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Hablemos de economía. Tema de moda en el mundo debido a la “crisis económica”; algo que anticipábamos desde la década de los ochenta, pero que nadie pensó que en verdad ocurriría. “Imperios” económicos están cayendo ante la atónita mirada de los contribuyentes, dueños, afiliados, proveedores y simples empleados; sin que ellos sepan qué decir o actuar y mucho menos el verdadero motivo que causó semejante “tragedia”.

La respuesta al problema es sencilla y en Colombia se ejemplifica con una crisis económica paralela, denominada la “Crisis de las Pirámides”. No las de Egipto, sino las del sistema financiero “piramidal”, donde se ofrecen intereses astronómicos en pocos meses. ¿Qué tiene en común la Crisis Financiera Mundial (CFM) y la Crisis de las Pirámides (CP) colombiana? Como dije al inicio del párrafo, la respuesta es sencilla (pero requiere de sangre fría para conocerla, así que sugiero a los cardiacos e hipertensos abstenerse de continuar la lectura del artículo): la estructura Financiera Mundial también es piramidal y, como cualquier pirámide financiera, está condenada al fracaso.

 

Usura, usurero, especulación y especulador

La economía mundial se mueve gracias a la usura y la especulación, términos bastante interesantes, teniendo en cuenta que de estas palabras salen otras, como usurero y especulador. Comencemos a analizar, a partir de las definiciones de estas palabras, las causas de la CFM y su paralelo con la CP colombiana.

1. usura.[I]

(Del lat. usūra).
1. f. Interés que se lleva por el dinero o el género en el contrato de mutuo o préstamo.
2. f. Este mismo contrato.
3. f. Interés excesivo en un préstamo.
4. f. Ganancia, fruto, utilidad o aumento que se saca de algo, especialmente cuando es excesivo.

pagar alguien con ~ algo.

1. loc. verb. Corresponder a un beneficio o buena obra con otra mayor o con sumo agradecimiento.

2. especulación.[II]

(Del lat. speculatĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de especular.
2. f. Com. Operación comercial que se practica con mercancías, valores o efectos públicos, con ánimo de obtener lucro.

Los sistemas financieros actuales están construidos para obtener un lucro, basándose en la usura y la especulación. Como cosa curiosa, las “estructuras piramidales” también. La ganancia es el fin de un sistema capitalista (global en la actualidad, conocido también como globalización[III]), justificable desde el punto de vista del beneficio[IV] y las consecuentes facilidades para el crecimiento y la ampliación[V]

Los bancos son el mejor ejemplo (y la principal causa de la CFM y el nacimiento de las pirámides) de usura. Las Bolsas de Valores, el mejor ejemplo de especulación (y las responsables de los precios irreales de productos, empresas y servicios).

No obstante, si el fin del sistema capitalista es la usura, ¿por qué vivimos hoy una CFM; y los índices de pobreza, miseria y desempleo suben, en directa proporción con el costo de vida?

 


[I] Definición tomada de http://www.rae.es (Consulta realizada el 25 de noviembre de 2008).
[II] Ídem, (Consulta realizada el 25 de noviembre de 2008).
[III] El término globalización se traduce en una Economía de Mercado Mundial. Erróneamente se le atribuyen fines sociales, políticos y culturales.
[IV] Léase lucro.
[V] Esta ecuación no es reciente y desde la época del trueque ya podemos hablar de una burda usura, cuando un vendedor de pollos quería cambiar la menor cantidad de estos, por costales de harina, a un agricultor.

 
 
 

 

Menos por más

Antes de que la banca se formara, los prestamistas y las compraventas dominaban el mercado mundial. No como las conocemos ahora, sino negocios familiares o personales, maldecidos tanto por reyes como por mendigos, se dedicaban a subsidiar tanto al pueblo como a gobiernos.

Siempre ocultos en la sombra, dirigían con mano de hierro los destinos de naciones enteras. Tenían el poder de causar guerras y hambrunas; derrocamientos de reyes y revoluciones. Moviéndose en pos del lucro, pasaban por encima de principios morales y valores espirituales. Los hombres de alta alcurnia, obligados por la palabra dada o un pedazo de papel firmado, sucumbían a los intereses del usurero o especulador (como sigue ocurriendo hoy en día) y, con tal de saldar la deuda y no manchar su nombre, accedían a realizar actos que llegaban a perjudicar una nación entera.

El pueblo era menos afortunado. Subyugado por intereses gigantescos, e imposibilitado de pagar la deuda, se convertía en esclavo o perdía la vida en el cadalso, mientras sus bienes pasaban, de manera legal, bajo la tutela del prestamista. Por eso los prestamistas eran y son odiados, desde el principio de los tiempos y, al mismo tiempo, indispensables en un sistema económico de mercado. 

Los bancos nacieron como una evolución a la legalidad de la casa de préstamos, quitándose el estigma y la fama adquirida durante siglos. Ahora eran bancos y venían con una característica “atractiva”: pedían préstamos al pueblo y pagaban interés por dinero depositado. Es decir, cuando el banco recibe dinero de cualquier mortal (sin importar su clase social), está recibiendo un préstamo por el cual se obliga a pagar un interés.

Esta nueva idea fue recibida con alegría y beneplácito por los antes explotados por los prestamistas: ¡Ahora ellos eran los prestamistas y tendrían en sus manos el poder económico! 

Craso error que convirtió al pueblo en esclavo voluntario del sistema financiero. La receta perfecta de la mentira equivale a un cuarto de verdad por tres cuartos de mentira. Mezcle bien y sirva frío. El comensal no sabrá la diferencia. El pueblo se convirtió en prestamista, es cierto. Pero había una gran diferencia: el interés de los bancos era diferente al interés del pueblo, bajo la floja excusa de que los bancos proveían un servicio que protegía el dinero de los prestamistas (clientes), por lo que sus intereses serían más altos, además de un cobro “simbólico” mensual, para “justificar” los gastos del papel y los empleados.

Al principio esta diferencia no era mucha, pero los bancos crecieron como hongos en esquina húmeda: de forma desproporcionada e incontrolable[i]. Pronto los dueños cayeron en cuenta del error. La estructura permitía que “cualquiera” se convirtiera en banco (léase captador y prestamista) por lo que la competencia era dura y el lucro no se veía por ningún lado. La economía nacional (léase de cada país) se vio afectada, ya que no había un control de intereses, la inflación era desproporcionada. La moneda nacional buscaba el extranjero, donde se le daba un mayor valor[ii] y viceversa. En ese momento nació el concepto de un ente regulador de la moneda, o un “banco de la nación”. 

Ya sea de buena forma, ya sea de manera vil y traicionera, pero algunos bancos fueron “engullendo” a los que no sabían o no podían hacerles frente, al momento de captar la nueva moneda y adaptarse a un nuevo sistema financiero, manejado por el prestamista mayor (el banco de la nación), que administraba a los demás prestamistas.

La carrera por el control de la punta de la pirámide había iniciado. Y el pueblo no tuvo otra alternativa que la de mirar hipnotizado como nacían nuevos imperios, Imperios Económicos.


[i] Cabe anotar que este descontrol se dio más que todo en Estados Unidos, por encima de otros países “desarrollados”. Desde principios del siglo XIX y hasta mediados del siglo XX, Europa, Euro Asia y Asía, estaban envueltos en guerras y conflictos internacionales, momentos de la historia en los que los prestamistas eran perseguidos sin miramientos. Estados Unidos, para esa época, estaba en una etapa de desarrollo, exceptuando el período de la Guerra Civil, sin involucrarse de forma directa en conflictos externos. (Las excepciones fueron ambas guerras mundiales, aunque en ningún momento Estados Unidos fue invadido o sufrió la presencia de tropas invasoras en su territorio, lo que eximió el país de la reconstrucción socio-económica por la que pasó el resto del mundo).
[ii] Cabe anotar que las monedas, en el siglo XIX, eran hechas en oro, plata y metales preciosos. Del precio de este metal dependía el valor de la moneda.  Sólo con la aparición de la banca, comenzaron a utilizarse otros materiales para representar la moneda.

 

 

Los indicios de crisis

El Crack del 29, también conocido como “Lunes Negro”, cuando La Bolsa de Valores de Estados Unidos comenzó una caída libre, fue la primera señal, indicando que la estructura piramidal capitalista estaba errada. En conjunto, los factores como la deuda interna, la externa, los prestamos, la inflación, etc. determinaron la caída. Pero lo que muchos analistas tienden a omitir[i] es que, en ese momento, Estados Unidos era la punta de la pirámide de la economía mundial.

Después de la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos era el único exportador mayorista a Europa. El continente europeo quedó bastante vapuleado después de la guerra y necesitaba de recursos materiales, alimentos, maquinaria, industria y servicios, para reconstruir la sociedad. El problema consistió en que al ser Estados Unidos el único proveedor con capacidad de saciar las necesidades europeas, tenía el monopolio de los precios del mercado, y era el principal prestamista de la época, al entregar su mercancía a crédito. 

Pero llegó el momento en que varios países europeos simplemente no pudieron cancelar la deuda. El sistema económico interno de Estados Unidos colapsó, ya que los mismos proveedores pedían préstamos a los bancos, para hacer su producción y no pudieron cancelar a tiempo. El efecto “bola de nieve” no se hizo esperar. Despidos al por mayor, quiebra de compañías, etc. Muy pocos bancos se salvaron. ¿Cuáles? Los que tenían el control del dinero y de los intereses… La punta de la estructura…

¿No les recuerda el efecto de las pirámides financieras de hoy? 

Pero Estados Unidos no aprendió la lección. Su época de la bonanza económica comienza al finalizar la Segunda Guerra Mundial. No tengo que señalar el estado en que quedaron los países directamente envueltos en el conflicto. Nuevamente, el único país que estaba en capacidad de suministrar maquinaria y productos de primera necesidad, fueron los norteamericanos. De nuevo, ya sea por suerte o por azar, los bancos norteamericanos se posicionaron en la punta de la pirámide financiera.

No obstante, el recuerdo del Crack del 29 actuó por sí solo como ente regulador en la economía estadounidense, así como en los préstamos. Se crearon figuras representativas, sin pertenencia específica a un país, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Reserva de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). 

Empero, hubo un error significativo en la creación de estas instituciones. La sola figura de no pertenencia, convertía a estas entidades en algo especial. Tan sólo háganse estas preguntas:

  1. ¿De dónde provienen los fondos del FMI o del BM?
  2. ¿Cómo la ONU financia el sinfín de actividades económicas, si la ONU no produce para la economía mundial?
  3. ¿Dónde y a nombre de quién está el dinero que supuestamente tienen estos organismos financieros?
  4. ¿Quién regula estas instituciones? 

Nuevamente nos encontramos ante figuras dictatoriales del sistema económico, ahora mundial, y sin un representante claro que responda por sus acciones. La crisis económica de hoy es responsabilidad directa de estos organismos, por “ayudar” económicamente a países necesitados, exigiendo a cambio control de entidades estatales y condicionando la economía de tal forma que sería imposible para los deudores finiquitar el préstamo, por la usura impresionante que imponen estas entidades.

Esto permitió al segundo escalafón de la pirámide, el bancario, el hongo de la esquina, extenderse por toda la pared de la estructura financiera mundial. Convirtiéndose en entidades multinacionales, imitando al FMI y BM, sin responsables claros de sus acciones. 

El efecto “bola de nieve” había comenzado.

El mes de septiembre de 2008, fue simplemente cuando los “dueños” de la pirámide se dieron cuenta que la “bola de nieve” no se podía detener…


[i] En ese momento de la historia el concepto de globalización no era conocido y la economía aun se analizaba desde el punto de vista nacional. Las relaciones económicas internacionales eran consideradas como efectos secundarios, pero que no afectarían de manera directa y crítica el capitalismo nacional.

 

La pirámide “legal”

Cualquier persona criada en el sistema financiero capitalista, es enseñada a buscar el beneficio, el lucro, la utilidad; usando el colectivismo en pos del individualismo. Esta libertad es la esencia misma de la democracia y la justificación perfecta para los bancos.

Es claro que la economía mundial se convirtió en propiedad privada de las multinacionales; azuzadas, controladas y justificadas por el FMI y el BM, bajo el paternal consentimiento de la ONU. Esto equivale a decir monopolio. Pero, ¿no les recuerda esta situación a Estados Unidos, justo antes del Crack del 29? Curiosa coincidencia, pero es cierta. 

La estructura monopolizada de los bancos es terrorífica. ¿Recuerdan cuando hablamos de los intereses? Con el monopolio económico en la manga y el control de las entidades gubernamentales de los países deudores, los bancos son los que crean las reglas.

¿Cómo son los préstamos hoy? 

En Colombia, si yo deposito dinero en el banco (le presto mi dinero al banco), me pagan el 4% de interés anual. Si es el banco quien me presta, el interés está entre el 24% y 32% anual. La diferencia es del 600%. ¿Acaso esto no es un interés exagerado? ¿Acaso no es una captación masiva de dinero con interés excesivo? Y eso sin tener en cuenta que tengo que pagar el seguro del préstamo, el uso de la tarjeta (que a uno lo obligan a usar) y el uso del cajero automático, entre otras cosas. Claro está, excluyendo los impuestos que cobra el Estado, directamente a los usuarios, a través del sistema financiero, libremente  obligatorio.

Muchas protestas se han dado en contra de la acción proteccionista de los diferentes gobiernos hacia sus bancos. El malestar del pueblo es general, ya que cualquier estado protege y protegerá a las entidades financieras, por encima de las de la nación. La respuesta al por qué la dio (obviamente sin querer) el presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, al hablar de las utilidades de las entidades financieras “oficiales” en Colombia. Según el presidente, estas entidades pagan el 43% de sus utilidades en impuestos[i]… 

¿Imaginan la astronómica cifra que esto representa?

En otras palabras, prácticamente los bancos pagan la nómina del gobierno, cuando este debería estar en la capacidad de no depender de ellos. Lastimosamente, son pocos los estados que tienen control sobre las materias primas y recursos de su respectiva nación[ii]. Los bancos y multinacionales son “dueñas” de algo que debería pertenecer al Estado. 

¿Acaso esto no es una pirámide?

Regresando a la relación Banco – Ser Humano[iii], son evidentes los extremos monopolistas en cuanto al valor que se le da al dinero del banco y al de las personas. Por ejemplo, si el banco exige, a cambio de un préstamo, como garantía un bien inmueble, fiadores, firmas de terceros, etc. ¿qué garantía podemos exigir al banco, cuando les prestamos nuestro dinero? Ninguna. 

La ley, hoy por hoy, nos obliga a utilizar los bancos. No hay forma de evitar este robo legal, ya que los hongos en la esquina húmeda se convirtieron en una masa amorfa que cubre la pared entera y no permite el paso de luz o agua, ahogándose en su propia materia putrefacta, y llevándose consigo a todo aquel que quedó atrapado dentro del sistema. Si el Estado interviene a los Bancos, quiebra; causa que movía a los reyes de antaño a hacer lo que los prestamistas quisieran. Si los hombres nobles se levantan en contra de los Bancos, serán intervenidos por el Estado, además de que no formarán parte de una economía globalizada y por ende, morirían de hambre, como mendigos; ese miedo los obliga a hacer lo que los Bancos y el Estado dicten.

Y el pueblo… 

Bueno, el pueblo, como en la época antigua, no tiene derecho ni a voz ni al voto en este asunto. Si protesta, lo calman ya sea con promesas falsas o la fuerza pública. O les ponen a una marioneta por gobernante, quien será el que asuma al final las culpas.

El sistema piramidal funciona a la perfección:

  1. El dinero del pueblo entra a las arcas financieras, casi por obligación.
  2. El dinero del pueblo no tiene el mismo valor que el de los bancos.
  3. Los bancos obtienen lucro, especulando con lucro ajeno.[iv]
  4. Ganan hasta el 1000%[v] sobre el dinero recibido en diferentes operaciones: prestándolo otros (o a los mismos que lo consignaron), especulando en las Bolsas, etc.
  5. Devuelven el 4%, quedando con el 996% de beneficios “legales”.
  6. Los bancos obtienen ganancias trillonarias (el cuádruplo de los porcentajes que ofrecen las pirámides financieras “ilegales” a las personas).
  7. Los bancos “mantienen” a los gobiernos, a manera de impuestos.
  8. Los bancos se apropian de las utilidades obtenidas con dineros ajenos (del pueblo).

[i] Pero este porcentaje corresponde a las utilidades “brutas”. Cuando una persona jurídica presenta su declaración, las utilidades son “netas”. Es decir, ya se descontaron los impuestos.
[ii] Esta característica es dolorosamente visible en los países endeudados con el BM, el FMI y la ONU.
[iii] Deliberadamente evito las palabras “usuario” y “cliente”, ya que por medio de estas etiquetas las entidades financieras convirtieron una relación prestamista equivalente, entre los seres humanos y los bancos, en “servicios” que prestan ellos, como si nos hicieran un favor.
[iv] Es decir, obtienen beneficios y porcentajes exagerados al especular con los préstamos que a ellos les hacemos.
[v] Como ejemplo, un cheque de gerencia cuesta al banco COL$200 (US$0,08), pero le cobra al usuario, por el mismo cheque, COL$7.500 (US$3,24), lo que equivale a una ganancia del 3.750%.

 

 
 
 
 

La pirámide “ilegal”

El pueblo, cansado de esta forma de abuso legal (vigilada por los estados y aprobada por los “hombres de bien”), busca una salida de la ratonera financiera en la que lo metieron a la fuerza. Cualquiera buscaría una salida al ver que sus ahorros desaparecen, en lugar de crecer.

Esto es aprovechado por personajes, cuyos escrúpulos no analizaremos en este artículo, que tienen experiencia bancaria o en la bolsa, o simplemente son personajes que creen que si las entidades financieras pueden obtener beneficios inimaginables, es posible robarse unas migas del pastel general. 

Fundan sistemas de captación masiva de dinero (lo que los bancos llaman, en el lenguaje de ellos, cuentas de ahorro), prometiendo intereses superiores a los “autorizados”). Cualquier ser humano con un par de neuronas en el cerebro se dará cuenta que en el banco siempre pierde plata, así que es mejor prestarla a otros, que ofrecen pagar intereses por ella.

Invierten en las pirámides y al principio estas funcionan. Los primeros comienzan a percibir altos rendimientos (lucro), por el dinero prestado, los que manejan el dinero también se benefician, y más personas comienzan a invertir ese dinero (que por ley y derecho del gobierno y de los bancos, pertenece y debe estar únicamente en los bancos) en la pirámide “ilegal”. 

¿No obstante, qué tiene de ilegal un sistema igual al de los bancos? La única diferencia radica en los intereses que percibe el prestamista, ya que el sistema es idéntico.

Las migas que se escurrían de las manos de los bancos y el sistema financiero, se convierten en tajadas. Es en ese momento que el gobierno aplica la ley de la “ilegalidad”, forzado por la mano que le da de comer. Las consecuencias… A nadie importan… 

Hay que ser equilibrado y decir que la mayoría de las pirámides “ilegales” lo son en realidad. Son personas inescrupulosas que aprovechan el descontento del pueblo para con los bancos y crean compañías temporales, recopilan sumas de dinero “respetables” para el público, pero insignificantes a los ojos de los banqueros, y huyen con él, dejando a los inversores con los “crespos hechos”.

¿Y el pueblo? 

Andando de un lado para otro, buscando el milagro que convierta “dos peces y cinco panes” en, al menos, lo suficiente para alimentar a la familia. Y dándolo a los bancos, a las pirámides, a los especuladores y usureros, quienes saben la ecuación legal para quedarse con él y dejar al pueblo sin peces ni panes.

 

A modo de colofón

El Espectador, diario colombiano, anunció el 29 de septiembre de 2008 que el sistema financiero colombiano obtuvo ganancias, durante el mes de agosto del mismo año, por un valor de COL$8,6 billones (US$3.660)[I]. Una cifra astronómica, considerando que es el lucro de un solo mes.

Colombia es un país que tiene aproximadamente 44 millones de habitantes, de los cuales 23 millones están por debajo del índice de pobreza, más de 7 millones son indigentes, y el índice de desempleo es del 12%. Haciendo sumas burdas, vemos que 30 millones de habitantes (68,18%) no están ni remotamente cercanos al aporte económico en el desarrollo del sistema financiero. 

Surgen interrogantes, entonces, respecto a esas utilidades exageradas del sistema financiero, siendo imposible desligar su parecido a una pirámide “ilegal”:

  1. ¿Con el dinero de quién se obtienen esas astronómicas ganancias?
  2. ¿Por qué el sistema financiero no cancela la deuda externa del país?
  3. ¿Si hay tanto dinero, por qué hay tanta pobreza?
  4. ¿Si hay tanto dinero, por qué hay indigencia?
  5. ¿Si hay tanto dinero, por qué hay injusticia social?
  6. ¿Si hay tanto dinero, por qué los intereses de las cuentas de ahorros son miserables?
  7. ¿Si hay tanto dinero, por qué hay crisis financiera en el país?
  8. ¿Si hay tanto dinero, por qué el estado no invierte en el agro y el campo?
  9. ¿Si hay tanto dinero, por qué hay hambre y guerra?
  10. ¿Si hay tanto dinero, por qué el Estado colombiano debe “renegociar” la deuda externa, en lugar de cancelarla de una sola vez?
  11. ¿Si hay tanto dinero, por qué la nación está obligada a humillarse ante Estados Unidos por ayudas económicas?
  12. ¿Si hay tanto dinero, por qué Colombia ruega por un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos? 

Todas esas preguntas tienen una respuesta: el sistema financiero es piramidal, y el retenedor del dinero del pueblo, es quien está en la cúpula de la pirámide y controla la economía nacional.

Es una demostración de que la pirámide ya superó al gobierno y controla y dicta leyes en su propio beneficio, destruyendo sin miramientos a la competencia y hundiendo a los que tratan de levantarse. 

El hongo en la pared se extendió por toda la casa. Tapió las puertas y ventanas. El pueblo, atrapado en una podredumbre económica, es esclavo de la economía, incapaz de solventar la situación. Su elección es poca: muerte por inanición o bajar la cabeza.

El gobierno no quiere hacer algo para solventar la situación. El sistema piramidal necesita de capataces que se aseguren de que el pueblo siga siendo esclavo económico y no levante cabeza. 

La crisis económica mundial no está sucediendo. Ya sucedió. Hace décadas. Lo que pasa es que quien la sufrió y sigue sufriendo es el pueblo. Tan sólo que ahora la pirámide está cayendo a pedazos, efecto de su propia inflación.

Y los que ocupan la cúpula se sienten preocupados… 

Se vuelven más agresivos…

Destruyen a la competencia de forma descarada y cínica, convirtiendo a las Naciones en “Departamentos Comerciales” y a los Presidentes en “Administradores”… 

“Los ricos son más ricos y los pobres son cada día más pobres”, frase que se oye cada vez más, día a día. Frase cierta, pero le faltaría un complemento: “Y los ricos son cada día menos y los pobres, cada día más” ya que los ricos que controlan la ley, se las ingenian para destruir a la competencia en un capitalismo (canibalismo) salvaje.

Margaret Mitchell[II] definió este canibalismo de manera certera, a través del personaje de Rhett Butler: “Hay dos formas de hacer dinero: una rápida y la otra lenta. La primera, cuando un país se destruye; la segunda, cuando se construye[III]

Sólo nos falta ver quién se convierte en Gerente General, Dueño y Señor del emporio económico llamado Tierra. 


[I]Sistema financiero alcanza ganancias por $8,6 billones”. ElEspectador.com. 26 de septiembre de 2008. Consulta realizada el 27 de noviembre de 2008.
[II] Margaret Mitchell (08/11/1900 - 16/08/1949) Escritora estadounidense. Autora de la novela “Lo que el Viento se llevó”.
[III] “Lo que el viento se llevó”. Margaret Mitchell. 1936. Estados Unidos.

 
 
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