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Siendo muy pequeña Violeta escuchó de sus padres y otras personas mayores que cuando perdía un diente debía colocarlo debajo de la almohada y en la noche el ratoncito Pérez se lo llevaría y a cambio le dejaría un premio; por lo general un billete o algo que a ella le gustara.

Jamás falló el ratoncito Pérez en su labor de llevarse el diente y dejar el premio, y así pasaron los años de dentición. Lo que no sabía Violeta era que su madre sentía pánico por los ratones, y un día, en que la niña no estaba, apareció uno en la cocina y, ante los alaridos de terror de la señora, su esposo mató el ratoncito a escobazos.

Estaban pensando que hacer con el cadáver del roedor cuando llegó la niña del kínder y vio el ratoncito muerto. De inmediato pensó que era su amado ratón Pérez, el de los dientes y lloró y gritó y alzó el animalito…

Pasaron los años y ahora es la doctora Violeta Adler Wickman, bióloga, con especialización en roedores, con Maestría en ratas y ratones y defensora de estas especies.  Si no me creen pueden buscarla en Facebook.

Edgar Tarazona Angel

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