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Y el ángel, se queda allí mirando; con su corazón echo trizas. Solamente viendo como se marchaban a un mundo inhóspito y solo. Lentamente giro y miro hacia la luz que provenía de lo más alto del cielo y sin decir una palabra pero con una lágrima preguntó:

- ¿Por qué?

- No llores es lo mejor para ellos, aunque no lo entiendas ahora. Así tiene que ser.

- ¿Por qué? Dime ¿por qué, los mandaste a un lugar de sufrimiento, acaso lo que hicieron fue tan grave como para eso? ¿Acaso no los podías perdonar?

En ese momento hubo silencio y el momento entre la pregunta y la respuesta se hizo eterno.

- Cuando el universo entero nació y después este mundo con todo lo que ves en él, me sentí satisfecho. Poco después decidí hacer mi gran obra y de allí viene el ser humano con toda la capacidad que yo mismo tengo de crear. Lo traje al paraíso, para que viera la belleza y la felicidad.

- ¡Para después quitársela!

- No... No fue para eso, fue para que después la buscaran, tal cual como ya la habían conocido. Era mi plan desde el principio, que ellos tomaran de ese fruto, por eso lo puse allí en todo el centro, yo sabía lo que sucedería.

Terminó de hablar y se quedó en silencio, dándole tiempo al ángel para que comprendiera lo que le acababa de decir

- El ser humano- prosiguió - es mi mas grande creación por que es él que terminará mi trabajo. Todo lo que ves fuera del paraíso, esta incompleto, es tarea del hombre y la mujer terminar lo que empecé. Por esa razón, hoy los he mandado allí.

- ¿Pero... y si no tienen la fuerza suficiente para hacer lo que tú esperas?

- Sé que la tienen, además nunca estarán solos, ustedes habitarán siempre con ellos, y yo... no los dejaré caer de mi mano. Al fin y al cabo, eternamente serán mis hijos y creo tanto en ellos que les he dejado en sus manos el mundo entero. Por esta razón, los he sacado del paraíso, ¡No como castigo! Al contrario; es por confianza, por que creo en cada uno de ellos y en cada uno he dejado la capacidad de amar, de caer y aun así levantarse, de soñar y poderlo realizar y muchas más virtudes, es ahí en donde están hechos a imagen y semejanza mía.

El ángel, nuevamente fija su mirada en aquel hombre y aquella mujer, no pudo evitar las lagrimas, pero después; vio el suelo por el que ya habían caminado y se dio cuenta que no era el mismo suelo, ahora era un sendero... un nuevo camino.

 

 Jhon Alvear Arcos Sanchez

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