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-No, estoy por salir de aquí

-...

-Conozco un bar aquí cerca y las manchas de café se pueden quitar con agua mineral...

-Es medio día...

-¿Hay hora mejor?, ¿vamos?

Dejé un billete sobre la mesa y me adelanté a tu paso. Algo podría salir. Olvidé mi pantalón y te esperé a cincuenta metros. Me descubriste y fuiste hacia mí, el corazón se agitaba duro y acompasado, acompañaba cada paso tuyo. Tú con tu bolso bajo el brazo, tú con el ondular de tu cadera, tú con el movimiento de tus senos: tú; yo: con un par de servilletas mojadas en los bolsillos y un pedazo de papel con tu escrito. Quisiste decir algo pero ya no te dejé, puse mis manos en tu rostro y te besé con rapidez en los labios; diste un paso atrás. Pregunté por el bar, y tú: ¿Queda lejos tu piso?

Aunque sabes la historia completa, quisiste que yo dejara de testigos a los amabilísimos (y también a los silenciosos) lectores; cuando te hablé de esta crónica que me ayudas a hacer reíste mucho y estuviste de acuerdo en ser una lectora más; decías que sería interesarte mirarte a través de mis ojos. Así que aquí me tienes, poniendo los trozos de esta historia que comienza.

Estás aquí con el cabello húmedo, con el pie izquierdo sobre el asiento de la silla, del otro lado de mi mesa, sin ropa por debajo de mi bata de felpa; seguramente con el sexo escurriéndome ¿Querrás que siga con la historia del día de ayer? Ayer no acaba, tú lo sabes, hemos vivido un día muy largo. Escribiré de lo que siga, escribiré hasta con el corazón sangrando... sé que te irás... mientras lee tu propia vida que sale de mis manos.

 

El que escribe mientras tú miras: ErosWolf

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