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Abro el periódico y leo “crisis mundial en el mercado laboral “. Este mensaje, expresado de distintas maneras, se reproduce en casi todos los medios de comunicación.

Hay cientos de definiciones de la palabra mercado, a los efectos de lo que pretendo expresar, elijo una “En un sentido mas amplio, el mercado es el conjunto de todos los compradores reales y potenciales de un producto, por ejemplo, el mercado de los autos está formado no solamente por aquellos que poseen un automóvil sino por quienes estarían dispuestos a comprarlo y disponen de los medios para pagar su precio”.

Entonces ingenuamente pregunto en voz alta ¿que clase de producto soy?

O bien ¿que tipo de servicios puedo ofrecer?

“Hubieras terminado la carrera de medicina y no estarías preguntando semejantes tonterías “, responde mi hermano Javier, siempre atento sabelotodo. Yo sin trabajo, me sigo preguntando por donde es la ruta. Suponía que todo había nacido en la época del trueque. Yo tengo esto y te lo cambio por aquello que necesito.

Pero no. Soy un producto que debe venderse ( con lo cual declino mi libertad ) a otro hombre o mujer para obtener el alimento. Dispuesto a darme una oportunidad comienzo a analizar. Escribo en un papel : Hacer estudio de mercado, estudiar mi competencia, analizar los canales de distribución ( me tengo que distribuir ? ), desarrollar un plan de marketing y publicidad ( eso, eso, debo publicitarme ¡¡¡ ). - ¡ pero soy un producto que debe venderse ¡ insisto. -Javier me responde : quédate tranquilo a vos nadie te va a comprar, no tienes nada que interese. -Es que yo no quiero que me traten como un producto, soy un ser humano hermano, le respondo.  -Eres un tonto, que escribe una música que no entretiene, ni sirve para un curriculum, me responde. ¡ que buena palabra currículum ¡ , suena bien, parece latín, me digo. Me tengo que poner al día . Tomo de la biblioteca un libro al azar y me siento en el sillón a leer un poco para salirme de esta maraña de cosas sin sentido. Leo el título , El horror económico, Viviane Forrester, edición 1997. ¡ justo esto vengo a tomar ¡. Miro la contratapa donde se resume el escrito que me deja atónito : Vivimos en medio de una falacia descomunal. Se dice que la extinción del trabajo es coyuntural, cuando en realidad el conjunto de los seres humanos es cada vez menos necesario. El concepto del trabajo y por ende del desempleo carecen de contenido. El libro me atrapa y lo leo en un par de horas. Confirmo la sospecha que soy una cosa. que no tengo lugar, que el Council on Foreign Relations existe y actúa y que no me queda otro camino que hacer el estudio de mercado.

Enciendo el televisor, para distraerme y es imposible, todos los canales repiquetean lo mismo. Desde que explotó el bingo en Wall Street, pareciera que la orden es transmitir miedo. Porque no hay tema que no de un mensaje de miedo. Miedo a dejar de ser esclavo, miedo a la gripe porcina, pandemia , miedo, miedo.

Que extraño resulta todo. Se descubre la gran estafa y luego el miedo. El miedo a perder el sustento, y lo mas eficaz,  miedo a la muerte. Y en nombre de ese miedo, todo está permitido diría Iván Karamazov.

Sin haber conseguido un canal de distribución para mi persona y con mas temor del que tenía me senté a tocar el piano, mientras las voz de Javier se escuchaba cada vez mas lejos, él también intentando alimentar la cobardía.

 

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