser atrapado por el enemigo, pero cada vez era salvado milagrosamente, lo cual hizo que Pedrín se arriesgara más y más.

           Había un lugar al cual todos los pececitos de su clase tenían prohibido ir pues era el lugar predilecto de los pescadores por eso también sus amigos  continuamente le advertían de ese peligro.  A   Pedrín  ya le fastidiaba estar escuchando siempre la misma canción, no comprendía que era por su propio bien, de manera que el día menos pensado se decidió de una vez por todas alejarse de la cotidianidad y la rutina de su medio  y probar su audacia nadando hacia nuevos  horizontes. El único lugar que  agitaba  su mente  y lo retaba, era el “lugar  temido” del cual  sus padres y amigos le  advertían.

          La curiosidad de Pedrín lo llevó precisamente ahí; él tenía confianza en que sus habilidades de nado serían tan ágiles que burlaría cualquier peligro que se le presentara.  Fue así como el pececito sin pensarlo más inició su audaz aventura. Nadó, nadó y nadó; se sentía feliz, libre, al fin se sentía realizado, dueño de su vida.  Después de un tiempo  de nadar felizmente  alcanzó la superficie del mar.

          Cuando se vio  fuera, el sol acarició dulcemente su cuerpo y una suave brisa  le dio la bienvenida, eso le pareció maravilloso. Sin embargo no le duró mucho tiempo el gusto pues una gran red le cayó de pronto encima y no le dio tiempo de nada. Fue llevado a la cubierta de un barco donde yacían otros pececitos de su especie. Cuando los vio se alegró de no estar solo. No obstante  en cuanto  se acercó notó horrorizado que estaban inmóviles, no tenían vida.  Un temor profundo recorrió todo su cuerpo,  poco a poco se sintió solo, muy solo, la felicidad que había sentido se esfumo en un instante. Se dio cuenta entonces que su piel  fresca, suave  y  tersa   lucía diferente,  las fuerzas se le iban y una sed intensa invadió todo su ser como nunca antes.

          - ¡Agua!. ¡Agua!  ¡Agua!  gemía Pedrín, pero nadie lo escuchaba.  ¿Quién lo iba a ayudar ahí en donde solo había un olor a muerte?  ¿En un mundo que solo veía en él un gran manjar listo para ser comido?

          Pedrín decía:  - Ahora si es mi fin, terminaré igual que todos aquellos que  cerraron sus oídos a los consejos y advertencias.¡Me lo merezco! ¡Merezco morir!

          Grande era la desesperanza de Pedrín cuando de pronto a lo lejos se oyeron unas vocecitas familiares que decían:

          - ¡Pedrín ,  vuelve ! ¡Aun es tiempo! ¡ Vuelve,  te queremos!  Eran sus padres y amigos que estaban ahí arriesgado sus propias vidas por salvar la de él,  eran aquellos a quienes había defraudado y que sin embargo le estaban dando ánimos y esperanzas a pesar de su desobediencia.

        En ese momento el moribundo pececito reunió las últimas fuerzas que le  quedaban y como pudo se arrastró  hasta la orilla del barco, pero un gran muro se alzaba frente a él y era imposible  saltarlo, aún cuando lo intentaba. Cuando Pedrín ya no pudo más, se dejo caer sobre su pecho. En ese instante una  majestuosa ola llegó y alzo a Pedrín en las alturas devolviéndolo a su medio, al mundo del cual nunca debió de haber salido.

          En un abrir y cerrar de ojos la pesadilla terminó. Pedrín volvió a la vida, cuando todo lo vio perdido encontró con que todavía habían esperanzas. La familia celebró con una gran fiesta el regreso del pececito aventurero el cual aprendió una lección que sería transmitida de generación en generación:

“Un pez nunca debe salir del agua”.

 

 

          Querido (a) amiguito(a) , tal vez no tienes una familia perfecta, pero esos seres que viven contigo, te alimentan, te visten  y te cuidan son tu familia y  te quieren más de lo que tú te puedas imaginar. Escúchalos cuando te aconsejan, ámalos cuando te regañan y hónralos cuando te llaman la atención. Solo entonces todo te irá bien y tus días se alargarán.

Gina

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